
Las praderas submarinas, un mundo desconocido y amenazado

Las praderas submarinas –o pastos marinos– son plantas acuáticas que se extienden por cientos de kilómetros frente a las costas, ¡incluso algunas praderas pueden ser vistas desde el espacio! Estos pastos constituyen uno de los ecosistemas más productivos del planeta, pero también es uno de los más amenazados. Para evitar su extinción, primero debemos valorar su existencia, entonces…
¿Qué es el pasto marino? Los pastos marinos evolucionaron desde las plantas terrestres durante el período Cretácico, hace unos 120 millones de años (Wissler et al.,2011), adaptándose a la vida submarina. Al vivir bajo el mar, es fácil que los pastos sean confundidos con algas, ¡pero nada más alejado de la realidad! Si bien ambos grupos realizan fotosíntesis, el pasto marino es realmente una planta angiosperma (es decir, una planta que posee flores), y está mucho más emparentado a las plantas terrestres que a las algas. Así, los pastos poseen tejidos complejos y propios de las plantas vasculares, como raíces, tallos, hojas, flores, frutos y semillas; mientras que las algas poseen un cuerpo llamado talo, y sus tejidos y estructuras reproductivas (esporas) son distintos. Gracias a las raíces, los pastos marinos se anclan en el fondo arenoso, asomando las hojas verdes en forma de cinta, muy similar al pasto terrestre, y por eso su nombre.
60 ESPECIES
Existen más de 60 especies de pasto marino distribuidas en las costas de todo el mundo, excepto en las zonas polares. Estas praderas son más comunes en zonas tropicales, donde pueden cohabitar hasta doce especies de pasto marino en una sola pradera. Allí, el pasto se ubica cerca de manglares y arrecifes de coral, generando una gran biodiversidad y un sistema muy característico.
A pesar de que los pastos marinos son menos comunes en zonas templadas, en Chile tenemos la suerte de contar con dos especies que forman grandes praderas: Ruppia filifolia, la cual se encuentra en sistemas menos salinos y de agua dulce, por ejemplo, en Seno Skyring en la región de Magallanes; y Zostera chilensis, ubicada en las costas del norte de Chile. Esta última vive entre 1 y 10 metros de profundidad en dos localidades de la región de Coquimbo (Puerto Aldea e Isla Damas), y en una localidad de la región de Atacama (Bahía Chascos). La cobertura total de las tres praderas se estima en 354 hectáreas, ¡más de 350 canchas de futbol!
¿Importa que en Chile tengamos pasto marino? Como toda especie, el pasto marino tiene un valor en sí mismo por el solo hecho de existir y cohabitar el planeta con nosotros. Pero, además, estas praderas albergan una gran diversidad de animales y algas que se asocian tanto sobre las hojas como en la base de éstas, lo que permite un aumento de la biodiversidad en el lugar donde estas especies estén presentes. Las hojas muertas del pasto se desprenden y caen, otorgando junto con las raíces, una importante producción de detritos y materia orgánica que será fuente de alimento para invertebrados marinos, peces, aves y tortugas marinas (sí, acá en Chile).
Estas praderas albergan una gran diversidad de animales y algas que se asocian tanto sobre las hojas como en la base de éstas, lo que permite un aumento de la biodiversidad en el lugar donde estas especies estén presentes.
Gracias a la fotosíntesis, los pastos marinos producen grandes cantidades de oxígeno, ¡hasta 10 litros por metro cuadrado al día!, y por el mismo proceso secuestran carbono que queda depositado en el lecho marino. Las praderas submarinas pueden capturar hasta 83 millones de toneladas métricas de carbono cada año (Reynolds y Smithsonian, 2018), denominado carbono azul. Recibe ese nombre puesto que es secuestrado desde la atmósfera y almacenado en diversos ecosistemas marinos, como arrecifes coralinos, bosques de algas y praderas de pasto marino. Es más, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) afirma que estos ecosistemas marinos capturan cinco veces más carbono que los bosques tropicales, una verdadera arma contra el cambio climático que debemos preservar.
¿Recuerdan que los pastos marinos no son algas? Bueno, una de las diferencias más destacables es que las algas, al no poseer raíces, captan sus nutrientes desde la columna de agua a través de todo el talo. En cambio, los pastos marinos absorben la mayoría de sus nutrientes desde el sedimento con las raíces, haciéndolos accesibles a organismos que se encuentran en la columna de agua y que no podrían ocuparlos de quedarse enterrados en el sedimento. Así, los pastos marinos ayudan a la circulación de nutrientes en los ecosistemas marinos.
Las raíces de los pastos marinos también se encargan de atrapar y estabilizar el sedimento marino, lo que mejora la calidad y claridad del agua, y reduce la erosión. Además, junto a las hojas forma una barrera que disminuye la fuerza de las corrientes, protegiendo las zonas costeras. ¡Increíble todo lo que las raíces pueden lograr bajo el mar!
Además de ser hábitat de diversos organismos marinos, como moluscos, erizos, jaibas, peces, rayas, aves playeras, y un largo etcétera, la pradera de Bahía Chascos es fuente de alimento y refugio para la población más austral de tortuga verde (Chelonia mydas), especie en peligro de extinción. Por otro lado, la pradera de Puerto Aldea alberga una población de ostión del norte, principal sustento económico de pescadores artesanales locales. Sin duda son muchas las razones que hacen del pasto marino un ecosistema muy rico, productivo y relevante para Chile, pero lamentablemente, este ecosistema es uno de los más amenazados del planeta.
(*) Extracto del artículo publicado en www.organico.org


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