Parque Nacional Sajama, un viaje al pasado

A más de 4000 metros de altura cruzamos la frontera para acompañar a un equipo científico boliviano al interior del Parque Nacional Sajama, en el Departamento de Oruro en Bolivia. El equipo, liderado por la investigadora Alejandra Domic, busca entender cómo han cambiado el clima y la vegetación del parque en el pasado. Recolectando muestras fósiles desde bofedales altoandinos y aleros rocosos, pudimos conocer el parque, tomar una fotografías, y conversar con Alejandra sobre el proyecto que lidera.

Ciencia y Medio Ambiente 03/07/2023 Ignacio Jara (*)
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El volcán Sajama, la montaña más alta de Bolivia, se alza por sobre los seis mil quinientos metros sobre el nivel del mar, en el corazón del Altiplano

Desde el Lago Chungará, el Volcán Sajama se asoma a la distancia como un imponente pico nevado, una gigantesca montaña que sobresale por detrás de los volcanes Parinacota y Pomerape. Con más de 6.500 metros por sobre el nivel del mar, el nevado Sajama (del aimara chak xaña 'oeste') se alza dos kilómetros por sobre la meseta altiplánica, revelándose imponente como la montaña más alta de Bolivia. 

El volcán es también el corazón del parque nacional del mismo nombre, la primera área protegida del país altiplánico. Caracterizado por su remoto acceso y por su rica flora y fauna altoandina, el Parque Nacional Sajama es también conocido por sus bosques milenarios de queñoa (Polylepis tarapacana). Acompañamos en terreno durante 5 días a un equipo científico boliviano liderado por la investigadora Alejandra Domic, profesora del Departamento de Antropología de la Universidad Estatal de Pensilvania e investigadora asociada al Herbario Nacional de Bolivia. El equipo de investigación se encuentra trabajando en un proyecto internacional que combina paleoecología, paleoclimatología y arqueología. “El principal objetivo del proyecto es entender la resiliencia de la vegetación a la variabilidad climática y a los cambios por disturbios humanos a lo largo del tiempo”, nos cuenta Alejandra, desde uno de los refugios dentro del parque, ubicado a los pies del monumental volcán nevado.

UN VIAJE AL PASADO

En el año 1997, un equipo científico internacional obtuvo una serie de testigos de hielo desde la superficie del gigantesco domo glaciar que cubre el cráter del volcán Sajama. Estas muestras verticales de hielo alcanzaron más de cien metros de profundidad, revelando por primera vez la historia climática y ambiental del área durante los últimos 25 mil años. Las investigaciones derivadas de estos testigos, sumadas a un creciente número de estudios del clima del pasado en el Altiplano, muestran que la región ha experimentado notables fluctuaciones climáticas que transformaron el paisaje que conocemos hoy. 

Estas fluctuaciones fueron especialmente marcadas al término de la última edad de hielo, entre aproximadamente veinte a diez mil años antes del presente. Los registros paleoambientales que abarcan este periodo muestran grandes cambios en distribución de especies de plantas, avances y retrocesos glaciares, y la formación de extensos sistemas de lagos que posteriormente derivaron en los salares que caracterizan al Altiplano en la actualidad. 

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La Investigadora Alejandra Domic no muestra una sección de los testigos de sedimentos extraídos desde el interior de bofedales Altoandinos al interior del Parque Nacional Sajama.

“Sabemos que existe una variación climática durante los últimos 12 mil a 14 mil años, pero no tenemos un buen entendimiento de cómo responde la vegetación a esos cambios”, nos revela Alejandra sobre el proyecto que la ha llevado a trabajar en el parque. Para entender cómo ocurrieron estas variaciones vegetales, estuvimos recolectando testigos de sedimentos desde bofedales altoandinos, rodeado por manadas de llamas (Lama glama) y alpacas (Vicugna pacos).

Estos sedimentos se acumulan por miles de años a medida que el bofedal se desarrolla, almacenando información sobre el ecosistema a su alrededor. Analizando el contenido de material biológico y químico que se preserva en estos testigos milenarios, es posible reconstruir cambios en la vegetación, el impacto de la actividad humana, e incluso incendios y erupciones volcánicas del pasado. Lidiando con la puna y el frío invernal del Altiplano, fuimos capaces de obtener más de ocho metros de sedimentos desde la superficie de uno de los bofedales donde trabajamos. Para saber a cuánto tiempo en el pasado alcanzaron estos testigos tendremos que esperar hasta que se obtengan fechados radiocarbónicos.

El Parque Nacional Sajama tiene también una historia cultural que extiende sus raíces mucho antes de la llegada de los primeros europeos, con decenas de sitios arqueológicos de distinta antigüedad. Dentro del rico patrimonio arqueológico, destaca una enorme red de líneas de piedras que conectan distintos asentamientos humanos con las laderas del volcán.

