TARAPACÁ: CONSTRUYENDO UNA ECONOMÍA PARA TIEMPOS DE CAMBIO CLIMÁTICO

Economía 20 de enero de 2018 Por Andrés Yurjevic Marshall
En breve tiempo, en Chile emergerá con fuerza un nuevo escenario de desarrollo producto de la descentralización del país. Un poderoso estímulo externo a cada región, que incentivará a que la sociedad política, el empresariado y la ciudadanía se busquen para plantearse un proyecto futuro de desarrollo para esta nueva realidad.
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El manejo de los recursos naturales será clave en la nueva economía

Tarapacá es una de las regiones del país en las que aun su historia y su cultura se pueden palpar, donde  a las prácticas sociales -como los desfiles patrióticos de las organizaciones civiles o los desfiles con motivos de fiestas étnicas o religiosas-, se suman las recreaciones que sus intelectuales hacen de su historia a través de charlas, seminarios, obras de teatro, publicaciones, exposiciones, conciertos musicales, entre muchas otras. Pero, Tarapacá no es solo historia, es además una realidad social en constante mutación que añora un mejor bienestar para sus gentes, y una realidad económica que tiene que superar sus debilidades para mejorar su competitividad. Durante el boom minero reciente, el ingreso por persona aumentó significativamente, activando una  transformación urbana impresionante y ensanchando su economía de servicios, proyectando una imagen de bonanza económica que aceleró la migración hacia ella de personas provenientes de múltiples regiones de Chile y de países latinoamericanos. La verdad es que nuestra región tiene hoy un 37% más de población que en el 2002, y el doble de la que tenía en 1992, alcanzando según el último censo a 324.930 habitantes.

¿Cuál sería entonces el camino a seguir por Tarapacá? Tal vez lo más sensato sea alinear a la economía regional con el esfuerzo que está haciendo esa parte lúcida de la humanidad que intenta avanzar hacia una Economía para Tiempos de Cambio Climático. Para ello, hay que apoyarse en mercados en los que los consumidores privilegian bienes y servicios con contribución ecológica, porque quieren una alimentación saludable. Personas que buscan  nuevos estilos de vida: modernos pero sustentables. Para lograr lo señalado habría que continuar avanzando por la ruta que han abierto los proyectos en marcha orientados a generar energías limpias. Hay que aprovechar la imagen que está proyectando el norte chileno en el mundo en esta materia, sumándole nuevos pilares. El Washington Post ha titulado recientemente en su portada: “Chile, la Arabia Saudita de la energía solar.” Así se evita descansar solamente en Zofri, la minería, el puerto y los servicios, los cuales -se ha comprobado- comienzan a flaquear cada vez que la minería se contrae y el dólar se encarece.   

Entre todas las iniciativas que se podrían considerar, hay varias que vale la pena resaltar.

(1) Una estrategia de turismo sustentable que involucre todo su territorio. Tarapacá no  puede progresar solamente con los recursos que dispone, su economía necesita del aporte de los visitantes a lo largo de todo el año. Sobre turismo la verdad es que se habla mucho, pero se avanza muy poco. Puede ser porque no se sabe cómo diseñar una estrategia consistente o porque se duda de la capacidad local para implementarla o porque se tiene miedo a que queden en evidencia las miserias que padece su capital regional. Siendo la lacra más compleja el nivel de inseguridad ciudadana existente. Otras parecen ser más manejables con una buena gestión pública: el abandono del casco histórico, la ausencia de veredas y la protección de su patrimonio arqueológico y cultural. Pudiéndose  con participación de la ciudadanía organizar la limpieza de la ciudad y su ornato, controlar el flujo de personas en situación de calle, así como el abandono de mascotas, y la apropiación de la playa y el centro de la ciudad por el comercio informal.

(2) Hay que poner  más imaginación a la migración, integrando nuevas iniciativas. Primero, invitando a jóvenes profesionales chilenos a instalarse en la Región, tal como lo han hecho otras zonas del país, como Chiloé, Pucón-Villarrica y Puerto Varas. En general quienes aceptan este tipo de reto son parejas o familias que andan en busca de nuevos estilos de vida, menos consumistas y más asociados con un consumo ético,  que al enriquecer las capacidades regionales permitirían que emerjan emprendimientos de mayor  calidad y sofisticación. Segundo, hay que atraer adultos mayores santiaguinos que quieran radicarse en Iquique y gastar sus pensiones y ahorros en la economía de Tarapacá, porque vivir en ella les significaría gozar un clima benigno y acceder a un ritmo de vida más acorde con esa etapa de sus vidas.  

La atracción que produce Iquique, con su clima e historia y su playa Cavancha, constituyen un punto de partida para atraer turistas que quieran además conocer el ecosistema aymara, su cultura y economía; los oasis y valles de su desierto; así como las rutas arqueológicas, la historia de la minería de la plata y del salitre. Esto permitiría aumentar la cantidad de noches que los visitantes permanezcan en la Región, así como el gasto diario por persona, y proveería una circulación menos estacional de visitantes. Para ello se deben diseñar circuitos para distintas estadías y promoverlos, asegurándose que los servicios sean efectivamente de la calidad y precio a que se difunden.

(3) Promover la llegada de las llamadas Empresas B.  Estas empresas armonizan la búsqueda de la legítima utilidad con objetivos de justicia laboral y ambiental. Son empresas certificadas internacionalmente, muy adecuadas para integrar una economía para el cambio climático. En Chile tienen el estímulo de CORFO y hay trámites adelantados para instalar una banca que apoye a este tipo de emprendimientos.

(4) Avanzar hacia una agricultura sustentable en los pequeños valles y oasis. Una agricultura que genere una oferta de productos orgánicos con denominación de origen capaz de conquistar mercados étnicos, justos y solidarios, que tienden a remunerar mejor a los productores. A la iniciativa que el INDAP nacional está impulsando en materia de agricultura limpia para la pequeña propiedad campesina, Tarapacá debería responder con decisión y liderazgo. Para hacer realidad esta idea hay que crear, con fondos regionales, una alianza entre las organizaciones de pequeños productores agropecuarios y los investigadores de la UNAP que se dedican a promover la transición hacia un desarrollo rural sustentable.

(5) Fortalecer el nivel de asociatividad de las comunidades urbanas. Esto permitiría transformarlas en socias del municipio en la tarea de embellecer la ciudad, y controlar los males sociales ya enumerados. También generar espacios de diálogo ciudadanos que conecten con la inteligencia de las gentes, para que expresen sus sueños, aspiraciones e iniciativas de mejoramiento. Y, ampliar decididamente las capacidades de las mujeres para que puedan organizar y gestionar adecuadamente el mundo que las rodea, aprendiendo a interactuar de manera más eficiente con el Estado, el mercado, la sociedad y el medio ambiente, y así elevar el nivel de vida de sus familias. No hay que olvidar que cuando la voluntad por emprender se basa en ideas realistas y viables, los recursos fluyen hacia ellas.  

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