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title: "La Ciencia Tiene Nombre de Mujer: Lía Ramírez, \"Hacer Ciencia desde las regiones extremas”"
article_type: "Article"
description: "El desierto y la Antártica pueden parecer opuestos, pero para la científica iquiqueña, doctora en Ciencias Biológicas, mención en Microbiología, ambos territorios comparten una misma esencia: la resistencia. Desde los microorganismos que sobreviven a condiciones extremas hasta las mujeres que abren camino en espacios académicos, su historia combina investigación, arraigo y una mirada crítica sobre cómo se construye la ciencia desde contextos adversos."
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date_published: "2025-12-08T21:00:00-03:00"
date_modified: "2025-12-07T17:47:56-03:00"
tags:
  - "Carrera Científica desde el Norte"
  - "Docencia Bioinformática"
  - "FFMCS2025"
  - "Liderazgo Femenino Investigación"
  - "Mujeres en Ciencia Regiones"
  - "Resiliencia Científica"
category_name: "Ciencia y Medio Ambiente"
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# La Ciencia Tiene Nombre de Mujer: Lía Ramírez, "Hacer Ciencia desde las regiones extremas”

![Mesa de trabajo 1Lia](/download/multimedia.normal.8437488a3faa1470.bm9ybWFsLndlYnA=.webp)

Lía siempre sintió curiosidad por lo invisible. Desde niña le fascinaba la genética, y ese interés la llevó a Santiago con una beca para estudiar Ingeniería en Biotecnología Molecular en la Universidad de Chile. “Me fui porque aquí no existían esas oportunidades, pero siempre quise volver”, recuerda.

Durante doce años vivió en la capital y luego en Punta Arenas, donde desarrolló investigación antártica. Allí estudió a los líquenes, los cuales son organismos que combinan hongos, algas y bacterias capaces de resistir temperaturas bajo cero, radiación y sequedad extrema. “Me interesaba entender cómo logran ser tan resilientes… son súper organismos, fijan nitrógeno, hacen fotosíntesis mientras sobreviven al frío y al calor”.

> **“Entendía las variaciones del clima, sabía cómo respira la Pampa. No lo aprendí en un paper, lo viví”**

Desde ahí su mirada científica estaba muy presente en su historia personal, ya que la comprensión de los ecosistemas extremos fue delineando su campo de estudio: la ecología microbiana, un área que hoy desarrolla desde la Facultad de Recursos Naturales Renovables de la UNAP en el Laboratorio de Genómica de Ambientes Extremos.

Regresó a Iquique en 2023, postulando a un concurso para docencia en la facultad. Sobre esto último, recuerda entre risas: “Para mi entrevista de trabajo leyeron mi currículum y me dijeron: ‘¿por qué alguien que hace ciencia antártica se quiere venir a Iquique?’ Y lo primero que dije fue: ‘es que soy iquiqueña’. Y me dijeron ‘¡ah!’, es que no habíamos leído ese detalle. Desde ahí nadie más me cuestionó nada. Para mí es súper potente, porque la investigación —sobre todo siendo ecóloga microbiana— fluye mucho más cuando conozco el ecosistema”.

Sobre sus reflexiones al regresar a Iquique, comparte: “Volver ha sido cerrar un ciclo y entender mejor el ecosistema al que pertenezco”. Desde entonces, su trabajo se centra en el estudio de microorganismos asociados a los viñedos de la Pampa del Tamarugal, dentro del proyecto “Vino del Desierto”. Su investigación busca comprender cómo las levaduras del suelo y de la uva influyen en el sabor, aroma e identidad de los vinos del norte.

![Foto Lía Ramírez](/download/multimedia.normal.8e814a3ad3b45d24.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

## Mujeres que abren camino

Volver a su ciudad natal trajo consigo otro desafío: ser una de las pocas mujeres investigando en torno a su disciplina. A pesar de ello, su compromiso con la docencia y la investigación no se detiene. “Para mí ha sido un sueño estar en mi región haciendo ciencia. Siento la responsabilidad de abrir caminos (...) Hay investigadoras iquiqueñas por todo el mundo y eso trato de transmitir, que se puede”.

Desde sus clases en bioinformática y biología molecular comparte a sus estudiantes —especialmente a las mujeres— que es posible desarrollar una carrera científica desde regiones: “Quiero que mis estudiantes sepan que pueden llegar lejos, incluso desde el norte. La ciencia necesita miradas distintas y más femeninas, porque los ecosistemas también se entienden desde la empatía y la colaboración.”

Con dos hijos pequeños y una agenda de investigación activa, Lía equilibra su vida con la misma resiliencia que observa en los microorganismos que estudia. “Ellos se adaptan, prosperan en ambientes difíciles. Yo también. Hacer ciencia desde el norte, ser mujer y madre, es resistir. Pero también es florecer.”

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Suplemento: La Ciencia Tiene Nombre de Mujer

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