El culto en San Lorenzo de Tarapacá

La figura y significación de San Lorenzo posee una serie de elementos que sintetizan el culto a los ancestros, evocan a las wak´as [como el fuego y la tierra], y los componentes de la pastoral católica colonial. Los atributos de “Thunupa Tawapaca” presente en el arte rupestre andino y en los tejidos hallados en los sitios del desierto de Atacama, con un uso dominante de colores “amarillo y rojo”, resaltan las propiedades semióticas que condensa la imagen de San Lorenzo.

Memoria 09/09/2023 Alberto Díaz Araya (*)
Culto a San Lorenzo Thunupa Tawapaca Cerro unita
En un paisaje tapizado de múltiples geoglifos, se congregaban desde tiempos inmemoriales los indígenas en torno a una milenaria wak´a.

El pueblo de Tarapacá, cuya advocación es San Lorenzo, santo patrono con una reconocida devoción popular, posee una legendaria historia vinculada a los pueblos originarios y al Tahuantinsuyu. Siguiendo con el compromiso por difundir en un breve ensayo fragmentos del pasado nortino, se exponen algunos tópicos para la reflexión desde nuestros territorios.

En Tarapacá, con una geografía con sinuosos senderos que conducen al valle sagrado, en cuyo paisaje tapizado de múltiples geoglifos, se congregaban desde tiempos inmemoriales los indígenas en torno a una milenaria wak´a. Tal vez, aquellas fuerzas centrípetas del desierto radicaban en la imagen arquetípica de “Thunupa Tawapaca”, presente en el arte rupestre regional, con propiedades estéticas al portar cetros, cabeza irradiada y brazos en “V”, siendo en aquel tiempo los símbolos de mando durante el ciclo de los Viracochas. 

Culto a San Lorenzo

Tarapacá, ha sido el eje de la historia nortina, como provincia, tenientazgo, corregimiento, intendencia, departamento y santuario consagrado a San Lorenzo.

“TARAPACAC”

Las fuerzas telúricas contenidas en la deidad de “Tarapacac”, con fuego y tierra como atributos de poder, lo transformaron en el “hacedor”, “rebelde”, “milagrero” y “mártir” del viejo mundo andino; el cual, “no teme a nadie y riñe con todos" y cuyos "misterios pueden destruir la tierra", como advirtieron los cronistas hispanos.

Tras la invasión española, con el establecimiento del sistema de encomiendas, las reducciones y el proceso evangelizador sobre los territorios indígenas, se generaron profundas transformaciones en la organización política, sociocultural y en el sistema de creencias de las comunidades y ayllus quebradeños. 

Desde 1540 se apunta a Tarapacá como el epicentro de la encomienda de Lucas Martínez Begazo y una de las primeras doctrinas coloniales. Este poblado albergó a los indígenas en “Tarapacá viejo” (frente al actual cementerio), aldea que ya era habitada cuando Diego de Almagro y Pedro de Valdivia recorrieron la zona.

Los indígenas de Pica y Loa, no recibieron doctrina permanente hasta que en 1559 fueron incorporados a la administración de Lucas Martínez, quien decidió extender las tareas al sacerdote que ejercía esporádicamente en Tarapacá.

En Tarapacá y Atacama la lentitud de la evangelización fue notoria. En ciertos casos, los impulsos doctrinales dependían del encomendero. Por ejemplo, los indígenas de Pica y Loa, no recibieron doctrina permanente hasta que en 1559 fueron incorporados a la administración de Lucas Martínez, quien decidió extender las tareas al sacerdote que ejercía esporádicamente en Tarapacá. Incluso, hay referencias de indios no cristianizados. Así, en Ique Ique declararon en la causa de 1561 “los indios de la mar Chuysa, Çilauca y Puyle” (¿cawanchas?), trabajadores de las minas de La Cruz (Huantajaya) quienes no juraron por la fe cristiana, ya que no la profesaban (AGI, Indiferente, 1216). 

En ese intertanto aparecieron en escena dos clérigos: el padre Rojo y Alonso Maldonado. En unos de los navíos de Lucas, hacia 1561, el padre Rojo tuvo acceso a documentos secretos de alto interés político para el naciente virreinato peruano, pero pagó con su silencio debido a que estaba acusado por “somético”. El mencionado cura Rojo se movilizaba entre Arica, Pisagua e Iquique en uno de los barcos de Lucas, participando de las actividades mineras de Huantajaya, lugar donde interactuaba con Alonso Maldonado, el cual administraba a los trabajadores de las minas de plata con “indios yanaconas, negros y mulatos que servían en las haciendas en Tarapacá y alrededores” (AGI, Indiferente, 1216). Para 1565 se registra a fray Hernando de Abrego (doctrinero de Tarapacá), el padre Arroyo (doctrinero de Arica) y Marcos de Valdelomar (doctrinero de Carumas). 

En 1570, el vicario cusqueño nombró a Francisco Churrón como cura de Pica y Tarapacá, el cual mandató una provisión en 1571 proponiendo la división en dos curazgos: Camiña y Tarapacá. El padre Churrón dominaba el quechua y el aymara, recibiendo información de los caciques tarapaqueños a través de los quipus. Utilizaba “las cartillas y catecismo enmendado en la lengua general de los dichos naturales”, predicando en quechua y aymara desde el pequeño templo de la antigua aldea de Tarapacá (AGI, Lima, 316).

