BOBBY DEGLANÉ: El iquiqueño que marcó el rumbo de la radio en España

Memoria 22 de junio de 2020
Roberto Deglané Portocarrero, más conocido como Bobby Deglané, (nacido en Iquique, Chile, el 18 de noviembre de 1905) es uno de los personajes más sorprendentes y espectaculares de entre los chilenos “internacionales” del siglo XX, es decir que, de una u otra manera, han triunfado en el exterior. Apenas conocido en Chile, fue el artífice de la radiodifusión moderna en España y, por sobre todas las cosas, un aventurero como pocos.
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1 / 2 - Bobby Deglané - Getty

Algunas de las decenas de artículos periodísticos que se han escrito sobre él, señalan que “salió de su Iquique natal, el norte grande chileno, habiendo sido oficial de Carabineros a fines de la década del 20 con rumbo a los EE.UU. para convertirse en piloto de avión. Se cuenta que durante la travesía perdió todo el dinero que llevaba consigo en una partida de póker y que terminó fregando platos en el Hospital Montefori del Bronx”. Con el dinero ahorrado entró a estudiar periodismo en la Universidad de Columbia, para luego cursar una especialización en radio en la prestigiosa y pionera academia Floyd Gibbons en donde se graduó con honores. “Allí, en New York, es donde arranca verdaderamente su pasión y el inicio de una exitosa trayectoria por el relato y el comentario deportivo”.

Poco tiempo después retornó a Chile por un breve periodo y se desempeñó en el diario La Hora y la Radio Minería. Antes de partir a Europa por primera vez, trabajó en Radio Rivadavia de Argentina y Río de Janeiro en Brasil. En este contexto fue descubierto y tentado por Radio Barcelona, gracias a la fama que le precedía en relatos de combates de catch-as-can (“agarra como puedas”), haciéndose cargo de los relatos deportivos de box, catsh, lucha libre, baloncesto, etc. “Entonces llegó la guerra y trabajé como corresponsal. Ya era figura popularísima y me conocían los soldados y generales”, dijo en una entrevista.

Por esos años conoció a Pablo Neruda y a Federico García Lorca, el malogrado poeta granadino. “El vate lo (mal) recuerda en sus memorias (Confieso que he vivido, escrita 30 años después del encuentro), a propósito del alzamiento militar del 18 de julio de 1936, en uno de los más célebres pasajes de su libro: “Todo empezó para mí la noche del 19 de julio de 1936. Un chileno simpático y aventurero, llamado Bobby Deglané, era empresario de catch—as—can en el gran circo Price de Madrid. Le manifesté mis reservas sobre la seriedad de ese “deporte”, y él me convenció de que fuera al circo, junto con García Lorca, a verificar la autenticidad del espectáculo. Convencí a Federico y quedamos en encontrarnos allí a una hora convenida. Pasaríamos el rato viendo las truculencias del Troglodita Enmascarado, del Estrangulador Abisinio y del Orangután Siniestro. Federico faltó a la cita. Ya iba camino de su muerte. Ya nunca más nos vimos. Su cita era con otros estranguladores. Y de ese modo la guerra de España, que cambió mi poesía, comenzó para mí con la desaparición de un poeta”.

Con el estallido de la guerra, trabajó como corresponsal y fotógrafo como reportero gráfico en el bando de los golpistas. Su misión era levantar la moral de las tropas franquistas, como miembro del servicio de Prensa y Propaganda. “En los tristes años de posguerra, la voz de Deglané se convertiría en una de las más destacadas de la radio en España, deudora hasta hoy de sus audacias: entre sus mayores éxitos estaría la creación de programas tan exitosos como Cabalgata fin de semana y la puesta en marcha de Carrusel deportivo. Su popularidad llevó a que varias decenas de miles de cartas colapsaran cada día las oficinas de la radio”, señala un artículo del diario El País.

Bobby Deglané

Su habilidad como locutor y comentarista le hizo obtener más celebridad aun al triunfar en la maratón de la referida academia radiofónica de Floyd Gybbons de Nueva York, luego de transmitir frente a los micrófonos sin interrupción durante siete horas y quince minutos. Todo un record hasta entonces. “Acaso por ello, adelantándose a las Teletón o Maratón (este personaje es el Don Francisco de la radiodifusión iberoamericana), como hizo con los magazine espectáculos concursos comerciales sabatinos adelantándose varios años a los shows de TV, impulsó, desde sus micrófonos de Radio España, un enorme programa de solidaridad con Sevilla con motivo de las graves inundaciones del año 1961, que se conoció como “Operación clavel”; cuestión que, como hizo de algún modo el mismo don Francisco con la Teletón, contribuyó a aumentar su imagen y popularidad”.

“Era una voz preciosista y gesticulante, experta en tracas de calculada arritmia, en aceleraciones transparentes y en grandes pausas expectantes, especialmente apta para conectar la conciencia de sus oyentes, sumergidos en un tiempo sin transcurso, sin calidades y sin matices, con una idea de esfuerzo exultante, de optimismo casi deportivo ante la vida. Era, por lo tanto, la voz precisa y exacta que pide a gritos toda posguerra, toda comunidad hundida”, señala una crónica en España.

En 1978, Bobby Deglané recibió un homenaje nacional en España y se le concedió la medalla al Mérito en el Trabajo, en su máxima categoría, como justo reconocimiento a su incansable labor radiofónica a lo largo de 48 años. Poseía también, entre otras condecoraciones, la medalla de oro del Círculo de Bellas Artes, era comendador de la Orden de Isabel la Católica y premio Antena de Oro.

Su hijo, Roberto Deglané, cree que si su padre hubiera sido norteamericano tendría dos o tres películas sobre su historia, “pero nació en Chile y convivió en España”, afirma rotundo. Sin embargo, su padre sí protagonizó varias cintas de las que se proyectaron además varios fragmentos durante el acto: Campeones, Historias de la radio, Un caballero andaluz o Esa voz es una mina. En todas ellas, Bobby hacía siempre el mismo papel: el de un locutor entusiasta.

Hoy una calle de Sevilla, en el sector de la Magdalena, al costado de la Radio Sevilla, lleva su nombre, en Chile muy pocos saben siquiera que existió… Su enorme legado, compuesto por toda suerte de documentos y archivos, fue entregado por su familia al Museo de la Radio de Pontevedra, Luis Del Olmo. Todo un desafío y una invitación explícita para futuros investigadores.


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