
ARQUEOLOGÍAS DEL VESTIR: una reflexión sobre el estudio de la moda a través del tiempo

Mark Twain no fue el primero en darse cuenta de que la gente juzgaba un libro por su portada. Tampoco fue el primero en fijarse en que las personas son juzgadas por la ropa que usan y tratadas de acuerdo a ellas. Si bien esa sentencia es antigua, fue él quien la hizo, junto a Shakespeare apparel oft proclaims the man, aún más famosa, escribiéndose numerosos artículos y ensayos al respecto. Es más, entre el 22 de octubre y el 2 de noviembre del año pasado se celebró la Costume Society (Reino Unido), que se denominó La ropa hace al hombre.
Dicho proverbio también permite entender que vestirse de una cierta manera puede moldear nuestro comportamiento e influenciar cómo nos desempeñamos delante de otros. Sería lo contrario de nuestros populares refranes “el hábito no hace al monje” o “aunque la mona se vista de seda, mona queda”. De uno u otro modo, antes como ahora, la manera de vestir no es algo casual, es una decisión, una suerte de declaración de principios al momento de presentarse frente a otros. A través de la vestimenta la identidad se expresa y refuerza, visualmente crea distinciones y también un sentido de pertenencia.
IDENTIDADES
Una persona tiene varias identidades, las cuales pueden ser expresadas o ignoradas, enfatizadas o no a través de diferentes elementos de la vestimenta. Como Barnes y Eicher dijeron, “La vestimenta sirve para señalar que el individuo pertenece a un determinado grupo, pero al mismo tiempo diferencia al mismo individuo de todos los demás, incluye y excluye”. Porque vestirse es una práctica universal, el estudio de la vestimenta es clave para comprender la expresión de esas identidades.
“En la arqueología la materialidad es más que el material del cual está hecho un objeto, incluso es más que ese objeto, es el proceso social entre la gente y los objetos, es cómo los objetos influyen o determinan las relaciones sociales en un espacio y momento histórico”.
De hecho, el tema de la identidad colectiva no puede ser más claramente expresado que a través de la vestimenta por su habilidad para comunicar varios mensajes simultáneamente. Como suplemento del cuerpo, incorpora una multiplicidad de perspectivas, pero, en nuestro caso como arqueólogo/as, su materialidad es central en la comprensión de aspectos culturales identitarios.
No está de más recordar que en la arqueología la materialidad es más que el material del cual está hecho un objeto, incluso es más que ese objeto, es el proceso social entre la gente y los objetos, es cómo los objetos influyen o determinan las relaciones sociales en un espacio y momento histórico, remitiendo al concepto de agencia -“la ropa hace al hombre”-. Además, la materialidad cuerpo-indumentaria puede llegar a constituir un relato autobiográfico “cuando el sujeto se viste cotidianamente y produce mediante el tratamiento que le confiere a la ropa, un habla en particular que aporta datos sobre su individualidad” (Montalva 2014: 26).
MARGINAL
No obstante, el tema de la vestimenta hasta hace poco tuvo un lugar marginal en los estudios sobre la variabilidad del comportamiento humano, ya que no era considerado serio, sino todo lo contrario, “cosa de mujeres”, una frivolidad, estudiar “los géneros” (en el sentido de tela), algo sin asunto, pero era básicamente un problema de ignorancia. Porque, afortunadamente, cuando las ideas de Veblen (1992[1899]), Simmel (1957[1904]) y Blumer (1969) sobre el significado de los atuendos fueron retomadas por Bourdieu (1984) y Wilson (1985), se valorizó la vestimenta como algo digno de análisis, en particular lo referente al fenómeno de la moda.
Entonces, el concepto de la moda no es aplicable a las sociedades pre-modernas. En ellas, las modificaciones en la vestimenta ocurren a otra escala, no con tanta rapidez ni regularidad debido a una menor movilidad social, a que la producción era lenta y requería de un trabajo intensivo, lo cual hacía que cada prenda fuera atesorada y tuviera mucho más valor que hoy en día. Cuando en la sociedad ocurrían cambios en su estructura interna, acontecían también los mayores cambios en la vestimenta. Lo anterior es evidente en las transiciones de períodos culturales, como del Arcaico al Formativo, del Formativo al Intermedio Tardío, y por supuesto, con el Inka.

ICONOGRAFÍA
Pero ¿qué se hace en lugares donde los materiales orgánicos (cueros, textiles, plumas, vegetales) que conforman la vestimenta no se conservan? Dada su importancia en el mundo andino como en otros lugares y culturas, es posible realizar análisis iconográficos de sus representaciones en otros soportes como la litoescultura, la cerámica o los paneles rupestres. Incluso donde sí se conservan, estos estudios resultan complementarios, ya que a veces muchas prendas representadas en estos soportes no se han encontrado en los contextos arqueológicos, por lo que se debe tener en consideración que estas no son fotografías de la realidad.
“En los últimos años, con la exposición de las redes sociales, la vestimenta como gesto de identidad personal se ha visto unida a lo colectivo. La utilización de ropa y accesorios que identifican y apoyan movimientos sociales se ha vuelto tendencia”.
En los últimos años, con la exposición de las redes sociales, la vestimenta como gesto de identidad personal se ha visto unida a lo colectivo. La utilización de ropa y accesorios que identifican y apoyan movimientos sociales se ha vuelto tendencia. Si bien las normas impuestas han sido parte importante de las prácticas de dominación, también ha servido como medio de liberación y protesta, qué demostraciones más claras que el 18O y 8M. Pero de manera simultánea, la industria del retail ha uniformizado la vestimenta y ha establecido prácticas de consumo insostenibles. El ejemplo de los vertederos en Atacama es el resultado de una cadena operativa que involucra una sobreproducción descontrolada de ropa hecha en Asia, que termina como prendas de segunda mano o sin uso, desechadas. El incendio ocurrido hace unos meses en uno de esos basurales en Alto Hospicio, donde más de 100 mil toneladas de ropa fueron quemadas, no hace más que dejar en evidencia la cima del modelo capitalista, en el cual es deseable mantener lo dicho en la segunda parte de la sentencia escrita por Twain: “without them [clothes] he [the man] is a cipher, a vacancy, a nobody, a nothing”.
(*) Publicado en el Boletín de la Sociedad Chilena de Arqueología. El título y los destaques son del editor.


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