La época de Matías González de Cossio: minas, oficinas y sociedad en Tarapacá colonial (parte 2)

El caso de Matías González de Cossio, motivó al autor de este artículo al estudio de la minería preindustrial en Tarapacá como un proceso histórico, económico y social, único a lo largo de ambos siglos. Hubo notables personajes en el antiguo Tarapacá, no solo élites, también trabajadores subalternos, peritos mineros, rebeldes y exploradores del desierto. Aquí la segunda entrega de esta interesante historia.

Memoria 21/05/2024 Damián Lo (*)
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Esquema de la Oficina de Beneficio en Potosí, inicios siglo XVIII.

Matías González de Cossio fue uno de los personajes más importantes de Tarapacá en el último cuarto del siglo XVIII hasta su muerte en 1813. Fue propietario de una oficina en San Lorenzo y uno de los personajes más interesantes de su época. Estimamos su nacimiento en Pica alrededor de 1750. El padre biológico de Cossio fue el cura de Pica, Juan Bautista de Aristi, quien falleció en 1777 dejando a Matías y a su madre, Petrona de Morales, una herencia de cuatro mil pesos, dos niños esclavos y tierras. 

El padre biológico de Cossio fue el cura de Pica, Juan Bautista de Aristi, quien falleció en 1777 dejando a Matías y a su madre, Petrona de Morales, una herencia de cuatro mil pesos, dos niños esclavos y tierras.

Un amigo de este cura fue Juan Antonio González de Cossio, capitán de infantería y gobernador de la provincia en 1773. Es plausible presumir parentesco de Juan Antonio con Felipe González de Cossio, un adinerado empresario que financió operaciones mineras en Tarapacá en la década de 1740. José Antonio adoptó como hijo político a Matías, dándole sus apellidos y heredándole bienes. El cura vicario Tomás Ruiz Abad, acérrimo enemigo de la élite minera tarapaqueña, diría en 1792 que Matías González de Cossio era “de más vil y bajo nacimiento y de más ruines e inicuos procederes”. “su origen procede de una samba, o cuando más noble, chola, que aún vive, en cuyo vientre fue concebido a expensas de un sacrilegio (…)”.

La estrategia de Cossio para enriquecerse fue capitalizarse invirtiendo en beneficio propio recursos ajenos. Aprovechando los cargos públicos que ejerció y las sociedades en las que participó, accedió a bienes y dineros que le permitieron nuevas inversiones que le facilitarían, en teoría, reembolsar a socios y acreedores. Por ejemplo, fue depositario de bienes en litigio, cargo de alta responsabilidad que consistía en custodiar temporalmente propiedades y dineros de terceros. 

Recibió la administración transitoria de bienes y dineros que empleó en su provecho, sin rendirlos oportunamente, acumulando una cantidad notable de acreedores. La estrategia al parecer fue exitosa durante su juventud, adquiriendo riqueza y prestigio social. Ostentó diversos cargos públicos de prestigio y fue coronel de milicias. Era propietario de tierras, minas, oficinas de beneficio y de un lucrativo molino de trigo. Articuló redes de confianza y dependencia en torno a su persona. Este modelo de negocios se derrumbó finalmente con la multidimensional crisis de la minería regional. 

Ostentó diversos cargos públicos de prestigio y fue coronel de milicias. Era propietario de tierras, minas, oficinas de beneficio y de un lucrativo molino de trigo.

Las primeras operaciones mineras de Matías González de Cossio fueron solicitudes de pertenencias mineras, adquisición de oficinas y compras de esclavos. En 1777 adquirió la “fábrica de caliches” de Ambrosio de Morales, ubicada en Huantajaya. Hacia esta fecha ya se producía salitre en Tarapacá, pero no debemos confundir el concepto caliche con salitre en el siglo XVIII, dado su uso amplio como sinónimo de cualquier costra rocosa. No es descartable que esta oficina haya sido un pequeño taller de confección de salitre y pólvora, pero es más factible que se haya tratado de un beneficio de plata en un recinto construido a partir de la característica costra del desierto. En 1779, Cossio registró la mina Nuestra Señora de la Merced en el cerro Carmen, primera de varias que explotó en lo restante del siglo. 

TC2 2Hornos y fondos de cobre del método de beneficio de Alonso de Barba.

En 1794, firmó una hipoteca con el comerciante Juan Antonio González Vigil para importar cinco mil libras de azogue a pagar en nueve meses. La hipoteca comprendía “su azoguería, con todos sus aperos y de una casa de vivienda, que tiene, contigua y sirve a su habitación y de dos fanegadas de tierras, puestas de alfalfar que tiene por suyas propias en esta quebrada y pago de Tilivilca”. Respecto del origen de esta oficina, es posible haya sido originalmente un legado de su padre político, expandido al anexionar propiedades vecinas mediante compraventa.  

La casa-oficina en San Lorenzo fue inventariada producto de su testamento en 1813. Se componía de un gran almacén donde había fondos de cobre y salitre y un recinto contiguo identificado como el buitrón donde estaba el patio dotado de cinco guimbaletes, bateas para lavar pellas, sellos para marcar piñas y plata labrada con las iniciales del propietario. Diversas herramientas e implementos se encontraban viejos, rotos, inservibles etc. 

