Núcleo Milenio Ecología Histórica Aplicada estudiará BOSQUES DEL DESIERTO DE ATACAMA

La aridificación del planeta exige que se preste especial atención a las especies adaptadas a la falta de agua. Por esta razón es que, a partir de los próximos meses, un proyecto Núcleo Milenio iniciará un amplio trabajo de estudio de los bosques que habitan nuestro desierto. AFOREST, que así se llama, forma parte de un desafío global adhiriéndose a la 15va meta de la UNESCO para el desarrollo sustentable de la vida en la tierra.

Ciencia y Medio Ambiente21/02/2023Reinaldo Berríos GonzálezReinaldo Berríos González
Bosques del desierto 1
El trabajo, señala la investigadora va a partir en la pampa del Tamarugal, en el sector de La Huayca.

Fotos: Gentileza de Virginia McRostie

Virginia McRostie es una arqueóloga que ha dedicado su vida al estudio de las plantas y que ha trabajado intensamente en el norte del país, desde sectores cordilleranos en San Pedro de Atacama hasta la desembocadura del Río Loa. Y que, a contar de 2023 -junto a un equipo multidisciplinario- iniciará un interesante proyecto sobre los bosques del desierto de Atacama, tras adjudicarse un fondo del Núcleo Milenio para la Ecología Histórica Aplicada de los Bosques Áridos, AFOREST (ANID).

Este núcleo, agrega, “busca atraer la atención y conocimiento hacia un ecosistema relevante, pero poco valorado, como son los bosques del desierto de Atacama. Con una escala temporal profunda y una perspectiva multidisciplinaria, AFOREST reunirá a la academia, ciudadanía y políticas públicas para un manejo sustentable de estos bosques áridos amenazados por la escasez de agua, la tala ilegal, baja regeneración de especies y que se encuentran en estado crítico de conservación”.

La Ecología Histórica enfatiza la agencia humana en la construcción de los paisajes, leyéndolos como un texto o palimpsesto creado por agentes naturales y culturales.

PALIMPSESTO

La Ecología Histórica enfatiza la agencia humana en la construcción de los paisajes, leyéndolos como un texto o palimpsesto creado por agentes naturales y culturales. Se basa en una serie de archivos, registros y proxies que se combinan y ensamblan para determinar sus características y cambios a lo largo del tiempo. Este conocimiento es aplicado y busca una mejor gestión y manejo de los paisajes en el presente y futuro.

El trabajo, señala la también académica de la Escuela de Antropología de la Universidad Católica, va a partir en la pampa del Tamarugal, en el sector de La Huayca, para continuar después en el sector del Río Loa, para terminar en el Salar de Atacama. “La gente piensa en Atacama y se imagina el desierto. O quizá la minería. Pero cuesta asociar el desierto a los bosques. La mayoría de las personas no tienen idea de los bosques que existen aquí, en Tarapacá o Antofagasta, por ejemplo. Siempre nos fijamos en el sur, en el Alerce, en la Araucaria, el bosque esclerófilo, ahora que está bien en riesgo, pero los bosques del desierto de Atacama están invisibilizados en el imaginario chileno y también internacional”.

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Gran parte de los bosques de la pampa del Tamarugal “son fruto de un programa de forestación que estableció la Corfo en los años sesenta”.

La especialista reconoce que, desde la ecología más dura, estos no serían bosques propiamente tal. “Se cuestiona que estos no son bosques por el rango de cobertura, porque no son tan extensos, pero si uno ve las evidencias paleoecológicas y arqueológicas han variado mucho. Y eso también es lo que nosotros vamos a relevar con esta ecología histórica profunda. Una ecología que va desde los 17.000 años hasta el presente”.

“Estas especies que crecen en el desierto de Atacama (los Algarrobos, el Chañar, el Pimiento), han sido dispersadas por el mundo desde la prehistoria… y también actualmente en países como la India o África han causado enormes problemas porque son especies super invasivas. Entonces, no se trata sólo de ver lo que está pasando en el desierto de Atacama, sino que se puede analizar con perspectiva más global”.

El trabajo va a partir en la pampa del Tamarugal, en el sector de La Huayca, para continuar después en el sector del Río Loa, para terminar en el Salar de Atacama.

