
Presión por el USO DE AGUA pone en riesgo el futuro del OASIS DE PICA
Reinaldo Berríos González
Fotos: Franco Miranda
Probablemente la mayoría de quienes acuden en busca de solaz y descanso en el Oasis de Pica-Matilla, desde hace décadas, desconozcan algunos aspectos básicos de este verdadero “milagro” en medio del desierto más árido del mundo. Como, por ejemplo, que los socavones son verdaderas obras de arte en términos de canalización, que comenzaron a construirse a mediados del siglo XVII por los esclavos negros que trajeron los colonizadores y que cubren, nada menos que 25 kilómetros de longitud entre todos ellos.
Elizabeth Lictevout, científica especialista en estos sistemas hídricos y que durante varios años dirigiera el Centro de Investigación y Desarrollo en Recursos Hídricos de Tarapacá, nos comenta desde los Países Bajos (donde reside ahora) que “el agua que sirve al riego y al consumo humano en el sector de Pica tiene alrededor de cinco mil años de antigüedad y realiza un enorme recorrido para aflorar en esa zona; hay que entender que el agua que hay en Pica es la que ha caído en la precordillera, se ha infiltrado y ha recorrido kilómetros y kilómetros hasta llegar a este lugar”.
MILES DE AÑOS
“El agua se mueve tan lentamente por los espacios vacíos que tienen las rocas y el subsuelo… tan lentamente, que toma miles de años para llegar a las vertientes y a la Cocha de Pica. Si uno sube por la carretera hasta el Huasco, desde Pica, ve las rocas de color rosado que están llenas de fisuras; también cuando cae mucha agua, se escurre y tenemos abajo caudales, como suele ocurrir de vez en cuando. Pero la mayoría del agua se infiltra a bastante profundidad y va circulando hacia abajo, porque al final el agua se mueve por gravedad. Este proceso es tan lento que, en los últimos cien años, no ha cambiado el caudal”, agrega la doctora en Hidrogeología.
“El Oasis de Pica-Matilla tiene una capacidad natural de resiliencia, de irse adaptando a los cambios, pero esto no es infinito. Y nos hemos dado cuenta que los impactos que tiene el Oasis son más veloces que la capacidad de regenerarse”.
El arquitecto René Mancilla señala que “el Oasis de Pica-Matilla tiene una capacidad natural de resiliencia, de irse adaptando a los cambios, pero esto no es infinito. Y nos hemos dado cuenta que los impactos que tiene el Oasis son más veloces que la capacidad de regenerarse. El proyecto analiza los ejes estructurales que lo han mantenido en el tiempo, como son las chacras, las cochas, los socavones, los callejones, los lagares y la morfología patrimonial. Estos seis elementos han dado sustentabilidad a este Oasis, pero obviamente con el agua como motor principal”.
La pregunta que originó el proyecto era obvia: “Cuánta agua habrá en el Oasis y por cuánto tiempo? Mancilla convocó a un grupo de profesionales y se adjudicó este proyecto, financiado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, para “crear un diagnóstico de la situación que vive el Oasis en este momento y cómo puede responder a las exigencias que están superando su capacidad de resiliencia”.
ECOSISTEMA
Para el doctor en Biología y director del Centro Regional de Estudios y Educación de la Universidad de Antofagasta, Carlos Guerra, “estamos ante un ecosistema único que hay que entender, porque si no lo entendemos ahora, como el hombre del pasado, entonces sencillamente lo vamos a destruir antes de que lo haga la misma naturaleza. Por eso es que se debe tener una concepción clara de lo que es un ecosistema y también el fenómeno que estamos viviendo ahora que es el cambio Climático: un fenómeno natural, que está ocurriendo ahora y que va a ocurrir irremediablemente. El planeta ha cambiado un montón de veces y sigue cambiando; entonces tenemos que ver cómo lo hacemos para poder sobrevivir”.
Quienes visitan Pica y disfrutan de sus bondades, probablemente, desconocen la historia de los socavones, las cochas y las chacras.
El proyecto, que fue presentado a través de un documental realizado por Iquique Televisión a fines del año pasado a la comunidad, es la primera parte de un estudio que los investigadores esperan continuar a futuro. “El agua que viene viajando desde los Altos de Pica, vía napa subterránea, aflora en la Concova, Resbaladero y Las Ánimas, que permiten surtir de agua a los cultivos más antiguos del Oasis. Esa agua, además, se distribuye a través de los socavones que -a su vez- han definido los límites naturales de este ecosistema”, señala Mancilla.
Enelidolfo O’Ryan, otro de los integrantes del proyecto, señala que “las aguas de las vertientes se almacenan en estanques, que se denominan Cochas; entonces tenemos las cochas de Concova, Resbaladero y Las Ánimas, en el fondo de esta pequeña quebradita que forma este Oasis. Una vez que esa agua está almacenada se lanza por las antiguas acequias, que vienen siendo las arterias mayores que distribuyen el agua hacia toda el área agrícola”.
MARAVILLAS
Con respecto a los socavones, O’Ryan señala que “son otra de las maravillas del Oasis, a través de los cuales se canalizó el agua hace cientos de años. Se tienen catastrados 27 socavones, con una suma aproximada de 25 kilómetros entre todos. Fueron construidos desde la llegada de los españoles; mineros que descienden de Potosí y que usaron la mano de obra esclava, como afros y originarios, para dedicarse a estas faenas que -a través del tiempo- los iban alargando, con el objetivo de aumentar el recurso de agua entre este desierto y el Oasis de Pica-Matilla”.

El agua que disfrutamos en Pica-Matilla tiene una antigüedad de cinco mil años, según señalan los especialistas.
Este profesor e investigador histórico, quien es el encargado de cultura del municipio de Pica, agrega que “este sistema es único en Chile y, probablemente, también en Sudamérica. En otros lugares del mundo, como Irán, Israel, Roma y España, también tienen este sistema de acueductos subterráneos para canalizar el agua. Desde esos lugares viene esta tecnología que se implementó en Pica”.
Elizabeth Lictevout agrega que se trata de una “infraestructura ancestral y de acuerdo a los estudios que hemos podido realizar, el primero de ellos habría sido construido alrededor de los años 1650-1660, según lo que se ha podido encontrar en los archivos nacionales y regionales; lo que está claro es que se trata de una infraestructura ancestral a nivel mundial. Este sistema permitía (y permite) llevar el agua de la napa hacia las chacras, la que se desplaza por gravedad”.
“Si estas aguas se siguen utilizando de forma indiscriminada, entonces, existe el riesgo de descompensar el sistema natural de reposición, con el consiguiente peligro de secar el Oasis de Pica-Matilla”.
René Mancilla señala que “si estas aguas se siguen utilizando de forma indiscriminada, entonces, existe el riesgo de descompensar el sistema natural de reposición, con el consiguiente peligro de secar el Oasis de Pica-Matilla”. “El riesgo -agrega Lictevout- es que el nivel actual siga bajando hasta, posiblemente, secar o disminuir de manera ostensible la cantidad de agua disponible en el Oasis. Siempre habrá un pequeño grifo que va a llegar, pero si bajamos el nivel de manera significativa, rellenarlo nos va a tomar otros cinco mil años”.
“El problema de este minuto es la presión que existe, por parte de quienes quieren aumentar el espacio agrícola, así como de aquellos que quieren tener una segunda vivienda en el Oasis, de aumentar el perímetro disponible, lo que nos pone en alerta y nos obliga a plantearnos la pregunta: ¿hasta cuánto puede crecer el Oasis?; ¿qué población puede recibir, de manera que no altere este sistema único en nuestro país?”, señala por último René Mancilla.


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