Esta característica fue típica del régimen proto-industrial de producción minera.  Dado que el productor estaba crónicamente endeudado, el bajísimo margen de utilidades le impide renovar los implementos de trabajo, presentándose estos siempre en mal estado o pronunciado desgaste. En este recinto vivía el esclavo Pedro. Entregado en herencia a Matías por su padre biológico, Pedro adquirió el nombre de Cossio, al igual que su esposa Teresa, nacida en África y las tres hijas pequeñas del matrimonio.  Teresa, a diferencia de Pedro, sabía leer y escribir, dato clave que refiere a las labores administrativas que cumplieron mujeres afrodescendientes para sus amos en Tarapacá colonial.

Este personaje destacó por su creatividad en la técnica del beneficio minero. Era un hombre muy culto e instruido, dueño de una cuantiosa biblioteca de literatura, religión, ciencias y diccionarios de las lenguas indígenas. En 1788 presentó en Carangas, actual Bolivia, un método de fundición utilizando minerales de poco valor denominados soroches que se encuentran en desmontes y minas abandonadas. 

Este personaje destacó por su creatividad en la técnica del beneficio minero. Era un hombre muy culto e instruido, dueño de una cuantiosa biblioteca de literatura, religión, ciencias y diccionarios de las lenguas indígenas.

Al añadir este mineral como ingrediente, los metales fundidos rendían el doble de plata. Pedro del Cerro, gobernador de Carangas, alabó el “genio prolijo y travieso” de Cossio por lo efectivo del método y por incentivar la reapertura de minas paralizadas. Años después, en 1807, propuso al virrey del Perú un proyecto de riego y cultivo de la pampa a partir de la canalización de aguas desde la alta cordillera hasta el desierto. El ingeniero comisionado por el virrey, Francisco Javier Mendizábal, descartó la idea por sus altos costos dada la compleja geomorfología cordillerana. 

A partir de 1792 administró las minas y propiedades en litigio que dejó Domingo de Isola, minero español que trabajó en Tarapacá en las décadas de 1760-1770. Falleció Juan Andrés Isola hacia 1803, único heredero, sin descendientes, quien nombró heredero a José Robledo, residente en Lima. En 1806, Lorenzo Robledo, sobrino de José, exigió a Cossio el valor de los bienes de Isola que quedaron en Tarapacá bajo su custodia. Este caso registra un interesante antecedente sobre la historia del salitre. 

Las crónicas indican que el minero tarapaqueño Matías de la Fuente y el comerciante español de Tacna, Sebastián de Ugarriza, produjeron salitre en Negreiros a inicios del siglo XIX. Aquellos tenían una sociedad para explotar pertenencias en Huantajaya y Santa Rosa con Cossio hacia el 1800, en la cual Ugarriza participaba como financista. Las operaciones de esta sociedad minera comprendían la producción salitrera para la fabricación de pólvora. Supuestamente, instruidos por el sabio bohemio Tadeo Haenke, fueron pioneros en la exportación legal de salitre destinada a fabricar pólvora.

Hacia 1804, Cossio solicitó un préstamo de cinco mil pesos a Juan Muñoz Villegas, corrupto contador de la Caja Real de Carangas, a quien supuestamente pagó cediendo una parte de la mina de la mencionada sociedad con Ugarriza y de la Fuente. Era costumbre que los oficiales de las Cajas Reales, oficinas recaudadoras de impuestos, usaran los dineros de la caja para fines personales, esperando restituir dichos montos al momento de rendir cuentas a las autoridades superiores. 

TC2 3Trabajadores aplicando mercurio y repasando mineral, Chile 1821.

Esta forma ilícita de capitalización llevó a la quiebra de la caja cuando el mencionado Muñoz no pudo rendir al tesoro virreinal los dineros que registraban sus entradas. A ojos de las autoridades, Cossio fue cómplice de este desfalco y debía dinero a Su Majestad, siendo sometido a proceso. Agustín Zamudio, alcalde de Camiña, nombrado comisionado en el juicio de la Real Hacienda contra Cossio, declaró en 1807: “el Capitán Don Matías ha sido quien ha dominado en este partido, interviniendo en pleitos y enredos innumerables, por no decir en todos, inculcando miedos en los incautos, creando perjuicios y aun ruina a muchos de los habitantes de Tarapacá”.  

Cossio fue un hombre hábil de palabra, apaciguando a sus acreedores con relatos de futuras oportunidades de éxito. En febrero de 1807 le comunicó a Lorenzo Robledo que se encontraba en difícil situación: “cargado de miseria y fugitivo siendo mía la razón y la justicia”. Cossio indicó que estaba negociando la venta de salitres a Juan Miguel Castañeda, concesionario de la real fábrica de pólvora de Lima.  Le propuso despachar cada año en lo sucesivo “doscientos o trecientos quintales de salitre” para que lo vendiese a los fabricantes de pólvora autorizados. En una última carta Cossio explicó a Robledo:

“(…) don Tadeo Aenque en Cochabamba me ofrece enseñar el modo de purificarlo bajo de una competente gratificación y espero las resultas para ponerlo en planta, que si esto se verifica puede tenernos mucha cuenta avanzando mucho más y más breve”.

Cossio fue un reputado beneficiador de minerales metálicos y no metálicos, conocedor de ambos dos que han sido relevantes en la historia regional, plata y salitre. Al parecer fue Cossio quien trajo las enseñanzas de Haenke a Tarapacá, mejorando la técnica de refinar salitre para obtener un mejor nitrato de potasio, componente fundamental de la pólvora, valioso insumo para la minería y la defensa militar de los dominios hispanos.

(*) La última parte de este artículo será publicada en la próxima edición.

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