
Tras observarlas con detención, uno no puede sino concluir que las flores del desierto se han adaptado de tal forma a su hábitat, que la belleza es sólo un aspecto de lo que nos conmueve. Por estas razones debe ser que Felipe Orrego se enamoró de ellas. Y las ha fotografiado desde hace décadas. Por eso debe ser que nos regaló uno de los libros más hermosos que han circulado en la región de Tarapacá en los últimos años: “Flores del Norte Grande”.






