CEMENTERIOS INDÍGENAS olvidados y librados a su suerte en nuestra región

Arquitectura y Patrimonio 28 de mayo de 2021 Por Valentina Ortega (*)
Motivada por la desprotección de los cementerios indígenas y hallazgos antropológicos de nuestra región y por la escasa información que tiene el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) al respecto, la periodista Valentina Ortega Mercado escribió este texto que forma parte de un trabajo de investigación que realizó recientemente respecto de la minería en la Pampa del Tamarugal.
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El cementerio indígena “Muru muru” o académicamente llamado “Pica 8” está ubicado en lo alto, en un lugar silencioso del pueblo de Matilla.

A diferencia de los cementerios en las ciudades, algunos lugares donde descansan indígenas y sus antepasados son terrenos sin flores de plástico, fotos ni lápidas. Espacios que a simple vista parecen no estar ocupados son saqueados por huaqueros (saqueadores de tumbas) y utilizados para construir caminos de proyectos mineros o de construcción, como fue el caso del ocultamiento de 80 momias precolombinas por la Constructora San Felipe S.A. cerca del pueblo indígena de Pachica, ubicado en la comuna de Huara. La constructora que desarrollaba una reposición de rutas en el marco de un servicio de viabilidad del Ministerio de Obras Públicas (MOP) en 2006, también realizó la mantención y mejoramiento de caminos a conocidas compañías mineras como Doña Inés Collahuasi, Teck Quebrada Blanca y BHP Billiton.

Ese año, pero en la región de Arica y Parinacota, el licenciado en Arqueología, Rolando Ajata también denunció la destrucción de petroglifos por maquinaria pesada que removió las rocas para despejar un camino vehicular. En la carta enviada por Ajata y que está registrada en un acta del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) relata que los petroglifos fueron bañados en alquitrán generando un daño permanente. “Una minera o cualquier empresa ya sea hidroeléctrica, constructora de edificios, debe realizar un estudio de impacto ambiental en términos de arqueología, de agua, vegetación, animales. Un estudio completo donde contrata primero a los arqueólogos y arqueólogas para que vayan a evaluar el área (…) y si aparece algo, se detiene inmediatamente la obra y por eso es molestoso para ellos. Les detienes la obra, y pierden mucho dinero por día”, comenta la doctorada en Ciencias Arqueológicas, Francisca Santana.

Actualmente esa situación ha mejorado, las empresas dan a conocer los vestigios arqueológicos “encontrados” en sus operaciones con mayor transparencia en los medios de comunicación y algunas presentan reportes anuales. Por ejemplo, Teck Quebrada Blanca informó de cuatro fosas con restos humanos, ropa y sandalias en perfecto estado que datan de entre los años 1.100  a 400 antes de Cristo, en el marco del proyecto “Quebrada Blanca Fase 2”, en 2020.

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Restos de telares y mazorcas de maíz, del cementerio “Pica 8”, analizados por la investigadora Francisca Santana.

BASE DE DATOS

Ante la consulta para este reportaje de un registro neto de hallazgos arqueológicos en proyectos mineros de cuatro regiones del norte del país, el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) respondió que no cuenta con un registro, sino que con “una base de datos parcial actualmente en etapa de elaboración y validación por el área de Arqueología del CMN”. Tampoco existe un registro de los lugares de residencia de esos hallazgos arqueológicos. “El Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) no cuenta con la información solicitada en los términos por usted planteados, pues, a la fecha, no ha sido elaborado un registro de instituciones depositarias de hallazgos arqueológicos, tanto de las regiones objeto de su consulta como del resto del territorio nacional,” señala en otra respuesta a la consulta efectuada a través del Portal de Transparencia. Por mientras, el CMN tiene disponible “actas” en su página web donde existe un registro tipo lista con una muy breve descripción de los acontecimientos que suceden mensualmente.

El cementerio indígena “Muru muru” o académicamente llamado “Pica 8” es uno de esos sitios descritos antes, sin ramos de flores ni letreros advirtiendo su gran valor patrimonial. Está ubicado en lo alto, en un lugar silencioso del pueblo de Matilla, en la comuna de Pica, donde el doctor en Ciencias Antropológicas y Premio Nacional de Historia en 2002, Lautaro Núñez excavó y estudió el lugar durante cinco años en la década de los sesenta. Obtuvo textiles, utensilios, restos humanos en 254 tumbas. Parte de esa colección está en el Departamento de Antropología de la Universidad de Chile.

“Pica-Tarapacá que era del oasis, es una identidad de ahí. No vienen de ningún lado, son piqueños (…) no hay que pensar en Pica como ‘eran quechuas o eran aymaras’, porque eso es más histórico, hay que pensar en el pasado, en el momento cuando ellos eran una identidad cultural independiente”, explica sobre el origen de los habitantes, Francisca Santana, quien investigó la dieta y movilidad de los habitantes; esta incluía maíz y alimentos marinos. Francisca también fue elegida por la revista National Geographic para la realización de una investigación sobre la agricultura precolombina de la Primera Región de Tarapacá en 2020. El Cementerio Muru Muru que aún conserva restos en la superficie según cuenta Francisca Santana, por poco se transformó en un proyecto inmobiliario de parcelas de agrado en 2016. El lugar ancestral fue dañado por la construcción de un cercado perteneciente a un “proyecto habitacional”, según destaca un acta de CMN en 2019.

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