
Historiadores en terreno: un recorrido por los espacios productivos de la minería preindustrial

Retornamos a la panamericana y tomamos el camino hacia La Noria, para detenernos en la ex oficina Rinconada, muy próxima al cruce actual entre esta ruta principal y el desvío a La Tirana. Esta oficina refinaba plata a fines del periodo colonial y era propiedad de Manuel Hidalgo, vecino de Pica. Al igual que Trinidad, su persistencia en los planos aún de fines del siglo XIX sugieren una continua reutilización de los recintos de la oficina a través del tiempo. Las faenas de beneficio de plata por mercurio perduraron en la Pampa del Tamarugal hasta la temprana República peruana coexistiendo su declive con la expansión de las paradas salitreras autorizadas a exportar al exterior a partir de 1830.
A una cuadra castellana de Rinconada, aproximadamente 150 metros, se ubicaba la oficina salitrera de Joseph Jacinto Palza. Los Palza fueron una familia afroariqueña con origen en el valle de Chaca. Francisco Xavier Palza fundó la oficina Nuestra Señora del Carmen hacia 1775, posteriormente convertida en iglesia y cementerio. Sus hijos, Joseph Jacinto y Manuel Hermenegildo fueron salitreros. El primero, trabajó en las inmediaciones de La Rinconada y el segundo es precursor del Salar de Obispo, al norte de Huara, constituyendo un olvidado capítulo de la historia del salitre. Las operaciones salitreras de Joseph Jacinto duraron hasta las Guerras de Independencia. Sin embargo, las faenas salitreras de Hermenegildo con el tiempo darían origen a la oficina San Francisco (imagen 1-2) en el sector de Dolores-Zapiga.
La investigación respecto de este patrimonio sin duda debe ser de carácter multidisciplinaria, sumando sobre todo profesionales del campo de la arqueología y otros quienes puedan efectuar análisis químicos de suelo y dataciones de restos materiales en diálogo con la investigación histórica.
A eso de las 14 horas nos movimos unos pocos kilómetros al sur de La Rinconada, donde encontramos las borateras del Tamarugal en el sector denominado Las Tizas. Los autores que han tratado el tema sugieren que los depósitos pampinos de bórax se conformaron a partir de aluviones que arrastraron el material desde las alturas cordilleranas donde es más abundante. El bórax se empleaba hacia fines del siglo XIX en multiplicidad de rubros industriales. Las oficinas borateras fueron propiedad de peruanos de Tarapacá hasta que fueron reconcentradas por la firma británica The Borax Consolidated hacia el 1900 (imagen 3).
Una referencia del año 1888 describe una manufactura minera facilitada por las condiciones meteorológicas del desierto y basada en fuerza física, herramientas manuales e implementos sencillos como hornos de fabricación local. El bórax del Tamarugal se presenta mezclado con cal, agua, sal común en concentraciones denominadas “papas”: “la práctica indica al trabajador donde se encuentran los depósitos i con azadón i palas no tiene más que levantar la costra arenisca para encontrar esos bolones, los cuales una vez sacados se secan y ensacan para exportación” (Enrique Stuven, Memoria sobre la Industria del Bórax, 1888). Una vez extraídas las papas de bórax, se secaban expuestas al sol y al viento del desierto y empleando hornos sencillos de confección local.

Imagen 2- Posiblemente, Ex oficina salitrera de Joseph Jacinto Palza.
Ya menguando el sol, a eso de las 16 horas, y en dirección hacia el sur por huellas abiertas por la minería contemporánea paralelas a la panamericana, llegamos al extenso Salar de Pintados, donde distinguimos inmediatamente al pueblo y su estación de ferrocarriles homónimo del salar, ubicado a los pies de los famosos geoglifos. Sin embargo, al adentrarnos hacia el centro del salar, como una especie de aldea olvidada, encontraremos los vestigios de lo que podría ser el antiguo pueblo de Pintados registrado por George Smith y William Bollaert en 1851-1859. Una antigua aldea cuya materialidad y constructividad sugiere la temprana República peruana.
A lo lejos se escuchan pasar los grandes camiones mineros actuales por la Ruta A5, pero dentro del mismo pueblo abandonado de Pintados solo el crujido de la sal al ser pisada hacía ensordecer la experiencia. Observando las paredes en ruinas de dicho lugar, pudimos percatarnos que el barro empleado como argamasa de los cascotes calicheros, aún conserva la impronta de los dedos de sus antiguos constructores, trabajadores del periodo preindustrial.
Observando las paredes en ruinas de dicho lugar, pudimos percatarnos que el barro empleado como argamasa de los cascotes calicheros, aún conserva la impronta de los dedos de sus antiguos constructores, trabajadores del periodo preindustrial.
Esta aldea está notoriamente identificada por Smith y Bollaert, aunque ha sido la menos documentada en registros de archivo. Sugerimos pudo constituir una aldea minera estructurada en el centro de tempranas labores salitreras y de extracción de bórax. La forma de los recintos aparentemente dedicados a vivienda, con una plataforma interna sobre el suelo, sugiere un estilo constructivo típicamente andino e indígena en la dureza misma de un salar minero. (Imágenes 4-5)
Al finalizar la tarde y con el ocaso en el horizonte, las reflexiones en torno a las visitas registradas nos llevan a afirmar que el patrimonio de la minería preindustrial no ha estado, ni está, exento de riegos. Su bajo perfil sobre el terreno y la poca investigación existente son variables que lo ponen en un estado de fragilidad preocupante. En tanto como sociedad tendemos a valorar el patrimonio que nos es más cercano en el tiempo y más popularmente conocido, tendemos a desprendernos y olvidar aquello que no conocemos.

Imagen 3 - Faenas de bórox, sector Las Tizas.
El patrimonio preindustrial tarapaqueño es aquel que nos habla de las familias de largo arraigo en la zona y su tránsito por el llano del tamarugal, de la experimentación minera, de la antigua explotación dentro del sistema colonial de castas y de la creatividad humana al labrar un suelo desértico que prometía riquezas. Este patrimonio de la manufactura tradicional de minerales se vincula con las luchas y ensayos políticos nuevas formas de gobierno. Además, estas ruinas fueron el escenario de origen del culto a la Virgen del Carmen en el Tamarugal, duradera devoción de trabajadores y dueños de oficinas desde fines de la época virreinal.
Es precisamente este recinto, la “Iglesia y cementerio antiguo”, antaño llamada oficina Nuestra Señora del Carmen de la Tirana, el único que cuenta con medidas de protección. Los demás están refugiados aún en el silencio del olvido, un lugar seguro por ahora, pero peligroso en cualquier momento. La investigación respecto de este patrimonio sin duda debe ser de carácter multidisciplinaria, sumando sobre todo profesionales del campo de la arqueología y otros quienes puedan efectuar análisis químicos de suelo y dataciones de restos materiales en diálogo con la investigación histórica. Pese a los riesgos de faenas mineras contemporáneas o la instalación de torres eléctricas y carreteras, ese patrimonio aún persiste y requiere nuestra atención. Atendámoslo.


Imagen 4 y 5 - Antiguo asentamiento de Pintados.



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