La pequeña gran historia de Tarapacá viene en camino: UN LIBRO IMPERDIBLE

Arquitectura y Patrimonio 12 de diciembre de 2020 Por Reinaldo Berríos González
Un grupo de investigadores de la Universidad Bernardo O'Higgins, encabezados por Soledad González Díaz, viene recorriendo la región desde hace varios años para resumir -de alguna manera- 12 mil años de historia. Y, a través de un enfoque de “Big History”, prepara un material que dará cuenta de los procesos que hemos vivido en todo este tiempo, más allá del dato o del héroe de turno.
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La aldea de Pircas, enfrente de Caserones, en una fotografía reciente.

Pequeña Gran Historia de Tarapacá . Geoglifos del Desierto La quebrada de los Pintados y cerro Unita, en la Región de Tarapacá, son algunos de los sitios de geoglifos más representativos del norte de Chile. . El Gigante de Tarapacá y otros geoglifos de Cerro Unita han sido tristemente célebres en el último tiempo por su reiterada exposición al tránsito vehicular y peatonal informal. El Gigante también ha sido objeto de constantes intervenciones que afectan la integridad de su trazado original como, por ejemplo, la adición de penes u ombligos a su cuerpo. Si te fijas bien, nuestro propio registro del año 2018 del Gigante evidencia una de estas intervenciones. Los escombros abandonados de un fallido cierre perimetral tampoco contribuyen a conservar este monumental testimonio del pasado precolombino tarapaqueño. . Si quieres que el Gigante siga existiendo debes ingresar por el camino de acceso al sitio a baja velocidad y dejar tu vehículo en el lugar permitido. Sé respetuoso con las indicaciones y restricciones de los letreros o folletos y recorre el perímetro del cerro a pie, usando el camino indicado. No intentes subir el cerro: los geoglifos y su entorno son extremadamente frágiles. . #Explora230086 #historiaandina #tarapaca #nortegrande #andes #andeanmountains #exploratarapaca #patrimonio #daño #cienciapublica #atacamadesert #historiadechile #historia #patrimonio #divulgacioncientifica #educacionpatrimonial #exploratarapaca #Tarapacalovers #arqueologia #archaeology

Fotos: Juan Pablo Donoso y Evaristo Jarawi

Se trata de un proyecto ambicioso: un libro pequeño, que se podrá leer en un par de horas, pero que resume la historia de Tarapacá desde los primeros poblamientos hasta la crisis del salitre. Un volumen que estará destinado, además, a ser difundido urbi et orbi, para que todos los habitantes de esta región sepamos valorar lo que tenemos en materia de patrimonio, de historia y de riqueza comunitaria. Un proyecto “Explora”, financiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación y que estará listo en marzo o abril del año próximo.

Soledad González Díaz es historiadora, especialista en etnohistoria y, además, doctora en filología hispánica. En la actualidad es directora del Centro de Estudios Históricos de la Universidad Bernardo O'Higgins y nos recibe en su hogar -vía zoom- para hablar del tema. “Esto partió como un proyecto de investigación aplicada que nosotros -como Centro de Estudios Históricos-, ejecutamos para el ministerio de Bienes Nacionales, hace dos años”.

-Se trató de una investigación exhaustiva, por lo que sabemos, que dejó muchas derivadas. Así surgió la idea del libro.

-Exactamente. De ese trabajo quedaron muchos insumos, mucho material, por lo que decidimos postular a un proyecto de divulgación científica, como es el caso de Explora, para que la información llegara a la gente de forma más directa. Y esto porque en las comunidades donde ejecutamos el proyecto, hicimos entrega de la información, pero en un formato técnico. ¡Eran seis tomos! Pero claro, la gente no iba a leer seis tomos de un libro, con mapas… Entonces surgió la idea de hacer un libro más accesible, muy visual; tuvimos la fortuna de adjudicarnos el proyecto y aquí estamos. El proyecto original tenía que ver con una necesidad de ese ministerio de contar con una información fidedigna, ordenada, acotada, sobre el patrimonio arqueológico de la quebrada de Tarapacá y de Huatacondo. 

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Infografía: Víctor Martínez

-¿Qué pasa con este territorio, que todos los investigadores terminan enamorándose de sus estudios?

-Es que aquí siempre se va aprendiendo; hace poco integré un equipo junto a biólogos y paleocólogos, además de otros profesionales en el equipo y aprendí mucho. Descubrí cosas en las que antes no me había fijado; cosas que como historiadora no había descubierto. Lo que a mí más me llama la atención de Tarapacá son dos cosas: lo primero es que las condiciones climáticas han permitido que se conserven muy bien registros que son muy antiguos, que se han preservado, (a pesar de que hay también mucha destrucción en algunos sitios y están en mal estado), pero son muchas las cosas que se han conservado; y lo otro que es muy impresionante es la larga historia que tiene Tarapacá. Y eso también es muy importante, porque uno la puede leer en las quebradas, la puedes ver, sin mayor esfuerzo. 

-Se pueden observar procesos, más que hechos puntuales.

