FIESTAS Micro-Pachakuti en los Andes centrales

Hace aproximadamente veinte años, señala el autor, comenzó a hacer registro fotográfico de una serie de prácticas y eventos en distintas partes de los Andes centrales. En este recorrido, fueron las fiestas las que concentraron su atracción e interés, básicamente, por dos razones: una tiene que ver con su naturaleza y sus pulsiones. La otra, con la preponderancia que este escenario tiene para las personas y comunidades de los Andes centrales. Este extracto, editado por nuestra revista, es una forma de acercarnos a esta interesante propuesta.

Arte y Cultura 21/11/2022 Pablo Mardones (*)
FIESTAS en los Andes centrales - Pablo Mardones 1
Bandolas, tradición del altiplano. Cancosa, altiplano de Tarapacá.

Fotos: Pablo Mardones

El propósito fundamental de dar a luz este libro fue acercar, a través de la fotografía, a quienes por siempre se les ha negado la posibilidad de ser protagonistas de la historia. Nos referimos a las y los indígenas de América Latina, en este caso, a la vasta población de los Andes centrales sudamericanos. El espacio privilegiado fue la fiesta, ya que es en ella donde se condensan los procesos de visibilización y resignificación identitaria.

Este libro está dedicado a tres de las principales naciones de los Andes centrales: aymara, kolla y quechua (quichua o kichwa). Se trata de grupos étnicos que, históricamente, han compartido este territorio común durante el tiempo necesario para ampliar los sentidos de pertenencia hacia las relacionalidades de la región. Conforman, junto a otros grupos, como los kallawaya, uruchipaya y pukina, un complejo de prácticas, costumbres y formas de organización social que los emparenta. Su influencia recíproca y su relacionalidad histórica (Carsten, 2000) han sido tan grandes que conforman una unidad cultural. Esta fuerza en la continuidad hace perder el sentido de definirlas de forma diferenciada. Resulta aquí entonces una cultura común que se expresa de forma compartida.

Hace algunos años, no recuerdo cuantos, comencé a preguntarme por qué elegí la fiesta como espacio relevante de análisis. Aunque no siempre lo fue, desde la adolescencia mi personalidad se volvió muy sociable. Gran parte del tiempo estaba rodeado de amigos, con quienes solía salir “de fiesta” en gregarias dinámicas tribales formando grupos, a veces, enormes. Cualquier pretexto era idóneo para armar una descontrolada bacanal que, mientras más durara, mayor placer concedería.

El potencial de este recorrido fotográfico consiste en que, en la medida en que recorra muchas manos y bibliotecas, se constituya en un aporte a la valoración y al reconocimiento de todas estas personas y comunidades. Si no es así, carece de sentido y razón.

FIESTAS en los Andes centrales - Pablo Mardones 5

“ENFIESTADO”

Hoy, aunque aprovecho la soledad, valoro mucho estar rodeado de personas conocidas y estar con ellas largas horas compartiendo. Analizando estas particularidades propias, comencé a encontrar importantes similitudes con las lógicas y prácticas de los Andes centrales. Sin duda, muchas de ellas fueron reproducidas a través de años de convivir con aymara, kolla y quechua. Cuando salgo a terreno estoy varios días “enfiestado” para después volver a mi casa a la austeridad solitaria del etnógrafo que sistematiza los datos, ordenando y categorizando imágenes. Es un ir y venir vertiginoso con cambios drásticos que van de la efervescencia a una retraída continencia.

Por otro lado, y el motivo principal que ha conllevado esta empresa, la razón más importante del porqué fotoetnografíar fiestas, responde a la cardinal relevancia que este espacio tiene para las culturas de los Andes centrales.

En las fiestas, aymara, kolla, quechua y otros constan de un poder transitorio forjado a través de una lógica ritual colectiva que está basada en la desarticulación de lo subordinado y oculto que durante la fiesta se vuelve jerárquico y manifiesto (Montes Ruiz, 1999). Se trata de un tiempo, en el cual, temporalmente, lo que estuvo abajo vuelve a estar arriba y viceversa. Es por ello que Albó (1999) consideró a las fiestas como pequeños o micro-Pachakuti, concepto que refiere, justamente a un cataclismo que subvierte el orden de las cosas. 

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Peregrinación de la mamita del cerro en el Abra de Punta Corral, Tilcara, Quebrada de Humahuaca, Jujuy, Noroeste Argentino.

CAOS Y ORDEN 

Mientras Pacha expresa tiempo-espacio y, a su vez, la idea de mundo, la raíz kuti, refiere a vuelta o retorno. “Volver a hablar los que se les había quitado el habla, restituir lo quitado, hurtado o prestado, destorcer lo torcido” (Bertonio, 2006 [1612], p. 61). La fiesta, por ende, se constituye en un espacio donde lo establecido es dislocado, un caos que genera orden, el cual durante un lapsus se revertirán temporalmente las matrices imperantes de alteridad (Briones, 1998).

En perspectiva etnográfica, una de las cosas más interesantes de las fiestas es que, a través de ellas, es posible entender los procesos sociales que llevaron a cabo sus protagonistas para adaptarse al entorno (Saignes, 1978), ya que se trata de un tiempo antagónico a la rutina. Si en el diario vivir en los Andes centrales se trabaja desde que sale el Sol hasta que se va, se come lo necesario, no se bebe y duerme las horas justas, durante la fiesta sucede todo lo contrario: no se trabaja ni duerme, y se come y bebe en abundancia. Mientras el trabajo es tedioso y silencioso, la fiesta es ruidosa y amena. Mientras en la cotidianidad la vestimenta es tenue y funcional, en la fiesta es llamativa y condensa múltiples colores.

