Descubren las huellas del TERREMOTO Y TSUNAMI de 9,5 grados que cambió el mapa del NORTE GRANDE

Ciencia y Medio Ambiente 23 de agosto de 2022
La investigación liderada por Diego Salazar y Gabriel Easton, académicos del Departamento de Antropología y del Departamento de Geología de la Universidad de Chile, respectivamente, plantea que un sismo similar al terremoto de Valdivia en 1960 -el más grande del que se tenga registro- azotó a la costa del Norte Grande del país hace unos 3.800 años, impactando a las comunidades que habitaban la zona e induciendo cambios en su relación con el territorio.
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Los investigadores han encontrado paleoplayas o antiguas playas que hoy están situadas entre 4 a 7 metros de altitud respecto del nivel del mar actual.

Información base (*) y fotos: Gentileza Gabriel Easton.

Un equipo multidisciplinario de investigadores, encabezados por académicos de la Universidad de Chile, publicó un estudio que viene a cambiar la visión respecto de los mega terremotos ocurridos en Chile. Y suman al de Valdivia (el más grande del que se tiene registro), uno similar que afectó a la costa del desierto de Atacama hace 3.800 años y que cambió, no sólo la geografía de nuestro territorio, sino también la forma de habitarlo.

El estudio “Did a 3,800 year old Mw 9.5 earthquake trigger major social disruption in the Atacama desert?”, publicado en la revista Science Advances, a principios de abril pasado, ha provocado un gran impacto de los especialistas, toda vez que -hasta ahora- no se tenía conocimiento de un evento de magnitud 9,5 acompañado de un gran tsunami, que azotó la costa de buena parte del norte de Chile hace unos 3.800 años. El trabajo contó con la participación de investigadores e investigadoras de geología, antropología, arqueología, geomorfología, sismología y geodesia.

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El trabajo contó con la participación de investigadores e investigadoras de geología, antropología, arqueología, geomorfología, sismología y geodesia.

La investigación contribuye con información valiosa para los planes de manejo y la reducción del riesgo de desastres socionaturales, tanto en la costa norte del país como en la cuenca del Pacífico.

La investigación fue liderada por los académicos de la Universidad de Chile Diego Salazar, del Departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales, y Gabriel Easton, del Departamento de Geología de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, junto a otros autores de diversas universidades y centros de estudio nacionales e internacionales. “El terremoto abarcó todo el norte grande, entre Arica y Huasco (la ruptura sísmica) y generó un gran tsunami que diezmó a las poblaciones costeras de ese entonces. Y causó, incluso, un cambio en el modo de habitar el territorio, durante -por lo menos- mil o dos mil años”.

“Lo que hemos encontrado en nuestras investigaciones -agrega Easton- es que en varios puntos de la costa de las regiones de Antofagasta y del norte de Chile, en general, se encuentran paleoplayas o antiguas playas que hoy están situadas entre 4 a 7 metros de altitud respecto del nivel del mar actual, cuya formación no puede ser explicada por cambios globales del nivel del mar, sino por levantamiento tectónico como producto de grandes terremotos que ocurren en el contacto de las placas tectónicas de Nazca, bajo la Sudamericana”.

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El conocimiento de cómo habitar el territorio no está dado, señalan los investigadores; hay que aprenderlo y luego transmitirlo a las generaciones siguientes.

MIGRACIÓN

De acuerdo al estudio, el movimiento sísmico se produjo por el contacto entre las placas tectónicas de Nazca y Sudamericana, ocasionando un posterior tsunami que ingresó al continente alcanzando -en forma sistemática- hasta por lo menos 15 o 20 metros por sobre el nivel del mar en las regiones de Antofagasta, Tarapacá y Atacama. 

“Justo después de eso, apreciamos cambios bien importantes en los modos de vida humana. Nuestra hipótesis es que este evento pudo generar una mortalidad muy alta entre las personas, o también puede haber motivado la migración de una cantidad importante de personas a otros territorios”, explica el arqueólogo Diego Salazar.

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La magnitud del mega-terremoto produjo cambios drásticos en las formas de habitar y relacionarse de las  comunidades costeras a lo largo de cientos de kilómetros en el Norte Grande.

Durante la exploración geoarqueológica, Gabriel Easton analizó una grieta que daba cuenta de la magnitud de este terremoto. Según el investigador, “cuando ocurren estos grandes sismos hemos visto que la tierra al interior de la costa puede agrietarse. Eso ha quedado en evidencia con terremotos recientes, como el de 1995 en Antofagasta u otros”. No obstante, precisa, “lo que vemos acá es una grieta que afecta las capas arqueológicas que llegan a una edad de aproximadamente 4 mil años, que asociamos a la ocurrencia de un gran evento sísmico”.

