El fenómeno que se toma todos los espacios públicos: K-POP EN IQUIQUE

Cultura 24 de febrero de 2019 Por Eduardo Cisternas
Son como una marea multicolor: gota a gota copan los espacios públicos de la ciudad. Instalan sus equipos de música y, a los pocos minutos, desatan sus ganas de bailar y muestran sus cualidades coreográficas. Son los fanáticos del K-POP (música de Corea), una verdadera fiebre de bailarines que recorre la ciudad y que conviven con los ritmos tradicionales del norte chileno. Una buena muestra del mundo que viene.
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Fotogrfías: Hernán Pereira

Todos los días, en la Plaza Prat, es posible verlos. También en otros lugares públicos de la ciudad. La mayoría llega citado a través de las redes sociales; otros, derechamente se unen en el momento que ven una coreografía que les gusta. No son necesariamente amigos, ni miembros de un curso o un barrio determinado. A ellos los une la música, el fanatismo por algunos de sus ídolos y eso es lo importante.

Es la fiebre del K-POP, que se inició en 2011. Una música que mezcla estilos como electrónica, hip hop, R & B, pop y rock, con una cuidada estética, letras melosas y trabajadas coreografías. Una réplica del J-Pop, cuando los jóvenes se entusiasmaron con la moda japonesa. Ven videos para imitar las coreografías, teleseries y realities. Ni la televisión se escapa. En el segundo día de transmisión del drama coreano “Casi en el Paraíso”, la serie logró el primer lugar del rating en Chile.

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Denisse Sánchez y Bianca Pavez, organizan desde hace cuatro años eventos de K-POP en Iquique. Lo hacen en la Sociedad de Artesanos, un espacio que fue generado por la clase obrera y que estaba destinado originalmente a la lucha por sus reivindicaciones. Hoy recibe a los jóvenes de este siglo, que gritan por sus ídolos, cantan y bailan hasta quedar exhaustos.

Denisse tiene una tienda de K-POP y señala que como había una gran demanda por este tipo de eventos, se atrevieron con el tema. “Antes había eventos de presentaciones, pero nosotros decidimos hacer competencias de baile. Los chiquillos se esfuerzan en hacer sus trajes, en preparar sus coreografías y vienen aquí a pasarlo bien”.

Cuando comenzamos eran muy pocos los que se atrevían a competir, pero de a poco se han ido motivando para participar. Bianca, por ejemplo, lleva como 8-9 años bailando. “En esta oportunidad participaron más de 30 grupos, casi todos de Iquique, pero también vino uno de Antofagasta; también han venido de Tacna, de Calama, de Arequipa. Este es un fenómeno que está en todos lados”.

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Rodrigo Gómez señala que “todo empezó por fanatismo y después me hice adicto; bailo en el grupo “Remain Distance”, RD. Somos un grupo de amigos, somos de diferentes lugares, de diferentes edades, desde 15 y hasta 25 años; nos preocupamos de mantenernos unidos, de ser trabajadores… que el baile sea un aporte para nuestra vida personal. Yo lo encuentro súper positivo porque permite recrearse, ensayamos en lugares seguros; son grupos que normalmente están ajenos a las drogas, hacemos actividades físicas intensas y sanas. Es decir, se utiliza el tiempo en cosas buenas; es ciento por ciento positivo”.

Tamara Zambra, estudiante de pedagogía en inglés, dice: “Comencé a practicar este tipo de danza el 2013. Me sentí atraída por la música, que es muy pegajosa, y los grupos que son completos, porque componen su propia música, hacen sus propias letras; bailan muy bien mientras cantan, que es muy complicado. Eso es lo que me gusta de ellos”.

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“Veo a mis grupos favoritos; los sigo a través del mundo, por internet, me compro los CDs… Creo que esta cultura ha entrado mucho porque es distinto a lo que se ve en occidente, por el mismo hecho de que ellos bailan y cantan a la vez. La gente comparte, la pasa bien y sirve para distraerse. Es una actividad bien sana también”. Hay muchos jóvenes que se tiñen el pelo, porque “es propio de esa cultura; entonces aquí hay seguidores que también siguen esa tendencia, de teñirse el pelo; los grupos coreanos se cambian de color muy seguido, así que es entretenido teñirse el pelo”.

Camila Martínez, dice: “Al hacer las coreografías, lo que buscamos es parecernos lo más posible a los cantantes en sus MV (music videos), nos personificamos con la ropa y el maquillaje, es una forma de homenaje y tributo a ellos”. Dice que lo primero que la atrajo fue el animé, luego la música. Incluso con sus amigas formó un grupo tributo, llamado M.V.P. Luego aprendió el idioma a través de YouTube. Ahora está ahorrando dinero para ir a Corea.

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