El tiempo de fiesta y aquel de no-fiesta —así como para los griegos el ocio y el negocio— son construidos de forma dialéctica y contradictoria. Esta condición no es fortuita, sino que es producto del axioma fundacional de la cosmovisión de los Andes centrales, heredada de tiempos inmemoriales, desde las antiguas civilizaciones de la costa norperuana: Caral (3000 a.C.) o Chavin de Huantar (1.500 a.C.), hasta Tiwanaku (800 a.C.) en las orillas del lago Titicaca. Me refiero a la lógica de la reciprocidad complementaria. 

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Juntos brindaremos, Macha, Norte de Potosí, Bolivia.

FIESTAS

Las fiestas incorporadas, pertenecen a los meses de febrero-marzo, marzo-abril, mayo, junio, noviembre y diciembre. Dos corresponden a la fiesta de Anata-Carnaval (febrero-marzo), una a la Semana Santa (marzo-abril), cuarenta días después de la Anata-carnaval a partir de la cuaresma cristiana. Dos fiestas son de la Cruz de Mayo, en dicho mes, en la cual la estrella cruz del sur se observa con claridad y marca el inicio a la época masculina del año para la cosmovisión de los Andes centrales. Una da a conocer el Inti Raymi quechua o kichwa, el solsticio de invierno en junio. Otra plasma la fiesta del Día de los Muertos, el Wiñay Pacha en aymara, cuando se inicia la época femenina del año y el comienzo de la temporada lluviosa en los Andes centrales. Finalmente, una, Santo Tomás, está sincretizada con el solsticio de verano, la otra mitad del año en contraposición con el Inti Raymi. De tal forma, todas las fiestas están correspondidas entre sí de forma dual y complementaria, acorde a la cosmovisión de los Andes centrales. La Anata-Carnaval con la Semana Santa, la Cruz de Mayo con el Día de Muertos y el solsticio de invierno con el de verano.

El deseo y búsqueda por hacer este libro brota, además de mi lugar e interés como fotógrafo, desde mi vocación como etnógrafo, oficio que constituye una travesía al corazón de lo imperceptible.

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Polifonía de lakitas y bronces, Isluga, Altiplano de Tarapacá.

Las fiestas retrataran los siguientes lugares, momentos y años en orden de aparición de los meses en el año. La Anata-Carnaval de Chiapa, en la Quebrada de Aroma, Comuna de Huara de la Región de Tarapacá del Norte Grande chileno, fotografiada a principios de marzo de 2019, y la Anata-Carnaval de Cancosa, en la Comuna de Pica, también en la región de Tarapacá, registrada a fines de febrero de 2020. El Abra de Punta Corral, en la localidad de Tilcara, en la quebrada de Humahuaca, Provincia de Jujuy, en el Noroeste Argentino (NOA) para Semana Santa, capturas realizadas en 2015. El Inti Raymi del pueblo de Otavalo, en la Provincia de Imabura, al norte del Ecuador, el 20 y 21 de junio, igualmente en 2015. La Cruz de Mayo de Macha, en la Provincia de Chayanta, al norte del Departamento de Potosí, en el suroccidente boliviano, del 1 al 5 de mayo, también en 2015. La fiesta de la Cruces o Cruz de Mayo en la comunidad de Luricocha, Provincia de Huanta, del Departamento de Ayacucho en el centrosur del Perú, inmortalizadas en 2017. La festividad del Día de los Muertos, del 1 al 3 de noviembre, en la comunidad de Toke Pucuro, en la Provincia de Omasuyus del Departamento de La Paz, en el occidente boliviano, capturas hechas en 2019. Y, finalmente, la fiesta de Santo Tomás de Isluga, en la provincia de Colchane, Región de Tarapacá, en el Norte Grande de Chile, entre el 19 y 23 de diciembre, fotografiadas en 2018.

El propósito fundamental de dar a luz este libro fue, desde el primer momento y hasta que se fuera a imprenta, acercar a través de la fotografía a quienes históricamente se les negó la opción de ser protagonistas. Me refiero a las y los indígenas de América Latina. En este caso, a la vasta población de los Andes centrales sudamericanos. Así, composición, encuadre, luz y motivo, están pensados y son comprendidos en y hacia esa dirección. 

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Descansito después del zapateo, precordillera de Tarapacá.

(*) Quienes quieran adquirir el libro pueden comunicarse directamente con el autor a través de wsp (+56996513466). Desde diciembre, también en las librerías de Ocho Libros editorial.


Significado de sincretismo

El concepto de sincretismo, tal como lo plantea Bastide (1960), busca dar cuenta de la adecuación de cosmovisiones diversas, de la fusión de concepciones que, en apariencia, no guardan una coherencia entre sí. Argumentando que no evidencia una imposición a través de una dominación violenta, muchos investigadores han impugnado el término. La mayoría de las fiestas sincréticas en América Latina, sino todas, son producto del régimen cristiano que superpuso conmemoraciones religiosas sobre celebraciones de origen astronómico-agrícolas locales. Pero dichas superposiciones traídas desde Europa no correspondían en motivos, propósitos, sentidos y fines respecto a los festejos locales.

FIESTAS en los Andes centrales - Pablo Mardones 7

Eslabón entre la costa, el valle y la selva alta, Huanta, Ayacucho, Centro Sur de Perú.

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