Análisis genético permite conocer sobre la migración de la BALLENA JOROBADA

Ciencia y Medio Ambiente 09 de mayo de 2022 Por CEAZA (*)
La investigación confirmó conexión entre zonas de alimentación en la Antártica y áreas de reproducción en las costas frente a Colombia y Ecuador. Los investigadores consideran que es fundamental desarrollar colaboraciones regionales e internacionales para el estudio de estas especies móviles y tan longevas como los seres humanos que las estudian.
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Las ballenas jorobadas viajan a las aguas cálidas de los trópicos durante el invierno y llegan hasta la Antártica a aguas muy frías en verano.

La ballena jorobada es una especie cosmopolita que tiene poblaciones en tres cuencas oceánicas principales donde recorren diferentes ambientes: Atlántico Norte, Pacífico Norte y el Hemisferio Sur. Para este último, se reconocen seis subpoblaciones que son posibles de diferenciar en base a diferentes técnicas, entre ellas la genética.

Con el propósito de saber más sobre una de estas poblaciones, un grupo de científicos analizó el ADN de ballenas jorobadas que poseen sus zonas de alimentación alrededor de la península Antártica y sus zonas de reproducción en Colombia y Ecuador. Implica un viaje de más de 8.000 kilómetros, la migración más extensa de cualquier especie de mamífero del mundo.

Además de la extensión de las migraciones de las ballenas jorobadas, destaca su periodicidad, la fidelidad a sus áreas, junto con pasar por tantos ecosistemas con diferentes condiciones y temperaturas. “Viajan a las aguas cálidas de los trópicos durante el invierno y llegan hasta la Antártica a aguas muy frías en verano”, indica el doctor Carlos Olavarría, investigador especialista en mamíferos marinos y director ejecutivo del Centro Científico CEAZA.

“En aguas antárticas se alimentan por varios meses y de esta manera, adquieren las reservas energéticas que les permiten realizar sus migraciones a áreas de reproducción tropicales y ser capaces de volver en la migración de retorno a sus áreas principales de alimentación, alimentándose eventualmente en su camino si encuentran alimento”, señala Olavarría.

MUESTRAS DE ADN

La investigación contempló el análisis de más de 100 muestras de ADN, a partir de pequeños fragmentos de piel y grasa de las ballenas jorobadas, tomadas en la costa de Ecuador, Colombia y en la península Antártica. En base a dicho material genético fue posible confirmar y describir en detalle una conexión migratoria entre lugares de reproducción y crianza en la costa Pacífica de Colombia y las zonas de alimentación alrededor de la Península Antártica.

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“El estudio que realizamos proporciona nueva información sobre destinos migratorios de ballenas jorobadas individuales en el Pacífico oriental, basada en perfiles de ADN de muestras de biopsia y piel desprendida”, detalla el doctor C. Scott Baker, investigador de la Universidad de Oregon, y líder mundial en el análisis genético de ballenas jorobadas. “Usamos información genética que permite individualizar cada ballena muestreada, y construir una matriz de información que posibilita identificar a las ballenas jorobadas que regresan a sus sitios de alimentación y reproducción”, agrega el doctor Olavarría.

En este sentido, fue de particular interés la “recaptura” de individuos en intervalos de hasta 20 años, “lo que proporciona evidencia de fidelidad a largo plazo a los destinos, a pesar del presunto aumento en la abundancia de estas poblaciones”, indica el doctor Baker. 

Asimismo, se identificó una fuerte cohesión de esta población de ballenas jorobadas. Así lo recalca el doctor Olavarría al expresar que “estas ballenas están fuertemente emparentadas a través de sus linajes maternos, lo que descubrimos en análisis anteriores a este estudio, y que sugiere que hay una fuerte filopatría hacia estas áreas, regresando la mayoría de las ballenas año tras año a las zonas establecidas para su migración”.

COLABORACIÓN

El análisis de ADN de cada una de las ballenas entrega información valiosa a los científicos, ya que permite individualizar a ejemplares y poblaciones de ballenas, como también, compartir estos datos para que otros científicos puedan seguir investigando, tanto en el presente como en el futuro.

“Los perfiles de ADN representan un marcador permanente de identificación individual, proporcionando la base de un “registro de ADN” que se puede compartir con otros investigadores y que es posible acumular a lo largo del tiempo. En el caso de esta investigación, las primeras muestras se recolectaron hace 30 años. Estas muestras proporcionan un archivo invaluable de ADN que puede continuar aportando a nuestra comprensión de la historia de vida de las ballenas en la nueva era de la genómica”, explica el doctor Baker.

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“El estudio de especies que se mueven a través de grandes distancias, sólo es posible gracias a la cooperación entre científicos de distintos países, muchos ribereños de la misma migración. Un solo grupo de investigación no podría hacer este estudio”, destaca el doctor Olavarría.

Baker coincide con su colega, ya que considera fundamental desarrollar colaboraciones regionales e internacionales para el estudio de estas especies móviles y tan longevas como los seres humanos que las estudian. “Es por esta razón que varios de los autores de esta publicación han contribuido al Consorcio de Investigación de Ballenas del Pacífico Sur, una agrupación que involucra a casi la totalidad de los grupos de investigación que estudian las ballenas jorobadas en esa vasta región”.

(*) Cabe destacar que la presente investigación liderada por la científica Susana Caballero (Universidad de Los Andes), contó con la participación de Debbie Steel (Universidad Estatal de Oregon), Logan Pallin (Universidad de California Santa Cruz), Natalia Botero-Acosta (Fundación Macuaticos, Colombia), Fernando Félix (Museo de Ballenas, Ecuador), Carlos Olavarría (CEAZA), María Claudia Diazgranados (Conservation International), Sandra Bessudo (Fundación Malpelo y otros Ecosistemas Marinos), Ari Friedlander (Universidad de California Santa Cruz) y C. Scott Baker (Universidad Estatal de Oregon).


Especie Jorobada puede 

alcanzar casi 20 metros de largo 

La Ballena jorobada es un cetáceo robusto de 15 metros de largo promedio para machos y 19 metros de largo para hembras y de peso promedio entre 30 y 40 toneladas para ambos sexos con un máximo de 48 toneladas. La Ballena jorobada toma su nombre de la “joroba” que se forma al sumergirse, más adelante de su pequeña aleta dorsal baja y carnosa que puede ser triangular o falcada, ubicada en el tercio trasero de su dorso.

La Ballena jorobada es corpulenta, el cuerpo disminuye rápidamente de espesor en dirección a la cola. La cabeza es ancha y redondeada con la superficie dorsal aplanada. En el dorso de la cabeza y en la mandíbula inferior existen prominentes tubérculos (cototos) distribuidos más o menos al azar.

Las aletas pectorales son muy largas, (5 a 7 metros) pueden medir hasta un tercio de la longitud del cuerpo, son onduladas en el borde anterior y predominantemente blancas por debajo y moteadas blanco y negro por encima. Aleta caudal con una profunda escotadura mediana y lóbulos cóncavos e irregularmente dentados en el borde posterior, marcados en la parte inferior con patrón variable de gris y blanco que hace reconocible a cada individuo en la superficie cuando voltea su aleta al aire al sumergirse.

Posee 14 a 21 surcos ventrales entre las aletas pectorales; estos surcos son muy anchos y llegan hasta el ombligo. La Ballena Jorobada es básicamente negra en el dorso, con coloración blanca que cubre los surcos ventrales.

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