TURBERAS ALTO ANDINAS: Herencia de la naturaleza y de los pueblos originarios

Ciencia y Medio Ambiente 10 de septiembre de 2022 Por Marvin Gabriel y Carolina Rodríguez (*)
Las turberas son ecosistemas maravillosos, no solamente por su belleza, sino también por las importantes funciones que cumplen. Debido a ello, son reconocidas en el mundo científico y ambientalista como tesoros de biodiversidad, reservorios de agua, “aspiradoras” planetarias del CO2 atmosférico y, por ende, como remediadoras del cambio climático.
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Desde el punto de vista científico, las turberas son sustratos compuestos por restos de plantas semi descompuestas.

Fotos: Franco Miranda

Las turberas son ecosistemas maravillosos, no solamente por su belleza, sino también por las importantes funciones que cumplen. Debido a ello, son reconocidas en el mundo científico y ambientalista como tesoros de biodiversidad, reservorios de agua, “aspiradoras” planetarias del CO2 atmosférico, y por ende, remediadoras del cambio climático. 

De hecho, en otros lugares del mundo, científicos e ingenieros trabajan construyendo humedales y turberas artificiales para reproducir estas características, como por ejemplo en Canadá, donde construyeron turberas artificialmente sobre superficies previamente devastadas por la minería. La construcción artificial de estos ecosistemas precisa de muchos recursos, planificación ingenieril, extracción y traslado de grandes cantidades de suelos y sustratos, y maquinaria pesada, entre otros.

En el norte de Chile, los pueblos alto andinos han logrado lo mismo sin grandes recursos, máquinas o remoción de suelos. Tras décadas y siglos, esos pueblos han adquirido un gran conocimiento del manejo del agua en los ambientes extremadamente áridos del altiplano, siendo capaces incluso de crear terrenos fértiles y productivos para el pastoreo de su ganado. Nos referimos a los bofedales. 

BOFEDALES

¿Pero, son acaso los bofedales también turberas? Al pensar en turberas, nuestra mente se remite casi automáticamente al sur de Chile, con sus ambientes fríos y húmedos, y las colosales superficies cubiertas de musgos Sphagnum magellanicum. Visto de manera científica, una turbera es un terreno, cuyo suelo está formado por un horizonte de turba (o sea, por un sustrato compuesto principalmente por restos de plantas semi descompuestas), y cuyo espesor es de al menos 30 cm. Entonces muchos bofedales se merecen este título también.

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Los bofedales se encuentran en el norte de Chile, y en toda la zona alto andina de Perú, Bolivia y Argentina, entre los 3200 y 5000 msnm. Estos ecosistemas se forman especialmente en cuencas de pendientes suaves y suelos fluvio-volcánicos con escaso drenaje. Decir que todos los bofedales fueron creados por seres humanos no sería para nada correcto, aunque una gran parte de estos ecosistemas sí lo fue. Aunque hay pocos estudios sobre la relación entre los bofedales naturales y los artificiales, uno de ellos, realizado en Perú demostró que un 40% del área ocupada por bofedales en la zona de estudio fue creada artificialmente. 

Los bofedales pueden surgir naturalmente alrededor de cursos de agua producto del deshielo de la alta montaña o en zonas donde el agua de las lluvias estivales se ha acumulado. También pueden generarse bofedales en zonas de vertientes, donde el nivel freático logra alcanzar la superficie del suelo. En zonas altoandinas donde el suelo permanece saturado de agua constantemente durante el año, es común la colonización por parte de plantas de cojín, las cuales son capaces de formar cojines muy duros. 

En Chile, las plantas más frecuentes en los bofedales son Distichia muscoides y Oxychloe andina, de la familia de las Juncaceas. Debido al agua que satura el suelo, los tejidos y restos que decaen de estas plantas, no se descomponen enteramente tras depositarse en la superficie. Como consecuencia de la falta de oxígeno, existe una menor masa de organismos descomponedores en estos sitios. Así se forma y acumula la turba, es decir, el sustrato formado por los restos semidescompuestos de estas plantas.

ARTIFICIALES

Los bofedales artificiales fueron generados en valles o fondos de cuencas topográficas que ya limitaban con un bofedal natural, donde había agua. Nuestros antiguos ingenieros desviaron parte del agua mediante canales de irrigación, a fin de alimentar y hacer fértiles nuevos terrenos adyacentes.

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Normalmente la extracción del agua de una turbera derivaría en drenaje y mineralización del suelo turboso, acarreando incluso la destrucción de la turbera como ecosistema. Pero el desvío de una parte del agua parece no haber causado la destrucción de los bofedales en el pasado, sino todo lo contrario. ¿Cómo es eso posible? Los bofedales son un tipo especial de turbera, conocidas como turberas de percolación o turberas de vertientes, donde el agua no solamente permanece en el suelo, sino que fluye constantemente y en forma horizontal a través de la superficie. 

La capacidad de retener agua (o “esponjosidad”) es una característica típica de las turberas. Esa capacidad también la tienen los bofedales, los cuales retienen en su suelo solo la humedad necesaria para el sustento del ecosistema, mientras el resto del agua continúa su curso hacia el fondo de la cuenca. Los pueblos alto andinos de la cultura Aymara en el caso de Chile, conscientes de ello, canalizaron el agua “sobrante”, desviándola hacia nuevas superficies y “sembrando” así nuevos bofedales. 

Al construir zanjas para desviar el agua, los pueblos alto andinos generaron nuevas áreas de infiltración y saturación de ese recurso en el suelo mineral. Allí, prontamente se instalaron plantas adaptadas a las nuevas condiciones húmedas, tales como las Juncáceas ya mencionadas, acumulándose sus restos en el suelo húmedo y formando bofedales tras el paso de los años. Los bofedales artificiales suelen tener horizontes de turba de sólo unos pocos decímetros de espesor, a diferencia de los bofedales naturales, algunos de los cuales han acumulado turba por miles de años y pueden tener horizontes gruesos y profundos. Ejemplo de ello es el impresionante bofedal Manasaya, en Bolivia, donde la turba alcanza horizontes de hasta 10 metros de espesor.

(*) Este artículo in extenso fue publicado en www.endemico.org


Bofedales, tesoros de vida

A pesar del clima frío y seco en las zonas alto andinas, de enorme radiación solar, escaso oxígeno, y amplitudes térmicas de hasta 40 °C entre el día y la noche, la vida en los bofedales abunda. Gracias a la presencia de agua muchos organismos encuentran ahí su hábitat. En los bofedales viven mamíferos como las Vizcachas y las Vicuñas, también muchas especies de aves como las Parinas y Cuervos de Pantano, una multitud de insectos y plantas vasculares, así como musgos y líquenes. Obviamente, son lugares muy importantes para los pueblos andinos. Es aquí, donde se alimentan las alpacas y llamas en la época de secano. Es aquí donde se encuentra el agua, las plantas medicinales, los materiales de cestería y de construcción.

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