PESCA DE ARRASTRE de fondo de la merluza común: análisis en Chile

Ciencia y Medio Ambiente 25 de marzo de 2022 Por Fundación Oceana
La pesca de arrastre ha sido cuestionada por mucho tiempo debido a su interacción con los fondos marinos y el impacto que genera sobre las comunidades marinas y el funcionamiento de los ecosistemas. Desde 2012 la merluza común, por ejemplo, ha transitado entre estado de sobreexplotación y colapso en nuestro país. Este informe fue publicado por Oceana y lo hemos extractado para acercarnos al tema. (*)
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La pesquería de la merluza común ha registrado numerosos signos de deterioro a través del tiempo.

La pesca de arrastre de fondo es uno de los métodos de pesca con mayores impactos sobre los ecosistemas marinos y su biodiversidad, ya que no solo remueve grandes porciones de las poblaciones objetivo, sino que también, a través de la modificación de los hábitats donde opera, altera la composición y estructura de las comunidades, las relaciones tróficas y la productividad de estos sistemas, por lo tanto, a nivel mundial se ha regulado y limitado su uso. 

El uso de redes de arrastre de fondo por el sector industrial captura una importante fracción de fauna acompañante como peces, tiburones e invertebrados marinos, afectando negativamente a la biodiversidad y potencialmente el funcionamiento de las comunidades demersales (que viven cerca del fondo marino) del margen continental chileno. 

Por otro lado, el impacto sobre aves y mamíferos que forman parte de la fauna incidental, podría contribuir al deterioro poblacional de especies con problemas de conservación a nivel mundial. En Chile este método es utilizado en diferentes pesquerías de peces como la merluza, el besugo y el congrio y de crustáceos demersales como el camarón nailón y el langostino. 

En la mayoría de los casos, el estado de los recursos marinos capturados con este método ha alcanzado niveles de sobreexplotación o agotamiento. La pesquería de la merluza común Merluccius gayi gayi ha registrado numerosos signos de deterioro a través del tiempo, como una disminución en el tamaño del stock y capturas, disminución en las edades máximas de machos y hembras, frecuencia de tallas y en el tamaño mínimo de madurez sexual. 

AGOTADO

Debido a lo anterior, el recurso fue declarado “agotado y/o colapsado” en 2015 y en la actualidad muestra escasos signos de recuperación en el corto y mediano plazo. Por cierto, muy lejos de los niveles históricos de la pesquería. A pesar de que el manejo de la merluza común cuenta con una serie de medidas normativas y administrativas, estas no han sido suficientes para darle sustentabilidad a la actividad pesquera y así evitar el agotamiento de sus poblaciones. 

Por otro lado, el manejo actual cuenta con una serie de vacíos relacionados con componentes biológicos y ecológicos de la fauna acompañante, como también aspectos sociales y económicos, lo que va en desmedro de una potencial recuperación de los recursos marinos y aún dista de ser considerado un manejo pesquero basado en el ecosistema.

EN EL MUNDO 

A nivel mundial las pesquerías que utilizan redes de arrastre de fondo aún operan sobre los márgenes continentales en distintos océanos del mundo. Sin embargo, diferentes países han establecido diversas regulaciones en el uso de redes de arrastre de fondo, con la finalidad de minimizar sus impactos. 

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El recurso fue declarado “agotado y/o colapsado” en 2015.

Entre estas regulaciones se incluyen modificaciones en el diseño del arte de pesca como el tamaño luz de red, dispositivos de escape de fauna acompañante, artes más livianos, etc; restricciones de operación como el congelamiento de huella de arrastre y el cierre temporal de áreas importantes para la reproducción; y prohibiciones de su uso en áreas cercanas de la costa o en zonas profundas, en áreas marinas protegidas y en ecosistemas marinos vulnerables.

En Belice, desde el año 2010 que se encuentra prohibido el uso de arrastre de fondo en toda su Zona Económica Exclusiva, siendo uno de los primeros países en implementar un prohibición completa y permanente al arrastre en sus aguas. 

En Estados Unidos se estableció el cierre de áreas de arrastre frente a Oregón, Washington y California para proteger el hábitat esencial de peces demersales, y se procedió a reabrir áreas previamente cerradas para la pesca de arrastre, donde se intentaba reconstruir los stocks sobreexplotados. 

Así, se logró proteger un área de más de 360.000 kilómetros cuadrados de la costa del Pacífico de este arte de pesca, lo que corresponde a que un 90% del fondo marino en las aguas de la costa oeste de Estados Unidos se encuentren libres del arrastre de fondo. 

En México, para la pesquería de la merluza del Pacífico Norte (Merluccius productus) se prohibió el uso de arrastres en bahías y sistemas lagunares-estuarinos. En el caso de Canadá, además de poseer sistemas de áreas marinas protegidas, cuenta con otra herramienta de conservación denominada “refugios marinos” que tienen la finalidad de proteger a los ecosistemas marinos vulnerables, incluyendo bancos de corales de aguas frías y jardines de esponjas, y donde el uso de redes de arrastre de fondo está completamente prohibido. 

