LOS GIGANTES GENTILES ESTÁN EN PELIGRO EN TAILANDIA

Ciencia 29 de junio de 2019 Por Liliana Rojas
Es difícil imaginar que animales tan grandes y fuertes como los elefantes puedan sentir tanto miedo de los humanos, pero el historial de abusos y maltratos a los que muchos han sido sometidos desde su más temprana edad, dan cuenta de ese temor histórico que los está llevando aceleradamente a su extinción. Para evitar que esto ocurra, desde 1996 existe en Tailandia una fundación y parque de rehabilitación de paquidermos, que sobrevive gracias a donaciones internacionales y la colaboración de voluntarios provenientes de diversos puntos del planeta. La periodista iquiqueña Liliana Rojas pertenece a este grupo y esta es su historia.
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A las seis de la mañana de un día cualquiera en Elephant Nature Park, en Chiang Mai, al norte de Tailandia, suenan los despertadores para comenzar el día. Cientos de voluntarios provenientes de los más diversos puntos del planeta, motivados por la idea de aportar a la rehabilitación de elefantes liberados del maltrato y abuso por años, trabajan en variadas tareas que van desde preparar sus comidas, limpiar sus desechos, recolectar hojas de bambú, hasta acompañarlos en sus caminatas diarias, entre un gran número de misiones que día a día dan vida a este refugio animal. 

En buena medida, Elephant Nature Park subsiste gracias a donaciones y la presencia de voluntarios, quienes pueden colaborar por días, semanas y en algunos casos meses. Ciudadanos europeos, asiáticos, americanos y de Oceanía, conforman un muy variado grupo de alrededor de 60 a 70 personas diariamente, los que se suman a los trabajadores habituales del parque. Entre todos abordan la gran cantidad de misiones que se requieren para el buen funcionamiento de este centro de rehabilitación animal, que en su totalidad alberga a alrededor de 800 animales, entre elefantes, búfalos, vacas, perros y gatos, todos ellos rescatados de maltrato o abandono.

Sin duda las estrellas del parque son los elefantes asiáticos, variedad de paquidermo un poco más pequeña en tamaño que los africanos. Estos son rescatados después de una vida de sufrimiento. Cuando pequeños son capturados desde sus entornos naturales; los cazadores identifican una manada y ponen su objetivo en los más pequeños, pero para poder llevárselos deben luchar contra la férrea defensa de los mayores, quienes -muchas veces tratando de evitar que les quiten a sus crías- mueren a balazos, lo que ha provocado una fuerte disminución de la población de elefantes en Tailandia, dejándolos en un evidente peligro de extinción.

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Así, las crías capturadas son sometidas a entrenamientos basados en golpes y malos tratos, hasta lograr someterlos y adiestrarlos para ser utilizados como animales serviles en instalaciones de talas ilegales, atracción de circos y también para llevar a personas en paseos turísticos. Son golpeados, mal alimentados y cuando no, son sometidos a largos días de trabajo y encarcelados con cadenas en pequeños espacios, como si fueran esclavos. Incluso, en la actualidad, miles de elefantes deambulan por grandes ciudades como Bangkok con sus mahouts (cuidadores y adiestradores) en busca de donaciones de turistas o del público y con cada flash de las fotos que les toman, poco a poco los van dejando ciegos. Esa es su triste realidad, muy lejos de su entorno natural en la selva asiática.

SERIA AMENAZA

“Los elefantes tailandeses están bajo seria amenaza. A menos que estén protegidos de manera rápida y adecuada, es posible que solo existan en libros y fotos en un futuro cercano”, reflexiona Lek Chailert, fundadora de Elephant Foundation y Elephant Nature Park, centro de rescate y rehabilitación de elefantes situado en Chiang Mai, una ciudad del selvático norte de Tailandia.

Desde la creación del centro -en 1996- han participado en más de setenta rescates, que han creado una próspera manada de elefantes que vive de la forma más natural posible dentro del parque. Allí se les ofrece un entorno adecuado, donde, además de estos paquidermos, se pueden encontrar al aire libre, más de 400 perros, 200 gatos, 70 búfalos y muchos otros animales abandonados o maltratados, que también disfrutan del cuidado de un centenar de voluntarios y trabajadores que dan vida a este gran refugio animal.

Han sido rescatados a lo largo y ancho de toda Tailandia y más del 80% de los elefantes, cuando llegan al parque, tienen graves problemas mentales, lo que se manifiesta con mucha ira o agresividad. Esto, obviamente, producto del maltrato permanente y estrés al que han sido sometidos. “Sufren, están traumatizados con su trabajo. Cuando llegan aquí, lo primero que tenemos que hacer es construir la confianza, porque ven a los seres humanos como enemigos”, explica la fundadora del parque.

ESTAR A SALVO

Es imposible que los elefantes, tras su estadía en el parque, vuelvan a la vida salvaje, porque casi todos nacieron cautivos o fueron domesticados cuando eran bebés, “así que si los ponemos ahora en la vida salvaje, no sobrevivirían, es imposible”. Chailert explica que usan el dinero de los visitantes de manera sostenible, pero también tienen otras compañías para solventar los gastos de mantención del parque. “Producimos café y vendemos recuerdos como camisetas, joyas y libros en una tienda dentro del parque, porque es la única forma de conseguir dinero. Todo lo que se reúne es para mantener a nuestros animales”, señala.

Los elefantes son el símbolo de Tailandia, pero no tienen ninguna protección de las autoridades. Por esta razón, Chailert y su equipo están luchando para que se promulgue una ley que pueda protegerlos. Mientras eso no ocurra, la única herramienta de protección que tienen es la educación hacia la población: “necesitamos más educación para transformar la conciencia de las personas y hacer un cambio. Queremos que vean el maltrato animal como algo que se debe evitar, porque no es natural ver un oso sobre una cuerda floja o un elefante saludando en dos patas. Queremos que a través de las redes sociales, puedan difundir estos mensajes y así ayudar a recuperar la dignidad y el respeto que todo animal merece”.

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“UNA EXPERIENCIA ENRIQUECEDORA”

“Sin duda, una de las experiencias más enriquecedoras que he tenido en mi vida, fue haber servido como voluntaria en Elephant Nature Park, porque se trata de un real santuario para elefantes y otros animales, donde son cuidados y respetados como seres sintientes”.

“Allí tienen libertad para moverse, un amplio terreno cruzado por un río en el que pueden bañarse y disfrutarse como manada permanentemente. Es un espacio de respeto y dignidad para animales que toda su vida han sido tratados como esclavos. Es increíble poder ser testigos de la evolución de su confianza hacia los humanos y la forma en que ellos mismos se relacionan con sus pares”.

“El trabajo de voluntariado fue bastante agotador, cada día levantarse al alba y trabajar a pleno sol con 35 grados de temperatura era una dura tarea, pero sentir que en algo podía contribuir para darles un mejor pasar en lo que les queda de vida a tantos animales, era la mayor satisfacción”.

“Una de las tareas en las que se requiere la mayor cantidad de voluntarios es la alimentación. Más de tres toneladas diarias de comida son necesarias para alimentar a los casi 800 animales en total que subsisten ahí”.

Para quienes deseen vivir la experiencia de aportar como voluntarios en esta causa, deben inscribirse en la página del parque www.elephantnaturepark.org y buscar las fechas disponibles, porque existe una alta demanda por participar ahí, lo que es la mejor noticia para los rescatados, ya que la sobrevivencia de este santuario se basa en un 90% en las donaciones que se reciben y los aportes que hacen los voluntarios”.

Texto y Fotos: Liliana Rojas

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