
La queñoa: el árbol que toma las estrellas con sus ramas

Los bosques de queñoas se ubican en ambas vertientes de la cordillera de los andes entre las montañas de Bolivia, Chile y Argentina, distribuyéndose ampliamente en las laderas de los volcanes entre los 3900 y 4700 metros sobre el nivel del mar, y algunos individuos aislados pueden encontrarse incluso hasta los 5200 msnm en el parque nacional Sajama de Bolivia. Dadas las extremas condiciones climáticas de su entorno, soportando temperaturas que pueden llegar a los 30 grados bajo 0, su crecimiento es muy lento, dependiendo de la temperatura y precipitaciones, creciendo solo un par de centímetros al año. Se han identificado árboles que pudieran superar los 700 años.
El árbol de queñoa (Polylepis tarapacana), es el árbol que crece a mayor altura geográfica en el mundo, y mide entre 1 a 3,5 mt de altura, y eventualmente hasta los 8 metros. El diámetro promedio de su tronco adulto es de 60 cms. Es un árbol siempre verde que posee tallos leñosos, con hojas que se forman a cada lado de forma asimétrica. Sus flores son muy pequeñas de color rojizo blaquecino y radialmente simétricas, y frutos espinosos que poseen la semilla. El rasgo mas distintivo es que su corteza posee numerosas capas de finas láminas de intenso color rojizo, similares a un papel muy delgado, las cuales se deprenden fácilmente al tocarlas. Esta corteza laminada funciona como un aislante térmico contra las heladas.
En la región de Tarapacá, es posible conocerla por ejemplo en los alrededores del volcán Isluga, junto a la vegetación endémica y arbustos como la yareta, entregando hermosas imágenes coloridas del paisaje altoandino junto a los volcanes, iglesias y asentamientos precolombinos.
El árbol de la queñoa ha sido testigo privilegiado de la ocupación humana de la alta cordillera, desde sus primeros habitantes cazadores. Fue utilizada desde la antigüedad como combustible en los primitivos fogones en el contexto de la movilidad y alimentación interandina, ya que en sus entornos se favorece la vida de tarucas, camélidos, zorros y roedores. También fue utilizada como leña en contextos de rituales en adoratorios de altura, encontrándose restos, por ejemplo, en el sitio PAL8 del volcán Palpana, a 5627 metros de altura o en el sitio PAL7 del volcán Miño, a 5000 msnm.

En la construcción de las antiguas casas tradicionales aymaras, por ejemplo en Enquelga y tambo de Zapahuira, es posible observar el uso de troncos de queñoa como vigas, dispuestas en forma de dos aguas. La antigua iglesia de Parcohailla, conformaba su techo con barro, paja y queñoa, como la mayoría de las iglesias altoandinas.
En la medicina tradicional del altiplano, se encuentran relatos sobre su uso en infusiones para dolores reumáticos y de presión. En la actualidad, es posible verificar estudios científicos sobre los efectos diuréticos de los extractos acuosos de hojas y corteza.
A partir de la época colonial, el uso intesivo de la queñoa se intensifica, y durante los siglos XIX y XX,, sufre una fuerte explotación como combustible para faenas mineras industriales y semiindustriales y para la elaboración del carbón, el cual es utilizado en hornos de fundición y locomotoras. En Bolivia, en 1939, en un hito visionario para la conservación ecológica del altiplano y cordillera, se promulga la formación del parque nacional Sajama, con la intención de proteger los bosques de queñoa. En 1967, se crea el área silvestre protegida del volcán Isluga en Chile.
Hoy la especie está catalogada como vulnerable en Chile, y en riesgo de extinción en Perú. Para el último estudio publicado por la Corporación forestal en Chile, que data del año 2000, se señala que quedaban entre 5 mil y 6 mil ejemplares de queñoa de altura. Iniciativas como la plantación de 210 árboles en el sector Altos de Belén en Arica, han tratado de revertir esta situación. La importancia de la conservación natural de estos bosques es fundamental, ya que no solo está asociada a la existencia numerosas especies de fauna andina y su ecosistema, sino también a la historia e identidad de los habitantes del norte de Chile.


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