PESCA EN CHILE 

En Chile la pesca de arrastre de fondo es desarrollada por embarcaciones industriales, que generalmente poseen una eslora entre 18 y 110 metros, y que solo pueden operar fuera de las primeras 5 millas náuticas desde la costa, que corresponde al Área Reservada para la Pesca Artesanal (ARPA). 

Su uso además está prohibido en todas las aguas interiores de las regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes, salvo en algunas zonas expresamente exceptuadas. Sin embargo, aquellas pesquerías que solo operan con redes arrastre y sistemas, podrían ser exceptuadas previo informe técnico que garantice la preservación del medio marino. No obstante, en el caso de las pesquerías de crustáceos como langostinos y camarones, estas quedarían exceptuadas de dicha reglamentación. 

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Por otro lado, durante 2015, se prohibió la pesca sobre determinados montes submarinos presentes dentro de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de Chile. En la actualidad, las redes de arrastre de fondo son utilizadas en las pesquerías de peces, como la merluza común (Merluccius gayi gayi), merluza de cola (Macruronus magellanicus), merluza del sur (Merluccius australis), besugo (Epigonus crassicaudus) y congrio colorado (Genypterus blacodes).

También se utilizan en las pesquerías de crustáceos demersales, que incluyen al camarón nailon (Heterocarpus reedi), langostino amarillo (Cervimunida jhoni) y langostino colorado (Pleuroncodes monodon). Entre estas pesquerías, durante el año 2019 la pesquería de la merluza común, merluza del sur y merluza de tres aletas fueron declaradas como “sobreexplotadas” y en el caso de merluza de cola y el besugo declaradas “agotadas o colapsadas”.

CONCLUSIONES

La pesquería de la merluza común en la última década muestra una reducción clara en la estructura de talla del stock, en la talla de madurez sexual y la menor disponibilidad en el ambiente, mostrando escasos signos de recuperación en el corto y mediano plazo. Esto último, sugiere que las medidas de manejo adoptadas hasta la fecha, no son suficientes para el desarrollo de una pesquería sustentable. 

En la actualidad, el manejo de la pesquería tiene una orientación monoespecífica, que plantea como meta final alcanzar el RMS (Rendimiento Máximo Sostenible), ignorando las interdependencias de la especie objetivo con el resto de las especies que componen el ecosistema. 

Por lo tanto, resulta necesario que se aplique un enfoque ecosistémico para la administración de la pesquería de merluza común, donde además se integren entre los “indicadores ecosistémicos”, los cambios en la biomasa de la fauna acompañante como un aspecto estructural de la comunidad demersal, como también aspectos biológicos y ecológicos de las especies que interactúan con las pesquerías. 

Adicionalmente, si bien la pesquería cuenta con un Plan de Manejo, y se encuentra en elaboración un Programa de Recuperación, estos registran bajos niveles de implementación lo que dificulta una recuperación efectiva de la pesquería en el tiempo. 

(*) El informe completo se puede descargar desde la página www.chile.oceana.org


Direccionar hacia otros artes

de pesca menos destructivos

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Las medidas de manejo adoptadas hasta la fecha, dice el informe, no son suficientes para el desarrollo de una pesquería sustentable.

La prohibición del uso de redes de arrastre de fondo, podría direccionar a un cambio hacia otros artes de pesca menos destructivos, como espineles o palangres, o fomentar el desarrollo y uso de artes de pesca ambientalmente seguros donde la innovación juegue un rol principal. 

Se encuentra bien estudiado lo dañino que es el arrastre de fondo, ya que genera disminuciones en la biodiversidad y modificaciones en la composición de especies bentónicas, efectos sobre las poblaciones de especies no objetivo y alteraciones en las interacciones depredador-presa. 

Además, la perturbación física generada sobre el fondo puede modificar la topografía del suelo marino y reducir la complejidad del hábitat. Se ha demostrado que las estructuras tridimensionales que se ven alteradas tras el paso de la red, son importantes para el proceso de asentamiento de muchos organismos, proveen refugio contra depredadores y pueden afectar procesos ecosistémicos. 

Ciertamente no podemos seguir poniendo en riesgo la conservación de la biodiversidad y de las pesquerías para las futuras generaciones. Es necesario que los derechos económicos no estén por sobre una equitativa distribución o el rol de conservación y preservación del Estado. 

Finalmente, la integración de diversos factores biológicos, ecológicos, ambientales, sociales y económicos tienen que ser considerados para redireccionar el manejo pesquero actual, hacia uno que logre asegurar el funcionamiento de diferentes procesos ecosistémicos, que sustenten y den una mayor estabilidad a la actividad pesquera nacional.

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