“El otro factor importante del proyecto es tratar de entender cómo los grupos indígenas modificaron la vegetación a lo largo del tiempo cuando llegaron los primeros pastores”, nos cuenta Alejandra. Una vez recolectados suficientes testigos en los bofedales, estuvimos recorriendo los alrededores del parque en busca de madrigueras de roedores fosilizadas. Estos depósitos orgánicos, sembrados de fecas de roedor, se conservan intactos por miles o incluso decenas de miles de años en cuevas, grietas o pequeños aleros rocosos, preservados en la misma orina del roedor cristalizada, debido a las condiciones de aridez que dominan en esta región. Estas paleomadrigueras entregan información sobre la flora y fauna que habitó el parque en distintos periodos del pasado. Utilizando distintos tipos de archivos ambientales, el equipo de trabajo reconstruye, pieza por pieza, la historia natural y cultural del parque.

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El Parque es también conocido por sus bosques milenarios de queñoa (Polylepis tarapacana), los cuales puede alcanzar alturas superiores a los 5 mil metros.


Lecciones para el escenario actual 

Con una extensión de más de mil kilómetros cuadrados, el parque abarca extensas planicies altoandinas rodeadas por valles cordilleranos y que terminan en monumentales picos nevados. La presencia de aguas termales revela también que esta es una zona geológicamente activa.

Extensos depósitos volcánicos que abarcan toda la región revelan una historia de gigantescas erupciones explosivas que se extiende por millones de años. Los imponentes paisajes naturales del parque son protegidos por el Servicio Natural de Áreas Protegidas de Bolivia (Sernap), y administrados por cinco comunidades indígenas o ayllus, dedicadas a la ganadería de camélidos, al manejo de los bofedales y -más recientemente- al turismo.

La agricultura en el parque es casi inexistente, dadas las bajas temperaturas que prevalecen a más de 4 mil metros de altura. “Existe mucha evidencia actual que muestra que esta región es una de las más vulnerables al cambio climático y a la crisis climática; lastimosamente, los estudios ecológicos a largo plazo son muy pocos”, agrega Alejandra. 

El clima actual del parque es semiárido con una estación seca prolongada en invierno e intensas lluvias monzónicas durante el verano. Debido a que la información forestal y los registros meteorológicos entregan información de tan solo unos pocos años o décadas de antigüedad, se necesita ir en busca de archivos ambientales más extensos en el tiempo, tales como testigos de sedimento almacenados al interior de bofedales o madrigueras fósiles preservadas en cuevas o aleros rocosos. 

Extender los registros ambientales permite, entre otras cosas, distinguir variaciones ecológicas naturales de aquellas que han sido provocadas por la acción humana. Por ello, proyectos de investigación como este nos entregan una visión integral y de largo plazo, clave para entender cómo evolucionará el Altiplano ante los escenarios de rápidos cambios que vivimos hoy.

(*) Académico de la Universidad de Tarapacá e investigador del Núcleo Milenio AndesPeat.

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El equipo de investigación buscando madrigueras de roedor fósiles en un alero rocoso.


Conexión con el Altiplano Chileno

El trabajo muchas veces se extiende hasta las frías y secas noches de finales de otoño. Regresando al refugio por uno de los caminos interiores del parque nos detiene una camioneta militar. Cuando nos bajamos para una revisión de rutina, la patrulla nos cuenta que están buscando caravanas de autos que cruzan la frontera desde Chile con bienes y mercadería no registrada.

Alejandra lo resume muy bien: “El Altiplano es una sola región, en el pasado no existían fronteras”. La historia ambiental y cultural del Parque Nacional Sajama es una historia transfronteriza vinculada con el territorio andino del norte de Chile. Desde tiempos inmemoriales, comunidades de pastores transportaban productos entre la costa Pacífica y el Altiplano a través de largas caravanas de llamas.

Sumado a esto, los cambios ambientales del pasado aquí en Sajama están comenzando a ser relacionados con la historia ambiental del Altiplano chileno y el desierto de Atacama. Los grandes lagos altoandinos que se formaron al término de la última edad de hielo descargaron sus aguas hacia el desierto de Atacama a través de grandes sistemas fluviales que irrigaron el desierto.

Extensos humedales proliferaron en las pampas del Atacama y fueron el hogar de  especies de grandes mamíferos, hoy en día extintos. Durante nuestra última noche en el parque Alejandra nos comenta: “Lo que pasa en Sajama va a contribuir también al desarrollo de la ciencia en Chile, porque nos va a dar una perspectiva más regional, que podamos relacionar con otras reconstrucciones para entender cómo responde la región del Altiplano y el norte de Chile”. El desafío está sobre la mesa. 

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