
Presentan libro al cumplirse 70 años del hallazgo del Niño del cerro El Plomo

Por: Museo Nacional de Historia Natural/Corporación Cultural de Lo Barnechea
Niño del cerro El Plomo. A 70 años de su hallazgo es el nombre del libro presentado en colaboración por la Corporación Cultural de Lo Barnechea, el Museo Nacional de Historia Natural y la Pontificia Universidad Católica de Chile. Compuesto por más de una veintena de artículos científicos y recopilaciones históricas, que abordan desde nuevos descubrimientos -gracias a los avances tecnológicos actuales-, hasta imágenes inéditas del Niño.
Tanto el trabajo de los equipos técnicos, como la preservación natural y artificial del cuerpo de este niño inca de más de 500 años permiten que, después de siete décadas, aún se pueda obtener información fundamental para el estudio arqueológico, científico, patrimonial e histórico.
“Es un gran tesoro biológico porque nos permite tener una ventana hacia nuestro pasado como humanidad, en todo sentido. Y son pocas las oportunidades como esta, porque los cuerpos congelados no son la norma”.
El pasado 26 de mayo, las tres instituciones colaboradoras de esta alianza presentaron oficialmente el libro, en un panel de conversación conformado por el ex subsecretario de Patrimonio Cultural y actual director de Patrimonio Cultural UC, Emilio de la Cerda; el autor del libro y director del Museo Nacional de Historia Natural, Mario Castro; la directora ejecutiva de la Corporación Cultural de Lo Barnechea, Alejandra Valdés; y el jefe de programa del diplomado en producción ejecutiva audiovisual UC y coproductor del documental Guardián de Los Andes, Fernando Acuña, quien asesoró al equipo a cargo del libro.
TESORO MUNDIAL
El además doctor en antropología biológica, Mario Castro, es el compilador principal de esta publicación, acompañando, en este rol, la historia científica del Niño del cerro El Plomo desde la perspectiva institucional, técnica y humana. “Es un tesoro de relevancia mundial e histórica”, asegura Castro, “un gran tesoro biológico porque nos permite tener una ventana hacia nuestro pasado como humanidad, en todo sentido. Y son pocas las oportunidades como esta, porque los cuerpos congelados no son la norma”. Según explica el arqueólogo, el cuerpo se preservó por un proceso de liofilización natural debido a las condiciones ambientales en la alta montaña, lo que “le da una relevancia biológica tremenda, sobre todo para lo que podemos conocer de nuestras poblaciones ancestrales”.

Mario Castro, director del Museo Nacional de Historia Natural.
Castro hace también especial énfasis en el registro fotográfico del libro, relatando que tiene “muchas fotos inéditas. Incluso imágenes de cuando recién fue descubierto, en blanco y negro, tomadas con películas de muy alta calidad, por lo que han podido ser bien conservadas. Se hizo un trabajo muy arduo de pesquisa y recuperación de imágenes, lo que nos permite documentar el proceso de este hallazgo”.
“Gracias a esta alianza pudimos retomar y concretar este proyecto, la compilación de los estudios y todo el conocimiento nuevo que el avance científico y tecnológico nos permite obtener”, relata el director y agrega que el libro busca “ser un homenaje, primero, al Niño del cerro El Plomo, y segundo, a todos los investigadores, que durante 70 años han trabajado por descubrir su historia y la de nuestras poblaciones ancestrales”.
La Capacocha era un ritual destinado a honrar a las deidades y a mantener la armonía cósmica, pero también servía para consolidar el poder del Imperio Inca.
LO BARNECHEA
Alejandra Valdés, directora ejecutiva de la Corporación Cultural de Lo Barnechea, CCLB, pone especial atención en “la tremenda relevancia de considerar el patrimonio natural al momento de realizar estos estudios. Nos interesa profundamente relevar y proteger el patrimonio natural de Lo Barnechea, donde ocurrió este importante hallazgo, por lo cual hemos buscado estas alianzas que permitan contar con los mejores equipos y tecnología al momento de avanzar. La comuna está trabajando por devolver la sacralidad a nuestras montañas, y la civilización inca es una guía y ejemplo de ello”.
Tres actores por la conservación arqueológica: La edición del libro Niño del Cerro El Plomo. A 70 años de su hallazgo es resultado de la colaboración entre la Corporación Cultural de Lo Barnechea, la Pontificia Universidad Católica de Chile, a través de Ediciones UC, y el Museo Nacional de Historia Natural. Esta alianza reunió estudios especializados, capacidades editoriales y gestión administrativa para dar forma a esta publicación, que contiene toda la investigación científica reciente sobre uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de los últimos cien años.

