INTERNET, CADA VEZ MÁS FUERTE GRACIAS AL CORONAVIRUS

Innovación y Desarrollo 15 de abril de 2020
Ni la electricidad, ni el agua, ni el transporte habrían podido asumir un aumento de la demanda tan enorme como el que está viviendo la red. Pero en lugar de colapsar, los servicios y proveedores están expandiéndose más rápido que nunca con cambios que probablemente se mantendrán vigentes cuando todo esto acabe.
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De repente, nuestra conexión a internet se ha convertido en una especie de cordón umbilical con el mundo exterior. Desde que la pandemia de coronavirus (COVID-19) nos obligara a confinarnos en casa, dependemos de ella para trabajar, asistir a clases y relacionarnos con otras personas. Es nuestra principal fuente de entretenimiento. Y la estamos usando mucho.

Entre enero y finales de marzo, el tráfico de internet aumentó alrededor de una cuarta parte en muchas ciudades importantes, según Cloudflare, la compañía estadounidense que proporciona infraestructura de red a empresas de todo el mundo. La demanda se ha disparado y en especial para ciertos servicios online.

Las videollamadas han sustituido la interacción directa con colegas, familiares y amigos. En los primeros dos meses de 2020, más personas empezaron a usar el software de videoconferencia Zoom que en todo 2019. El entretenimiento del confinamiento también está en auge. Un número récord de personas está utilizando Steam, la popular tienda online de juegos de PC. En un momento dado del pasado fin de semana, más de 24 millones de jugadores iniciaron sesión al mismo tiempo, lo que supone un aumento del 25% desde febrero. Y las tiendas online de alimentos no son capaces de manejar el aumento de la demanda, lo que obliga a sus clientes a esperar durante horas en colas virtuales compuestas por decenas de miles de personas.

Entonces, ¿cómo está lidiando internet con la explosión de uso más repentina desde que nació? Hay signos claros de sobrecarga: wifi que se ralentiza, sitios web que no se cargan, videollamadas que se cortan. Pero a pesar de los contratiempos ocasionales, internet está funcionando bastante bien. De hecho, la crisis de la COVID-19 está provocando la mayor expansión de internet en años.

El jefe del proyecto de mapeo llamado Internet Topology Zoo de la Universidad de Adelaida (Australia), Matthew Roughan, afirma: “Internet está teniendo dificultades para mantenerse al día con el cambio, de forma anecdótica. Tendemos a escuchar las malas noticias en estos momentos”. El director del otro proyecto de mapeo de internet de la Universidad de Wisconsin (EE. UU.), Paul Barford, está de acuerdo. Cuanto más usamos internet, más notamos sus fallos. Aún así, es posible ver alguna breve interrupción local, pero sin efectos más amplios, afirma: “Ese es el objetivo de una red distribuida”.

Además de usar internet de manera más general, también nos estamos conectando en momentos diferentes y desde distintos lugares. En vez del pico que ocurría después del trabajo a las 19:30, ahora hay un aumento del uso justo antes del almuerzo, asegura el CEO de Cloudflare, Matthew Prince. No está claro por qué, pero puede ser que a última hora de la mañana mucha gente está en reuniones virtuales o aulas. Estos cambios no son universales. Según Cloudflare, el uso de internet ha aumentado alrededor del 40 % en Italia. Pero en Corea del Sur, donde las personas ya eran grandes usuarias de internet durante todo el día, el cambio resulta menos pronunciado.

Cloudflare también tiene datos sobre desde dónde nos conectamos. Ha creado mapas que revelan cómo la actividad humana ha dejado atrás los centros de las ciudades y se ha trasladado a los barrios residenciales. Los mapas muestran el cambio en el uso de internet durante el día que se nota entre el miércoles 19 de febrero y el miércoles 18 de marzo, antes y después de que un gran número de personas empezara a trabajar desde casa. Los centros urbanos son de color rojo, indicando una disminución en el uso de internet, rodeados de anillos verdes, que indican el aumento de la conectividad.