Esto “lo suponemos también porque hemos encontrado depósitos litorales que corresponden a niveles marinos o de playa de esa edad (cerca de 3.800 años de antigüedad), que hoy están levantados sobre el nivel del mar en hasta 6 o 7 metros, y eso es mucho para explicarlo simplemente por variaciones globales del nivel del mar. Para ello se necesita que ‘algo’ la eleve y suponemos que ese ‘algo’ -tal como ha ocurrido en otros casos en la costa de Chile- es el levantamiento tectónico que ocurre durante los grandes terremotos de subducción”.

La publicación en la revista “Science Advances”, es el resultado de los proyectos Fondecyt 1151203, 1161547 y 1201387, desarrollados por los académicos en la zona de Taltal y Paposo, una investigación que tomó, al menos, unos siete 7 años.

CAMBIOS

Fue tal la magnitud del mega-terremoto, que produjo cambios drásticos en las formas de habitar y relacionarse de las comunidades costeras a lo largo de cientos de kilómetros en el Norte Grande de nuestro país. “Después de la ocurrencia del evento, sigue habiendo personas en el territorio, pero con menos densidad. En los mil años siguientes, parece recuperarse la población porque reaparecen los cementerios, los sitios son más grandes y numerosos, lo que sugiere que se comienza a recuperar la demografía. Pero los asentamientos y los cementerios los ubican a mayor altura y a mayor distancia de la costa respecto de lo que sucedía antes del evento”, indica el investigador Diego Salazar.

Entre los cambios sociales que pudo haber generado este evento sísmico, se encuentra la percepción que esta población tenía de los episodios catastróficos y los desastres socionaturales. Como explica Salazar, “ese conocimiento de cómo habitar el territorio no está dado, sino que hay que aprenderlo y luego transmitirlo a las generaciones siguientes”. Dicho proceso, agrega, “hace que se junten las dinámicas del territorio con los procesos históricos, porque -en el fondo- la información que una generación le traspasa a otra incluye el conocimiento de los recursos, cómo obtenerlos y cómo enfrentar estos desafíos. Pero, hay momentos en la historia donde la comunidad pierde parte de su sabiduría para enfrentar los fenómenos particularmente catastróficos del ambiente, y en esos momentos quizás los enfrenta sin una preparación suficiente. Si el conocimiento no es permanentemente cultivado y reactivado se empieza a diluir”, puntualiza el académico.

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La formación de las paleoplayas no puede ser explicada por cambios globales del nivel del mar.

(*) Información base de Osvaldo Lizama y Carolina Escobar. Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas y Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile.


Estudio científico podría generar

gran impacto en políticas públicas

Para el equipo de investigadores, este estudio podría ser un aporte en la determinación de políticas públicas para enfrentar este tipo de eventos. “La mayoría de los planes de peligro y riesgo ante tsunamis que tiene el Estado de Chile en las costas de nuestro país, se basan en información sobre eventos históricos que maneja el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (Shoa). Pero la historia sobre la cual se basa el Shoa es aquella de la que tenemos registro, y eso significa que -en estricto rigor- estamos hablando del siglo XIX en adelante, para el norte de nuestro país, en particular”, explica Salazar.

Si bien en los últimos 200 años ha habido terremotos de hasta 8,8 grados en la costa norte de Chile, como por ejemplo en 1877, “nuestra investigación plantea que ocurrió uno de magnitud 9,5, es decir una magnitud muchísimo mayor de la que tenemos registro, similar al evento más grande jamás registrado, que es el terremoto de Valdivia de 1960”.

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Entre 4 y 7 metros más arriba estaba el mar en esta zona del país, hace 3800 años.

Entonces, agrega Salazar, “es probable que en escalas de tiempo mayores los terremotos ocurrieron con magnitudes que no tenemos registradas y para las puede que no estemos tan bien preparados, y debemos hacerlo”. Por esta razón, la investigación sugiere la posibilidad de que ocurra un terremoto de similar magnitud en la costa norte de Chile y, en palabras de Salazar, “los planes de manejo tienen que calibrarse en función de esa posibilidad, en miras de la reducción del riesgo de desastres asociada a este tipo de eventos”.

“A través de este trabajo, destacamos -como se ha señalado- la posibilidad de un terremoto tsunamigénico de magnitud 9,5, que podría ocurrir en el norte de nuestro país, tal como sucedió hace 3.800 años atrás. Este nuevo conocimiento tiene que ser considerado en la evaluación del peligro y riesgo de terremotos y grandes tsunamis, no solo en el Norte Grande de nuestro país, sino también a escala de la cuenca del Pacífico, pues, tal como indicamos en nuestro estudio, existen evidencias de un gran tsunami ‘huérfano’ que habría afectado las costas de Nueva Zelanda y otras localidades del Pacífico en esa misma fecha”, señala el profesor Easton.

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