Es muy probable que haya muchos otros niños ofrendados que no se conservaron como el del cerro El Plomo.
Alejandra Valdés también hace hincapié en la relevancia de consolidar una línea común de trabajo: “Esta alianza es la artífice de tremendos avances en la investigación científica, arqueológica, patrimonial e histórica y Lo Barnechea, donde se encuentra el cerro El Plomo, tiene una responsabilidad especial de cuidar y promover este patrimonio. Junto al alcalde tenemos la misión de elevar a nuestra comuna en todo su potencial, lo que significa avances en todas las áreas, incluyendo la preservación del patrimonio cultural, natural y sagrado, como lo es este hallazgo. La calidad y experiencia de los equipos que se formaron, fueron determinantes para articular las investigaciones de esta publicación, asegurando que los restos bioantropológicos estén resguardados y puedan proporcionar la rica información que cargan”.
CONTEXTO CULTURAL
Los estudios contenidos en este libro permiten obtener una comprensión profunda y multidisciplinaria del Niño del cerro El Plomo, revelando detalles sobre su vida, su muerte y el contexto cultural en el que fue sacrificado. A sus ocho años fue elegido para participar en uno de los rituales sagrados de la cultura inca: la Capacocha. En dicha cosmovisión, los niños eran considerados seres puros y especiales. Su elección era un gran honor y una responsabilidad, ya que se creía que, al ser ofrendados a los dioses, se convertirían en intermediarios entre el mundo terrenal (Kay Pacha) y el mundo superior (Hanan Pacha).
No solamente es un ícono por ser un descubrimiento de un cuerpo de tal antigüedad y muy bien conservado, sino que es una gran ventana a nuestro pasado biológico y cultural.
La Capacocha era un ritual destinado a honrar a las deidades y a mantener la armonía cósmica, pero también servía para consolidar el poder del Imperio Inca. El cerro El Plomo, con sus 5.430 metros de altura, era un lugar de poder y significado espiritual, un puente entre el cielo y la tierra.
Se estima que el Niño del cerro El Plomo recorrió, durante ocho meses, alrededor de 2.000 kilómetros desde Cuzco hasta la actual comuna de Lo Barnechea. Este viaje era una procesión ritual, donde el niño era acompañado por sacerdotes y otros miembros de la élite inca. Durante el viaje, iba vestido con finos textiles, adornado con joyas y se le suministraba chicha y hojas de coca, para mitigar el cansancio e inducir un estado de trance.
Según esta publicación, su muerte fue producto de un traumatismo craneal, lo que sugiere que recibió un golpe en la cabeza como parte del ritual. Su cuerpo fue cuidadosamente colocado en una tumba excavada en el suelo rocoso, junto con ofrendas de gran valor, como estatuillas de oro y plata, textiles finos y otros objetos personales. El frío extremo y la sequedad de la alta montaña permitieron que su cuerpo se conservara de manera natural, resistiendo el paso del tiempo, hasta nuestros días.

Fue Grete Mostny quien tomó la decisión de conservar al Niño en las condiciones más parecidas a como estaba.
Mario Castro, director MNHN: Una mirada integrada al pasado
“A partir de las investigaciones sobre sus hebras de pelo, se puede saber cómo fue la dieta del Niño sus últimos meses de vida en el marco de la Capacocha. Uno puede saber incluso si el niño fue peregrinando más por la costa o por los cerros”, señala Mario Castro, director del MNHN. ¿Por qué es tan importante la figura del Niño del cerro El Plomo en términos antropológicos? No solamente es un ícono por ser un descubrimiento de un cuerpo de tal antigüedad y muy bien conservado, sino que es una gran ventana a nuestro pasado biológico y cultural. Se pueden estudiar y comprender ciertas enfermedades, a través de la parte genética. Y por otro lado, es una referencia para comprender la naturaleza mestiza de nuestra población.
¿Cómo se preservó tan bien el Niño y cómo sigue estando en un buen estado de conservación para poder llevar a cabo esos estudios? Lo que hizo Grete Mostny (jefa de la sección de Antropología del MNHN el año 54 cuando fue descubierto el Niño), que es la visionaria en todo esto, fue decir “conservémoslo en condiciones parecidas a como estaba”. Cuando los arrieros le cuentan todo a Grete, ella decide crear un esquema de preservación que fuera lo más parecido al que había en la montaña. Y ahí surge la idea de la cámara de frío que se construye el año 55, que sigue siendo la misma hasta el día de hoy.
Cabe recordar que el Niño, una vez descubierto, sufrió una serie de traslados. Primero, los arrieros lo bajaron unos metros para ir a buscarlo al día siguiente. Luego lo llevan a Puente Alto. Después de un par de días, lo ofrecen al departamento de antropología de la Universidad de Chile. Allí, pasa un tiempo en las cámaras frigoríficas, mientras le hacen estudios. Recién entonces, recala en el MNHN.
¿Y sus condiciones de conservación, tienen algo que ver con la cosmovisión del ritual al cual fue sometido el Niño del cerro El Plomo? No. La parte de la técnica de su conservación no necesariamente va de la mano del por qué lo ofrendan. Se sabe que ofrendaban estos cuerpos y eso tenía que ver a veces con actos fundacionales, con aspectos totalmente culturales. Ahora bien, no es que ellos supieran que si lo entierras en la altura se iba a congelar y a conservar. Es muy probable que haya muchos otros niños ofrendados que no se conservaron como el del cerro El Plomo. Es algo fortuito, más bien un accidente.


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