Investigación paleoclimática realizada en el Santuario de la Naturaleza Estero Derecho, en el valle de Cochiguaz, da cuenta de cómo las condiciones de aridez y humedad se han turnado, a través de diversos periodos, desde hace miles de años.
La obra, que reúne los esfuerzos conjuntos de CONAF y SQM, cumple con estándares de sustentabilidad, criterios de eficiencia energética, uso de energías renovables y está construido con materialidad local.
Aunque el período para la firma del “Acuerdo de Escazú” cerró el 26 de septiembre del 2020, nuestro país tendría la posibilidad de adherir en un futuro próximo, no obstante la negativa a firmarlo, que anunció el Ministro de Relaciones Exteriores, Andrés Allamand. Numerosas organizaciones que defienden el medio ambiente han formulado críticas a la decisión del Gobierno.
La Investigación liderada por el académico de la Universidad Arturo Prat, Dr. Víctor Tello, identificó en Tarapacá una población de ácaros depredadores ampliamente utilizado en el mundo para controlar plagas agrícolas. Su aparente adaptación a condiciones desérticas podría abrir nuevas oportunidades para la agricultura sustentable mundial.
El grupo liderado avanza en la primera reconstrucción completa de un ecosistema triásico en Sudamérica, específicamente en la Formación El Mono (región de Atacama). Entre los hallazgos destacan insectos fósiles completos, restos de plantas, peces y otros organismos.
La doctora Margarita Briceño, académica de la Universidad Arturo Prat, fue la única investigadora chilena convocada como expositora al Taller APEC sobre políticas de seguridad alimentaria.
El “escáner” arqueológico de Tarapacá revela ocupaciones de hace 8.000 años. El proyecto del Departamento de Antropología de la U. de Chile completó su segunda temporada de terreno con hallazgos que reescriben la historia de Pisagua.
La investigación de un especialista de la Universidad Arturo Prat (UNAP) demuestra, mediante imágenes satelitales que integran el conocimiento hidrológico y ecológico local, que el manejo ancestral del agua realizado por las comunidades aymaras favorece la recuperación de los bofedales altoandinos. El hallazgo no solo respalda con evidencia una práctica transmitida por generaciones, sino que abre nuevas oportunidades para enfrentar la crisis hídrica y el cambio climático.