ESTAS LECHUGAS PROMETEN: desde el desierto a las mesas de Tarapacá

Innovación y Desarrollo 13 de octubre de 2020 Por Reinaldo Berríos González
Un biólogo marino, que renunció al traje de hombre rana por el momento, se convirtió en uno de los pioneros en el cultivo hidropónico de nuestra región. Aunque sueña, alguna vez, con hacer acuicultura en el desierto, por ahora lo suyo es la agricultura. Pero no cualquiera: una con valor agregado. Que reivindica las fortalezas del clima árido, más allá de los prejuicios.
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Fotos: Gentileza de Luis Astorga

Luis Astorga Guerrero, que se podría decir es hijo de tigre, porque su padre estuvo mucho tiempo a cargo de Sercotec en Tarapacá, nació inoculado con el “virus del emprendimiento”. Instalado en plena Pampa del Tamarugal, específicamente en La Tirana, asegura -sin ambages- que se puede hacer agricultura en el desierto. Cree a pie juntillas que es posible, pero no sólo eso, sino que muchas cosas que podrían parecer un sueño. El siguiente es su relato.

“Este tema partió porque siempre quisimos hacer algún emprendimiento. Como teníamos un predio en La Tirana, que compró mi abuelo hace más de sesenta años y que nunca había sido trabajado, siempre tuvimos la inquietud. Y como nosotros, en mi familia, siempre hemos estado ligados al tema del emprendimiento, teníamos ganas de hacer algo con ese terreno”.

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“El año 2009 tuvimos la oportunidad de viajar a Israel, con mi papá, y conocimos sobre la agricultura del desierto. Nosotros teníamos el conocimiento de lo que se hace en nuestra región, pero a una escala mucho menor, más simple; nada que ver con lo que vimos allá. Y, tras esa experiencia, pensamos que la agricultura podía ser una oportunidad importante de desarrollo, no sólo para nosotros, sino para muchas personas en la región”.

“Lo que vimos en Israel fue algo totalmente distinto a cualquier cosa que uno se pueda imaginar. Entonces nos entusiasmamos y dijimos: esto es lo que queremos hacer. Ahí conocimos el tema de los invernaderos, cultivos en hidroponía, la diversificación de los productos que se pueden cultivar en el desierto, etc. Ahí supimos que, por más adversas que fueran las condiciones, se podía cultivar en el desierto”.

“La lechuga la plantamos en raíz flotante (o sea, están en agua); otros cultivos, como porotos verdes, zapallos italianos, morrones y frutillas, lo hicimos con sustrato de fibra de coco, que es inerte”.

“El viaje también nos sirvió para darnos cuenta de que nosotros tenemos, quizá, mejores condiciones que ellos. A los problemas limítrofes y también políticos que tienen, se suma la disponibilidad de agua, que es bastante escasa; o sea, con más complicaciones que nosotros en el norte de Chile, eran y son capaces de hacer agricultura (y de muy buen nivel) en el desierto. Entonces, pensamos que ese era el camino que teníamos que seguir”.

VINO DEL DESIERTO 

“El primer paso que dimos en nuestra región fue con el vino del desierto. Un día llegó mi papá a la casa y me dijo: ¿qué te parece si cultivamos parras en La Tirana? Yo pensé que estaba loco, pero bueno, ahí conocí el proyecto. La Universidad Arturo Prat nos invitó a participar de ese proyecto; ellos estaban buscando a personas que tuviesen terreno en la pampa, disponibilidad de agua. Y ganas. O sea, nosotros. También había que tener claro que iba a pasar bastante tiempo antes de recibir ingresos por este concepto, porque el tema de las viñas es mucho más lento que otro tipo de cultivos”. 

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“El año 2015 nos ganamos un “capital semilla” de Sercotec y con esos fondos pudimos iniciar un invernadero, que era clave para nuestro proyecto. Y aunque el invernadero se lo llevó el viento, no nos desanimamos. Probando diversas opciones, nos encontramos con el Fondo de Innovación Agraria, FIA; gracias a ellos logramos construir un invernadero que cumpliera con todos los requisitos, que es el que tenemos ahora”.

“El proyecto, de alguna manera, consideraba una investigación con diversas técnicas de cultivo. Probamos distintos tipos de cultivo y también diversas formas de hacerlo. Por ejemplo, la lechuga, la plantamos en raíz flotante (o sea, están en agua); otros cultivos, como porotos verdes, zapallos italianos, morrones y frutillas, lo hicimos con sustrato de fibra de coco, que es inerte. Todos los nutrientes, en este caso, se los entregamos a través del agua. Una vez que culminó el proyecto, comenzamos a realizar pruebas con otro tipo de cultivos: tomates cherry, ajíes y otras variedades de morrón”.

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“Uno de los objetivos del proyecto, por solicitud expresa del FIA, fue que realizáramos pruebas con distintos tipos de cultivos, para determinar qué cultivos son los más rentables. De manera que, una vez que sepamos la rentabilidad, ver también hasta dónde se justifica una inversión en esta área. La idea era que, lo que nosotros obtuviéramos, fuera replicable por la agricultura familiar campesina, con el perfil de INDAP”.

AGUA AL MÍNIMO

“Aunque el agua que sale en la pampa no es de las mejores, es posible utilizarla para este tipo de proyectos. Con lo único que tuvimos problemas fue con las frutillas, porque el agua tiene mucha concentración de Boro; eso le hace daño a las frutillas. En general el agua es buena y lo importante es utilizarla con criterio de desierto. Todos nuestros sistemas de cultivos son de riego por goteo. Eso significa que nosotros le entregamos el agua justa que necesita la planta. En el caso de la lechuga, por ejemplo, en cultivo tradicional en el suelo, se usan como 40 litros de agua por lechuga. Y nosotros ocupamos 4 litros de agua por lechuga”. 

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“La gente seguramente vio y probó nuestras lechugas, porque antes de la pandemia estábamos comercializando a través de distintos canales. Por ejemplo, en el Mercado Campesino de Indap; también entregábamos a distintos restaurantes de la ciudad y, a través de las redes de amigos y conocidos, que nos piden bastante. Como el invernadero no es muy grande, no es tanta la producción que tenemos; por esa razón estamos trabajando en la construcción de otro invernadero, gracias a un fondo que nos ganamos con el programa “Impulso Chileno”.

“La lechuga hidropónica es como el producto estrella. Nosotros podemos vender a la mitad de lo que se vende en los supermercados; es un producto que se consume casi a diario; es versátil y se da muy bien. Entonces, nuestro proyecto tiene buenas proyecciones. Muchas de las verduras y hortalizas que se consumen en la región, no se producen acá, así que el futuro es alentador; siempre habrá demanda”.

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VALOR AGREGADO A 
UN PROYECTO VERDE

Agrícola Tamarugal ha incursionado en otras áreas, nos cuenta su hermana, María Isabel Astorga, para agregar valor a la empresa. “Hemos hecho mermeladas de morrón, porotos verdes y morrón encurtido; también mermelada de frutilla. Productos que pueden ser una buena veta de ingresos para lo que estamos produciendo”. Para quienes quieran iniciarse en este tema, la empresa ha dispuesto de huertos caseros, de madera. Con sustrato y plantas según lo que tengan disponible. Los entregan a domicilio, con instrucciones básicas de manejo. Para saber más, a través de las redes sociales @agricolatamarugal en Instagram o Facebook.

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