
En la mañana, bien temprano, salían los iquiqueños para instalarse en la oficina salitrera Santiago Humberstone, para disfrutar de los juegos criollos, todos los años. Un millar de personas encandiladas con el sol de la pampa y con la alegría que manaba de los más pequeñitos. No pudo ser esta vez, pero los recuerdos siguen vigentes.






