
La ONU alcanza un acuerdo para garantizar el uso sostenible de la BIODIVERSIDAD OCEÁNICA

En la actualidad, la pesca, el transporte marítimo, el turismo y la protección oceánica están controlados por unas 20 organizaciones en todo el mundo. Sin embargo, sus regulaciones sólo se aplican a una distancia de 370 kilómetros de la costa.
Tras cinco rondas de conversaciones y 15 años de debate, los negociadores de más de 100 Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, llegaron a un acuerdo legal vinculante para conservar y garantizar el uso sostenible de la biodiversidad oceánica.
En la actualidad, la pesca, el transporte marítimo, el turismo y la protección oceánica están controlados por unas 20 organizaciones en todo el mundo. Sin embargo, sus regulaciones sólo se aplican a una distancia de 370 kilómetros de la costa. Después, comienzan las aguas internacionales y los Estados no tienen poder de decisión sobre ellas. Y aunque la altamar constituye más de la mitad de la superficie de la Tierra y el 61 por ciento de todos los océanos, sólo el uno por ciento de las aguas internacionales está bajo protección.
El consenso llegó tras una maratoniana ronda de negociaciones que arrancó el pasado 20 de febrero, con más de 35 horas seguidas de discusiones, para limar las últimas diferencias. Entre otras cosas, el texto sienta las bases para el establecimiento de zonas marinas protegidas, lo que debe facilitar que se cumpla la promesa internacional de salvaguardar al menos el 30 % de los océanos para el año 2030.
HISTÓRICO

El texto sienta las bases para el establecimiento de zonas marinas protegidas y salvaguardar el 30 % de los océanos para el año 2030.
El acuerdo, en gran medida, depende de la ratificación de cada Estado, también de los que tendrán que modificar sus leyes para implementarlo, advirtió Minna Epps, jefa de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés). “Pero sigue siendo un acuerdo histórico”, pidiendo que se ratifique “lo antes posible”.
Arlo Hemphill, activista defensor de los océanos en Greenpeace USA, dijo que el tratado es “el acuerdo de conservación más grande en la historia del mundo” y agregó que “es lo mínimo que los científicos han dicho que necesitamos para evitar el colapso de los ecosistemas en los océanos, nuestro mayor recurso compartido y la base de la vida en este planeta”.
Los océanos no solo son importantes para turistas y pescadores, también son necesarios para la elaboración de productos básicos e incluso de medicamentos como analgésicos y otros para tratar la leucemia. Los científicos ven en el mar un enorme potencial para el tratamiento de enfermedades.
Más de la mitad de la cantidad total de oxígeno en nuestra atmósfera la originan criaturas en el océano. Al mismo tiempo, los océanos almacenan 50 veces más dióxido de carbono que el que se encuentra actualmente en nuestra atmósfera. Cuanto más se calientan los océanos, menos CO2 pueden almacenar y menos pueden proteger al planeta de eventos climáticos aún más extremos.
MAR EN PELIGRO
Si la temperatura sigue aumentando al ritmo actual, los científicos creen que muchos mariscos, como los mejillones y los caracoles, no sobrevivirán a la acidificación de los océanos. Si aumenta el contenido de CO2 en el agua de mar, cambia el nivel de PH en el agua. Y la creciente acidez dificulta la creación de las conchas calcáreas de los animales. Esto desequilibra biosferas enteras y podría amenazar sectores económicos enteros, como la cría de ostras y mejillones.
El aumento de las temperaturas en la atmósfera, provocado por la quema de carbón, petróleo y gas, también cambia las corrientes oceánicas a medida que el agua se calienta. Esto puede significar la muerte de muchas criaturas, como los corales.
Si nada cambia, la mitad de todos los habitantes del mar estarán en peligro crítico a finales de este siglo, según estimaciones de la UNESCO. Esto significa que tenemos que usar los mares de manera que no los dañemos o solo en la medida en que puedan regenerarse por sí solos.
Por ejemplo, cada año, tiramos 10 millones de toneladas de pescado, debido a malas prácticas de pesca y procesamiento, que podrían llenar más de 4.500 piscinas. Esto podría prevenirse, disminuyendo así la presión sobre nuestros océanos.

Si nada cambia, la mitad de todos los habitantes del mar estarán en peligro crítico a finales de este siglo, según estimaciones de la UNESCO.
“El barco ha llegado a la costa”

