¿ES POSIBLE CONSTRUIR CON RESIDUOS MINEROS?

Economía 02 de enero de 2018
El desierto más árido del mundo es un gran espacio abierto y contrariamente a lo que piensan algunos, está lleno de vida, gracias a un delicado ecosistema que ha posibilitado el desarrollo económico a través de generaciones y generaciones. Tierra árida y noble a la vez que resguarda el gran legado histórico de nuestros antepasados y que hoy en día continúa floreciendo para ser el motor económico regional, a través de proyectos mineros e industriales que se instalaron desde hace varios años. Estos pryectos, sin embargo, no son inocuos. Tienen problemas y uno de los más complejos es el destino de sus residuos. Pero esto podría cambiar gracias a un proyecto que llevan a cabo los académicos de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura de la Universidad Arturo Prat, Christian Hernández Osorio y la ingeniera Olga Penagos.
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Christian Hernández Osorio, profesor de la UNAP

Esta historia comenzó como una idea que rondaba entre los participantes de un Magister sobre Derecho Ambiental. La inquietud de los estudiantes se centraba en la forma de utilizar los relaves mineros para transformarlos en algo útil y seguro para la sociedad. De allí surgió una idea que se denominó Minewastecement (MWC). Así es como se puso en marcha un proyecto financiado por Corfo y dirigido por la Universidad Arturo Prat, desde donde salieron los primeros prototipos de bloques de hormigón para ser usados en construcción de obras civiles y proyectos de ingeniería.

“Nada se había hecho en el mundo al respecto. Hoy la realidad es ésta: los relaves y los residuos mineros de la industria quedan en la alta cordillera como tranques y embalses. Y eso es un peligro constante, ya sea ante un sismo o una bajada de agua; es toda una problemática” explica Christian Hernández Osorio, profesor de la UNAP. Por esta razón el proyecto es más que innovador en el área de manejo de residuos industriales.

Al principio, con alumnos de la Universidad, empezaron a crear una mezcla tipo concreto en diferentes cantidades, para conseguir la mejor resistencia, y con la condición de que el bloque encapsule los residuos tóxicos. Para esta mezcla también se utiliza el producto estéril de la mina, que es la primera capa de tierra que se saca antes de extraer el mineral, unido al material del relave, con agua y cemento, que luego se estaciona por 28 días en matrices metálicas, lo que le da la forma deseada según la necesidad. “Es como una mezcla para hacer concreto, pero en vez de meterle piedra o meterle chancado, estamos usando el residuo industrial; ese es el beneficio ambiental que presenta este proyecto”, indicó Hernández.

Una fórmula que en la primera etapa comparó su resistencia a través de la instalación de estos bloques en diferentes zonas transitadas de la Universidad, y que entregó a los investigadores importantes datos. Además, fueron los líderes del proyecto quienes también probaron otros materiales de desecho que se pueden encontrar en nuestra región, como es el caso de la conchuela ubicada en grandes cantidades en las caletas, que también fueron utilizadas como material para la creación de estos bloques.

Según los resultados obtenidos, el proyecto ofrece estos bloques para utilizarlos en la construcción de bases en terreno, para luego colocar losas, porque el adoquín puede ir enterrado en el suelo y encima se le puede colocar una carpeta asfáltica, y dejar el terreno nivelado. También se puede elaborar un radier y dejar un terreno nivelado para que otros elementos crezcan sobre esa losa, por ejemplo levantar bancas y producir un parque. Productos que se están ofreciendo a las municipalidades y a la comunidad en general.

PRUEBAS EXHAUSTIVAS

Por esto, en una segunda etapa, el proyecto tiene el objetivo de realizar varios estudios para certificar que los adoquines fabricados no traspasarán su contenido contaminante al medio ambiente al ser utilizado. Estudios en donde también participaron alumnos de colegios que tienen la especialidad de metalurgia en Iquique y Alto Hospicio, y con los cuales la Universidad firmó un convenio. “Si tú dices que vas a usar los residuos de la minería, te van a decir “eso es veneno”, pero si lo encapsulas dentro de estos bloques, lo metes debajo de la tierra y te sirve de base para nivelar el sostén del terreno, no hay problema”, aclaro el académico.

Entonces, para certificar que los bloques no contaminan los investigadores colocaron estos adoquines en agua durante seis meses, para luego analizar el agua y comprobar que la contaminación encontrada en este material líquido no superaba la norma permitida. Y como segundo estudio se buscaba comprobar que la contaminación que pudiera expeler el adoquín no afectara a especies vivas. Por eso, se colocó durante un año varios bloques en una pecera con peces y algas, para después analizar a los peces y vegetales y reconocer si tenían o no contaminación, y los niveles de ésta, lo que resulto también según los estándares permitidos.

EN BUSCA DE LA PATENTE

El proyecto busca transformar espacios a través del eco diseño integrando los intereses de la comunidad y como aporte innovador inició este año su tercera etapa. El objetivo ahora es patentar el diseño y certificar el adoquín. La iniciativa se desarrolla a través de una empresa que fue creada por los investigadores y que sigue siendo apoyada por la Universidad y que también recibe el apoyo de empresas mineras que entregan los materiales para la fabricación. Y que, agrega el académico, quieren probar los adoquines en la construcción de espacios en sus propias faenas y caminos.


Y como siguiente etapa, después de patentar el producto, el proyecto tiene como objetivo visualizar y extender el trabajo a otras regiones e incluso países vecinos. “Se podrían transferir estos conocimientos, teniendo en cuenta que la minería está presente en Perú, Bolivia y el norte argentino, lugares en donde tampoco se está haciendo mucho en la recuperación de espacios y manejo de residuos”, finaliza el académico.

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