-Así es. Todo esto permite, y es lo que me gusta, hacer una lectura más de procesos y de continuidades y de rupturas, pero a largo plazo. Generalmente en la historia, en la arqueología, contamos con fragmentos, con pequeñas huellas, con pequeñas pistas, que -a veces-no tienen conexión… un fragmento aquí, una cerámica allá, un documento 120 años después. Y, por eso, es difícil observar los cambios, las continuidades, los procesos. Pero en Tarapacá sí se puede. Y eso es maravilloso: hay muchos vestigios y, también, registros de los numerosos desplazamientos de sus habitantes. Hubo movimiento antes, en los tiempos precolombinos y también después, en los tiempos históricos: mucha migración, tránsito, movimiento, intercambio; son testimonios de una riqueza enorme en cultura, en materialidad.

-¿Algo más que justifique esta pasión por Tarapacá?

-Una tercera cosa que valoraría de Tarapacá es la tradición de la agricultura que tiene. En los estudios precolombinos no se usa el término neolítico para América, se usa el término “formativo”, para referirse al período en el cual se desarrolló la domesticación de plantas y animales, que fueron muy importantes porque permitieron el desarrollo de la agricultura y el pastoreo a nivel macro. Entonces, las melgas de cultivo y todo lo que uno puede ver en los canales de regadío que hay en los sitios arqueológicos que subyacen bajo la arena, es muy cautivador; de alguna manera es un testimonio de nuestro “neolítico”, por así decirlo. Y que no siempre es posible observar en otras regiones del país. Al menos con una evidencia tan clara.

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Una toma aérea de la aldea de Caserones. En el círculo, dos personas caminando.

-Se trata, además, de personas que tenían las mismas inquietudes y se hacían las mismas preguntas que nos hacemos nosotros...

-Por supuesto, cultural y tecnológicamente no eran igual a nosotros, pero desde el punto de vista biológico y cognitivo sí lo eran. Se trata de homo sapiens sapiens, y además tardío, porque la humanidad partió en África como homo sapiens hace 200 mil, 300 mil años, siempre está la discusión. Y a Tarapacá llegamos como humanidad hace 12.800 años. Entonces, y esto está muy claro, es hace poco. Quienes llegaron a Tarapacá eran personas como nosotros, que -por ejemplo-experimentaron miedo y ante el temor de una enfermedad desconocida, como la que estamos experimentando ahora, también sintieron incertidumbre. Y la explicaron, como otros seres humanos, con un desarrollo tecnológico y cultural similar, a través de la magia, de ofrendas a la tierra; o de establecer una relación con la naturaleza más horizontal, de mayor reciprocidad. Ellos resolvieron los problemas de distinta manera, pero los enfrentaron como nosotros.

-¿Cómo se reducen 12 mil años de historia a un libro que se puede leer en dos horas?

-Esta idea de hacer una pequeña gran historia no se me ocurrió a mí. Está inspirada en una corriente en historia que se llama “Big History”, que se ha desarrollado más en otros países y que plantea una historia que parte desde el “big band” y termina en la actualidad. Nosotros somos menos ambiciosos y decidimos partir en el poblamiento y terminar, básicamente, en el ciclo del salitre. La idea es superar un poco -o por lo menos contribuir a superar- esta historia que está tan centrada en el héroe, en la fecha, que es importante también, pero no lo es todo. Falta una visión de contexto, falta una visión de proceso… porque cuando uno tiene una visión de proceso, de un devenir, contribuye a formar un juicio crítico respecto a la historia. Porque, y esto es lo importante, la historia no son solo efemérides, ni se trata de personas que hicieron una gran gesta.

-¿Qué podemos aprender de todo esto, por qué es importante?

-Creo que, si algo podemos aprender en estos tiempos terribles que nos ha tocado vivir, con un desastre ecológico ad portas importante, producto del pésimo manejo que como humanidad hemos hecho de los recursos, es de nuestra propia historia. Y para aprender de esa historia tenemos que aprender de los procesos, de las cosas que han pasado en una escala temporal amplia; hay que alejar un poco la lupa y ver las consecuencias que determinadas decisiones, prácticas y tecnologías, tuvieron en -por ejemplo- 100, 200, 300 o 1.000 años. Y no tanto centrarnos en un año determinado que pasó una cosa o que una persona hizo tal otra. Por eso es un proyecto ambicioso, pero también tiene esta ilusión de conocer nuestro pasado un poco más allá del dato. 

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Fotografía aérea de Tarapacá Viejo.

Para saber más: a través de las redes sociales se podrá ir conociendo más del proyecto. Tienen planificado hacer concursos navideños, en donde sortearán la infografía del Gigante en papel y libros relacionados con Tarapacá, todo enviado a domicilio dentro de Chile. Facebook: /centroestudioshistoricos.ubo Instagram: @ceh.ubo


UNA REGIÓN QUE TIENE LAS 
HUELLAS DEL TIEMPO INTACTAS

Finalmente, señala Soledad González, Tarapacá es una región -y esto no lo digo yo, sino que refleja el resultado de investigaciones de diferentes colegas-, multicultural, pluriétnica y plurinacional. En Tarapacá vivió gente de distintas culturas, de distintas etnias; además, siempre ha habido procesos migratorios en marcha. El hecho de que haya aldeas como Ramaditas o Caserones, no es que la gente se haya ido a vivir ahí y se quedaron para siempre. Las aldeas potenciaron el intercambio, la movilidad y ese movimiento entre la cordillera, la costa, las quebradas, la pampa y el otro lado de la cordillera, generó una identidad más cosmopolita. Y ahora mismo lo estamos viendo en la región, tal como fue también en la época del salitre. De alguna manera todo eso se cristaliza en Tarapacá y eso es muy interesante. Y también, por cierto, estará en el libro.

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