FORESTACIÓN

Gran parte de los bosques que tenemos en la pampa del Tamarugal, indica la especialista, “son fruto de un programa de forestación que estableció la Corfo en los años sesenta, al igual que Tambillo en San Pedro de Atacama. Son bosques plantados y dentro de AFOREST también está el concepto de “Afforestation” (que significa plantación de bosques); entonces tenemos varios procesos que acontecen desde el pasado…bosques nativos, deforestación y bosques plantados”.

En relación a las proyecciones de esta investigación, Virginia McRostie nos señala que “nosotros no vamos a imponer lo que hay que hacer; en especial si consideramos que venimos de las ciencias sociales. Vamos a observar y contribuir en lo que ya se está haciendo; por ejemplo, Conaf en la pampa del Tamarugal está replanteando su plan de manejo y nuestra idea es introducirnos con nuestros equipos en levantar inquietudes de las comunidades y con una mirada a largo plazo. Tenemos equipos de antropólogos, de arqueólogos, de ecólogos… buscaremos tratar de introducir mejoras, trabajando con las instituciones y por ejemplo si hay gente que ya está reforestando o desarrollando una explotación no maderera, apoyar esas iniciativas”.

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Estas especies que crecen en el desierto de Atacama han sido dispersadas por el mundo desde la prehistoria…

El proyecto tiene cinco líneas de trabajo. “La primera línea es paleosocioecología, donde entra la arqueología y la paleoecología para entender toda la secuencia milenaria; después hay una segunda línea que es conocimiento ecológico tradicional, donde trabajamos con etnobotánica, etnoecología… Una tercera línea es filogenia, que tiene que ver con genética, porque algunos de estos árboles han sido trasladados desde Argentina, Perú, Bolivia… Y a través de la genética podemos trazar los distintos movimientos que han tenido las especies. La cuarta línea es ecología propiamente tal, que nos va a permitir ver lo que está pasando actualmente con nuestros bosques (plagas, baja tasa de germinación…). Y la última línea es ciencia ciudadana, que pretende atraer a la gente para que haga su propio monitoreo, etc”. 


La conservación de los bosques 

debe incluir a las comunidades

La narrativa que el proyecto construirá desde las Ciencias Sociales y Naturales, pero también con las comunidades locales, permitirá generar estrategias de gestión informadas y considerar variables poco exploradas hasta ahora. El estudio de la interacción entre los humanos y los bosques de Atacama desde hace 13.000 años permitiría proponer que la conservación de estos bosques debe incluir a los humanos y no excluirlos como se hace en las reservas naturales. 

La academia podrá nutrir la investigación vinculada a las consecuencias y compensaciones de los estudios de impacto ambiental en la zona, asociados a la intensa actividad de la minería en este desierto. También permitirá contrastar y generar nuevas hipótesis desde diferentes disciplinas. El trabajo de ciencia ciudadana pretende atraer a grupos interesados en el monitoreo de la biodiversidad o la detección de amenazas, actividad que se conectará con redes de monitoreo institucionales que ya operan en Chile como SIMEF.

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La propuesta de los investigadores es que la conservación de estos bosques debe incluir a los humanos y no excluirlos como se hace en las reservas naturales.

En este núcleo milenio participan además siete investigadores principales: Francisca Díaz –directora alterna- del Instituto de Geografía PUCV; Alejandra Vidal, Escuela Antropología PUC; Felipe Carevic de la Universidad Arturo Prat; Magdalena García y Calogero Santoro de la Universidad de Tarapacá; Matías Frugone de la Universidad Católica Santísima de Concepción y Consuelo Biskupovic del Centro de Economía y Políticas Sociales de la Universidad Mayor. Además, cuenta con el apoyo inicial del Centro del Desierto de Atacama UC (CDA), Instituto Milenio de Biología Integrativa (iBio), Centro de Investigación y Desarrollo en Recursos Hídricos UNAP (CIDERH) y el Laboratorio de Antropología Audiovisual UC (LAV). 

Su compromiso ciudadano también se refleja con los apoyos iniciales de CONAF Tarapacá; Cooperativa Agrícola Lagares, Vides y Productos Primores de los Oasis de Pica; Junta de Vecinos de Challajure, Pozo Almonte; Ma. Francisca Greene San Pedro de Atacama; Centro de Información de Recursos Naturales (CIREN-MINAGRI) y la Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN).

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