LA REBELIÓN DE EL MORRO

Patrimonio 05 de enero de 2018
En el principio de los tiempos, como es obvio, no se llamaba El Morro. Ni tenía el sinfín de recovecos que hoy deslumbra a historiadores, antropólogos, arqueólogos y arquitectos. Pero sí lo bañaba el mismo mar que ha alimentado a los descendientes de los changos. Sirvió como piedra angular al Iquique peruano y luego a los adelantos más modernos con que contaba la ciudad. Fue cuna de ciudadanos ilustres y de industrias increíbles. Un barrio que se atrevió a levantar la voz en procura de una categoría que podría darle un nuevo estatus: Zona Típica. Y que está a punto de conseguirla.
Barrio el morro ed1 web
Vecinos barrios el Morro

René Mancilla tiene el pelo y las ideas ensortijadas. Por eso debe ser que se demoró tanto en cuajar un proyecto que venía incubando desde que era estudiante universitario: poner un muro de contención a quienes quieren transformar la ciudad de madera que tanto admira. “El año 1987, como estudiante de arquitectura, hice mi seminario de investigación en El Morro; ahí conocí a Patricio Advis; conocí a Lautaro Núñez en su casa. Entrevisté al Cura Soto: ¡imagínate! Ese primer vínculo con El Morro me marcó fuerte”.


Desde esa época ha caminado sus calles miles de veces. Mirando y admirando el trazado que –enfatiza- nos recuerda el aspecto fundacional de nuestra ciudad. “En esos años yo observaba que la ciudad se estaba destruyendo, que tenía un plano regulador caduco, el que permitía todo tipo de intervenciones, amenazando la esencia iquiqueña: la ciudad de madera”. Se estaba produciendo una destrucción sistemática, agrega, “y no había nada, ni una política, ninguna intención de nadie, más que hablar de patrimonio”. Mientras tanto, “el patrimonio se estaba cayendo a pedazos; entonces había que hacer algo”.


El 2005, ya como flamante arquitecto, René Mancilla recibió el encargo de reconstruir unas viviendas que habían sido dañadas en el poblado de Tarapacá, en el terremoto de ese año. “Ese lugar era zona típica y por lo tanto, antes de intervenir, tuve que estudiar la normativa. Así descubrí que la Zona Típica era un instrumento que estaba por sobre todos. A ese proyecto le puso condiciones el Serviu, el Consejo de Monumentos Nacionales; hasta los constructores tuvieron que adecuarse a esa realidad. Entonces, dije, ese es el instrumento”.

“Cuando finalizamos el proyecto fondart, se expuso ante la comunidad y ahí
Lautaro Núñez propuso la idea de formar el Comando de Defensa del Morro”


Con estos conocimientos bajo el brazo, se encaminó hasta el barrio y se propuso convencer a los dirigentes que había que hacer algo para frenar la destrucción del patrimonio. Que estaba el instrumento y que, además, era imperioso hacerlo, porque se estaba destruyendo la impronta del lugar. En los morrinos encontró tierra fértil, porque la problemática salía a colación en todas las tertulias de sus habitantes. Así surgió el propósito común de que El Morro fuera declarado Zona Típica.

“Postulé un fondart para financiar el proyecto y me acerqué al Club Unión Morro para proponerles la idea. Ellos no sabían de qué se trataba, o sea… algo intuían por la calle Baquedano. Se subieron al carro y confiaron en el asunto: Rodrigo Malagarriga, Cristián Bilbao y algunos próceres: Lautaro Núñez, Oscar Varela y otra gente antigua, que se fueron sumando”. Durante un año y gracias a este financiamiento, el también profesor de arquitectura de la UNAP, dejó los pies en la calle. Recorrió una y otra vez todos los escondrijos del barrio, conversó con Pedro, Juan y Diego (siempre que fueran morrinos) y les repitió hasta el cansancio la importancia de sumarse al proyecto.


“Cuando finalizamos el proyecto fondart, se expuso ante la comunidad y ahí Lautaro Núñez propuso la idea de formar el Comando de Defensa del Morro. Y desde ahí, la gente se ha ido sumando de manera entusiasta. El proyecto era para armar el expediente de zona típica, directamente con ese objetivo”.


Después, agrega Mancilla, se entregó el documento a la comunidad y se empezó a hacer un trabajo más político, a través del cual el municipio –por ejemplo- aceptó solicitar la postergación de los permisos de edificación en la zona. “El alcalde le mandó al Minvu la solicitud y ya está el decreto que los posterga por tres meses. Y mientras se tramita el instrumento, se debe salvaguardar el lugar que se está postulando. Y es prorrogable a un año. Entonces con estos antecedentes, en este tiempo, nosotros deberíamos sacar la Zona Típica. Y de ahí comienza otro proceso, que sería administrarla con la comunidad”.

QUÉ ES ZONA TIPICA
La importancia de lograr esta declaratoria de Monumento Nacional, en la categoría de Zona Típica, es que así se asegura el resguardo patrimonial. “Y al ser Monumento Nacional, el barrio El Morro adquiere ribetes a escala nacional. Es decir, el hecho de que sea Zona Típica indica que la normativa está por sobre todas las otras leyes; incluso el plan regulador tiene que recoger la ordenanza que vamos a diseñar nosotros sobre Zona Típica. Y se pueden realizar proyectos de restauración, de mejoramiento, de subsidios, dentro de ese polígono. Entonces, el beneficio es directo a la comunidad, porque está protegido por el Consejo de Monumentos, por lo cual todos tienen que regirse por lo que dicta el Consejo”.


Lo primero que debemos hacer, dice Mancilla, entusiasmado, “es un plan maestro”. Pero ¿cuáles son las líneas de este plan maestro? “La primera línea es conversar con los dueños de los inmuebles que aspiran a ser declarados monumento nacional. Si es así, se pueden postular a proyectos de restauración, con montos de hasta 200 millones de pesos. Después están los inmuebles de conservación histórica, los cuales pueden ser intervenidos para mejorarlos, para cambiar su uso, para mejorar su infraestructura, mejorar sus techos, etc. También hay fondos para eso. Y después están las casas que no tienen ningún valor, y la gente las puede vender, se pueden hacer obras nuevas, proyectos de arquitectura nuevos”.


La zona monumental de Barranco, en Lima, es un buen ejemplo. “Allí, la comunidad organizada ha logrado desarrollar una oferta inmobiliaria de departamentos, que respetan el patrimonio y tienen alta plusvalía. Entonces, hacer un nuevo edificio en el Morro, con las restricciones de la Zona Típica, será un buen negocio. Y la propia gente podrá hacer sus inversiones, sabiendo que van a ser valorizadas; pueden hacer sus viviendas, pueden transformarlas en hoteles, en restoranes, hacer hoteles boutiques, etc”.


René Mancilla señala que, actualmente, están a la espera de que el Consejo de Monumentos se pronuncie respecto de la solicitud de declaratoria, donde seguramente surgirán observaciones; por otro lado, están buscando las posibilidades de que se acelere el proceso. Una vez que se respondan las observaciones, vendría la declaratoria. El siguiente paso deberá procurar la organización de los habitantes de El Morro en una especie de Corporación para administrar su Zona Típica. Y empezar con los proyectos de restauración, de mejoramiento e ir postulando a los fondos, etc.

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