El repentino aumento de la demanda se está tomando en serio. Después de la presión realizada por el Comisario de la Unión Europea para los mercados de internet, Thierry Breton, una serie de compañías de transmisión de vídeo, incluidas Netflix, YouTube, Facebook y el recientemente lanzado Disney +, acordaron reducir la calidad de imagen del vídeo transmitido en Europa para evitar esos contratiempos. El vídeo representa más de la mitad del tráfico de internet, según el análisis de la empresa de hardware de internet Sandvine. Del mismo modo, Sony, Microsoft y Valve, en Steam, han reducido el envío de actualizaciones a los videojuegos o las han restringido a las horas de menor actividad.

Además del aumento en el tráfico, el confinamiento sobrecarga internet de dos formas adicionales. Primero, las conexiones del último tramo, las que se llevan a cabo desde los intercambios o centros de datos locales hasta nuestra casa, son generalmente las más débiles de una red. Muchas deben viajar por cables obsoletos. Cuando se introdujo la banda ancha en EE. UU., se solían utilizar los cables instalados originalmente para TV. Estos cables fueron diseñados para canalizar los datos hacia un hogar y, no de él hacia fuera, por eso la descarga de vídeos desde una conexión a internet doméstica podría resultar irregular. Las conexiones en los hogares también tienden a tener un ancho de banda menor que las de oficinas o escuelas, y por eso las actividades familiares parecen más lentas. Y los cables de internet más estrechos se congestionan cuando todas las personas de un barrio quieren usar internet al mismo tiempo.

Un segundo problema consiste en que las compañías de internet ahora tienen que manejar el tráfico desde múltiples ubicaciones en vez de desde unos pocos núcleos. Por ejemplo, a Dropbox le es más fácil manejar a 1.000 usuarios cuando todos se conectan desde un solo campus universitario o desde un edificio de oficinas. Toda esa actividad se puede canalizar a través de una única conexión de alta velocidad. Pero ahora esos miles de usuarios están repartidos por todo el país y se conectan desde centenares de redes diferentes.

Aún así, a pesar de estos inconvenientes, internet parece estar funcionando bien. Las comprobaciones de estado de RIPE y Ookla, dos organizaciones que controlan las velocidades de conexión en todo el mundo, muestran ralentizaciones menores y pocos cambios en general. Cuando Netflix y YouTube bajaron su calidad, no fue porque internet no lograra salir adelante, afirma Prince: “Hacerlo de forma voluntaria antes de que surja cualquier problema muestra que son buenos usuarios de internet”. Es una medida de por si acaso.

Es posible que todo esto haya que agradecérselo a la cuarta revolución industrial. Hace dos décadas, había poco interés comercial en internet, lo que significaba que su infraestructura se gestionaba de una manera relativamente ad hoc. Un evento único, como un importante anuncio de noticias, podía derrumbarlo todo, asegura el CEO de CyrusOne, Tesh Durvasula, una de las varias compañías internacionales que ayudan a mantener el buen funcionamiento de internet instalando y administrando los grandes grupos de ordenadores que componen la nube. Ahora, toda una industria ha surgido y rehecho internet para sus propios fines. Las compañías de telecomunicaciones como Comcast, los creadores de contenido como Netflix, los gigantes minoristas como Amazon, los proveedores de almacenamiento virtual como Dropbox, además de una gran cantidad de otros centros de datos y servicios en la nube, han creado nuevas conexiones, reforzado las antiguas y conectado millones de servidores súper rápidos. La inversión ha aumentado enormemente la capacidad, la velocidad y el rendimiento en todos los ámbitos. “La industrialización de internet ha creado un poderoso conjunto de redes que, en gran parte, funciona maravillosamente”, asegura Durvasula.

Este artículo en forma extensa fue publicado en MIT review.

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