Se espera que las flotas pesqueras chinas, que han sido denunciadas por sus malas prácticas, se sometan a esta nueva regulación.
“El barco ha llegado a la costa”, anunció la presidenta de las negociaciones, una agotada Rena Lee, para confirmar que finalmente había un consenso sobre el documento, una noticia recibida con una gran ovación por las delegaciones reunidas en la sede de Naciones unidas.
La adopción formal del tratado, sin embargo, tendrá que esperar algo más, hasta que un grupo de técnicos garantice la uniformidad de los términos utilizados en él y se traduzca a los seis idiomas oficiales de la ONU, tras lo cual deberá ser ratificado por los diferentes países antes de su entrada en vigor.
Algunos, entre ellos Rusia, dejaron sin embargo la puerta abierta a reabrir alguna cuestión debido a que no habían podido revisar con detalle algunos puntos por las duras condiciones de las horas finales de la negociación y el hecho de que algunos de sus expertos ya habían dejado Nueva York.
Las organizaciones ecologistas, muy presentes en todo el proceso, han presionado a los Gobiernos para cerrar un tratado sólido y ambicioso, que ven como una oportunidad única de proteger los océanos. Por otro lado, la Unión Europea se ha comprometido, además, a ayudar a los países en desarrollo en su implementación.
Con este objetivo, Bruselas se ha comprometido a contribuir con 40 millones de euros como parte del Programa Global de los Océanos y ha invitado a otros miembros de la Coalición de Alta Ambición, 52 países de todo el mundo que cooperan en la materia, a contribuir también dentro de su capacidad.
La UE anunció el 2 de marzo, en el marco de la Conferencia Nuestro Océano organizada por la ONU en Panamá, inversiones por más de 800 millones de euros para la conservación de los mares que financiarán, entre otras iniciativas, acciones para la protección de la diversidad marina en África o para compartir con América Latina y el Caribe los datos recogidos por el sistema de satélites comunitario Copérnico.
La minería en el fondo de los
mares, una de las nuevas amenazas
La contaminación, el cambio climático y las nuevas tecnologías que abren la puerta a la minería en el fondo de los mares y a una pesca más intensiva son -según los expertos- las principales amenazas para la altamar, que supone dos tercios del total de los océanos.
Pese a su enorme importancia para el planeta, hasta ahora estas aguas situadas a más 200 millas marinas de la costa y que son compartidas por todos los países han estado gestionadas bajo una serie de acuerdos y organismos internacionales sin una jurisdicción clara, sin demasiada coordinación y con unas normas inadecuadas para su protección.
El nuevo tratado se establecerá en el marco de la ya existente Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y busca “asegurar la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica marina de las zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional”.
Entre los asuntos que sólo lograron resolverse a última hora destacó la fractura Norte y Sur sobre cómo compartir los beneficios del mar, especialmente todo lo relativo a los recursos genéticos marinos -especies que pueden proporcionar genes patentables en el futuro, por ejemplo, para su uso en medicina-.
En esa cuestión chocaban los intereses de algunos países ricos, que son los que tienen más capacidad para aprovechar esos avances, y los del mundo en vías de desarrollo, que teme verse excluidos.

La pesca de arrastre, que no discrimina especies ni volumen de captura, también debería cambiar sus prácticas tras este acuerdo de la ONU.


Universidad Arturo Prat se adjudica Etapa 2 del Fondo de Investigación Universitaria Territorial

La Ciencia Tiene Nombre de Mujer: Beatriz Carrasco, “Investigar también es una forma de cuidar”
Ciencia y Medio Ambiente22/12/2025
La Ciencia Tiene Nombre de Mujer: Marcela Tapia, "Para estudiar migración, primero se deben estudiar las fronteras”
Ciencia y Medio Ambiente17/12/2025
La Ciencia Tiene Nombre de Mujer: Gianina Dávila, "Promover el aprendizaje desde la experiencia sensible”
Ciencia y Medio Ambiente14/12/2025
La Ciencia Tiene Nombre de Mujer: Karem Arriaza Schiller, “El territorio es un laboratorio natural”
Ciencia y Medio Ambiente11/12/2025
La Ciencia Tiene Nombre de Mujer: Lía Ramírez, "Hacer Ciencia desde las regiones extremas”
Ciencia y Medio Ambiente08/12/2025
La Ciencia Tiene Nombre de Mujer: Karen Flores Urra, “Siempre tuve el bichito de la investigación”
Ciencia y Medio Ambiente02/12/2025
La Ciencia Tiene Nombre de Mujer: Viviana Moreno, "hay que ser rebelde, en el buen sentido de la palabra"
Ciencia y Medio Ambiente30/11/2025
La Ciencia Tiene Nombre de Mujer: Romina Ramos, la ciencia debe estar al servicio de la comunidad
Ciencia y Medio Ambiente29/11/2025
Cactus chilenito: el tesoro evolutivo de roqueríos costeros al borde de la extinción
Ciencia y Medio Ambiente23/11/2025
La Ciencia Tiene Nombre de Mujer: Gabriela Aguirre, el mar como vocación desde niña
Ciencia y Medio Ambiente23/11/2025
La Ciencia Tiene Nombre de Mujer: Beatriz Carrasco, “Investigar también es una forma de cuidar”
Ciencia y Medio Ambiente22/12/2025
La Ciencia Tiene Nombre de Mujer: Marcela Tapia, "Para estudiar migración, primero se deben estudiar las fronteras”
Ciencia y Medio Ambiente17/12/2025
Cantata Santa María en Banda de Bronces: una apuesta vanguardista de exportación

Universidad Arturo Prat se adjudica Etapa 2 del Fondo de Investigación Universitaria Territorial

Monitoreos científicos detectan tarukas en Chiapa y refuerzan urgencia de su conservación
Redes Sociales