Culto a San Lorenzo Tarapaca Viejo

El “Tarapacá viejo” mantuvo su carácter como espacio nuclear de poder, siendo un sitio importante durante la temprana Colonia. 

ALDEA LOCAL

Ese “Tarapacá viejo” mantuvo su carácter como espacio nuclear de poder, siendo un sitio importante durante la temprana Colonia. Apuntemos que fue levantado sobre un asentamiento incaico y paulatinamente modificado según el trazado damero y las disposiciones reduccionales del virrey Toledo hacia 1570. Es probable que este pueblo, erigido sobre los cimientos de una antigua aldea local e inka, fuera consagrado en este periodo a San Lorenzo, patrono de la doctrina homónima. Empero, aún seguía vigente la cultura del Tahuantinsuyu. 

“Tarapacá viejo” fue levantado sobre un asentamiento incaico y paulatinamente modificado según el trazado damero y las disposiciones reduccionales del virrey Toledo hacia 1570.

En 1570, los caciques se apersonaron en Tarapacá para mostrar sus quipus a la autoridad hispana con detalles sobre la producción y el tributo. Acudieron “…Alonso Lucay, cacique de Tarapaca, Juan Jachura cacique de Chiapa, Miguel Caqueo cacique de Camiña, Gomez [Halahaui] de Camiña y Martín Payaquena cacique de Sibaya y Juan [Cayoa] cacique de Sotoca y Andrés Caquisane… dijeron que ellos habían visto y examinado sus quipus” (AGN, DIE, L2). Hace algunos años unas colegas arqueólogas hallaron fragmentos de un quipu en Tarapacá, dando cuenta de aquellas continuidades en torno a un artefacto que preservaba, en imbricados nudos, la memoria indígena. 

A la fecha no se han encontrado las bases arquitectónicas de la antigua iglesia. Aunque, tenemos evidencias que, en 1793 debido a una epidemia de viruela, se requirió un “sementerio en el pueblo viejo, en el lugar donde fue la iglesia antiguamente, para que allí se sepulten los que muriesen en adelante” (AHL, Tac, 007). El lugar del viejo templo sigue siendo un misterio. No obstante, se han hallado en los alrededores partituras de cánticos litúrgicos del siglo XVII, naipes, trompes y una cruz con alusión a Lucas Martínez. 

Culto a San Lorenzo Iglesia Tarapaca Viejo

Una de las primeras fotos que se conservan de la Iglesia de Tarapacá.

EJE DEL NORTE

Dos siglos después (1717), este lugar fue abandonado debido a posibles epidemias y aluviones siendo trasladado a la ribera norte del río, originando el actual pueblo con su iglesia y torre. Tarapacá, ha sido el eje de la historia nortina, como provincia, tenientazgo, corregimiento, intendencia, departamento y santuario consagrado a San Lorenzo.

La figura y significación de San Lorenzo posee una serie de elementos que sintetizan el culto a los ancestros, evocan a las wak´as [como el fuego y la tierra], y los componentes de la pastoral católica colonial. Los atributos de “Thunupa Tawapaca” presente en el arte rupestre andino y en los tejidos hallados en los sitios del desierto de Atacama, con un uso dominante de colores “amarillo y rojo”, resaltan las propiedades semióticas que condensa la imagen de San Lorenzo. 

El ícono de “Tawapaca” posee un parentesco gráfico entre personajes con cetros, cabeza irradiada y brazos en “V” como se observa en Cerro Unita, siendo rotulados por los misioneros como supay o saxra, al ser asociados al demonio durante la evangelización colonial. Supay recaía en épocas precolombinas en otro tipo de deidad: “la sombra de los muertos”; pero derivó durante las predicas católicas a supay wasi (casa del diablo) y/o a ukhu pacha, que significa: lo profundo de la tierra; lo que está adentro y que no podemos captar con nuestros ojos; también se define al infierno, tal como lo ha subrayado Verónica Cereceda.

Recordemos que en la tradición oral andina se enfatiza que a comienzos del mes de agosto se abre la superficie terrestre y desde las profundidades, las deidades telúricas salen a recorrer los parajes serranos y cordilleranos. En algunas comunidades se sube a los cerros protectores para visitar a sus mallkus, se va a una vertiente o a riachuelos para realizar ofrendas a la pachamama, ya que la tierra “hambrea”; pide ritos que la sacien para mantener el equilibrio en el cosmos andino.

Justamente, durante el mes de agosto celebramos a San Lorenzo de Tarapacá vestido de “amarillo y rojo”; con emblemas de fuego en su altar procesional al transitar en andas por las calles empedradas del viejo reducto. 

En nuestro “Lolo”, se actualizan y reconfiguran el ciclo de la devoción de una arquitectura religiosa construida por la gente: los marginados de siempre; y, en esa aparente contradicción frente a la piedad y el castigo que el Santo “hacedor”, “rebelde”, “milagrero” y “mártir” puede ejercer en los peregrinos, la tradición tarapaqueña nos acerca a la Fe y cultura popular que hemos heredado de nuestros antepasados, la cual desborda los dogmas durante la “rompía” al amanecer de cada 10 de agosto en el ancestral desierto.

(*) Depto. Ciencias Históricas y Geográficas, Universidad de Tarapacá.

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