
La Ciencia Tiene Nombre de Mujer: Viviana Moreno, "hay que ser rebelde, en el buen sentido de la palabra"

Esta joven colombiana confiesa que nunca tuvo la idea de hacer un postgrado. Pero, añade, “después que salí de Química, en Cali, Colombia, me gané una beca -en una escuela de verano en la Universidad Católica, en Chile- y quedé encantada: buenos laboratorios, gran infraestructura, excelentes profesores, mucha innovación. Y ahí dije, me quiero quedar. Para investigar, para hacer ciencia. Así hice el doctorado en Química, para después hacer un postdoctorado en la Usach. Tras algunos años decidí postular a la UNAP y así es como me hice iquiqueña”.
Aunque tuvo “mucha incertidumbre respecto al desafío que significaba un doctorado, me di cuenta que sí se puede. Hay que meterle esfuerzo, hay que meterle ganas, pero sí se puede. En mi doctorado desarrollé un prototipo de biomaterial para aplicación en celdas solares; utilizábamos biopolímeros extraídos de conchas de crustáceos y vimos que, a partir de eso, podíamos desarrollar un biomaterial para dispositivos electrónicos”.
Me cuestionaban; no porque no me vieran capacidades para hacerlo, sino porque la ciencia en toda Latinoamérica es muy poco valorada.
Viviana señala que siempre tuvo el aliento de sus profesores y en especial del profesor de Química de su colegio, pero después, cuando decidió emprender una carrera en la ciencia, sintió signos de alerta en el entorno. “Me cuestionaban; no porque no me vieran capacidades para hacerlo, sino porque la ciencia en toda Latinoamérica es muy poco valorada. Y, desde el punto de vista de género, sí hubo profesores que me desmotivaban: usted no ha pensado pasarse a otra carrera”, me decían.
Afortunadamente, esa etapa la pudo superar con creces y ahora, además de académica, es investigadora de la Facultad de Ciencias de la Salud. “Estoy enfocada a la aplicación en biomedicina: me dedico al desarrollo de biomateriales que tengan aplicación en dispositivos médicos. Por ejemplo: un catéter antimicrobiano que puede ser hecho de nanopartículas, para evitar inflamación o infecciones”.
Otra área de trabajo, nos comenta, es con la regeneración de tejido óseo. “Aquellas personas que pierden piezas dentales, por ejemplo, la idea es que puedan recuperarlas con este desarrollo científico. En el caso del cartílago, ya se ha hecho. Se ha visto que las ratitas recuperan su cartílago y todo. En eso estamos trabajando en el laboratorio”.

PERIFERIA
Un gran cuestionamiento que se hacen los investigadores, en todas partes, es trabajar en ciudades pequeñas, en la periferia de los países “El gran tema es ese. Si de verdad voy a poder hacer mi carrera profesional en una región, sobre todo en regiones extremas. Pero cuando uno llega acá se encuentra con que sí se puede, con más dificultades, pero se puede. Ahora, por ejemplo, esta universidad en particular está creciendo en investigación. Yo lo veo factible y hay un futuro auspicioso”.
Otro problema que enfrentan los investigadores es que las empresas no disponen de recursos para los científicos y todo se hace en las universidades. “El tema es que las empresas trabajan a un ritmo mucho más rápido de lo que trabaja la ciencia. Las empresas esperan productos rápido; un producto tangible que necesitan vender ahora, ya. En investigación no pasa eso. La ciencia requiere de un montón de procesos que no son compatibles con el corto plazo”.
A pesar de los múltiples desafíos que conlleva desarrollar una carrera científica en los países subdesarrollados, Viviana Moreno siente que vale la pena. “Yo les diría a las mujeres que están estudiando y lo han pensado, que no duden en hacerlo. Que se arriesguen. A las mujeres, desde que somos niñas, nos cuesta tomar riesgos. Entonces, yo las insto a dejar ese miedo y sentir que sí son capaces. Que sean rebeldes, en el buen sentido de la palabra”.
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