DIEGO ZÚÑIGA: El desierto marca y te puede convertir en escritor

Cultura 28 de agosto de 2018
Veinticinco años cumplió el programa “Premios Literarios”, que el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio -a través del Consejo del Libro y la Lectura-, implementó para potenciar la creación y las expresiones escritas y orales, valorándolas y visibilizándolas socialmente, como agentes movilizadores de identidad, memoria y reflexión crítica. En este período han sido premiados cerca de 350 autores, a los que se destinaron más de 2.200 millones de pesos. Uno de ellos es el escritor iquiqueño Diego Zúñiga.

Diego Zúñiga vivió hasta los 12 años en Iquique.  “Vivía en El Morro, estudié en el American College, que ya no existe. Pero volví todos los veranos de mi etapa escolar. Pasaba uno o dos meses allá. Mi padre y mi abuelo están allá, de hecho. Y en estos últimos años he vuelto también, aunque por menos tiempo, casi siempre por trabajo, a dar un taller o a realizar alguna actividad vinculada a los libros”. El año 2000 debió trasladarse a Santiago siguiendo a su familia. Allí se radicó y, a modo de anécdota, cuenta que los enormes tiempos utilizados en el traslado desde su hogar en Maipú hasta su colegio, ubicado en Las Condes, le sirvió para devorar y devorar libros: el primer paso para convertirse en escritor.

Diego es uno de los escritores nortinos que han sido premiados por el Consejo de la Cultura, en algunas de sus múltiples categorías. “En 2008 gané el Premio Bolaño, en la categoría novela. Y después en 2013 gané el Premio Mejores Obras Literarias (MOL), en categoría inédita, con la novela Racimo, que se publicaría un año después”. Aunque se formó profesionalmente en Santiago, reconoce que el territorio ha sido clave en su vocación: “Son paisajes, lugares, historias, que indudablemente pueden conectarse con el arte, con la literatura, con las artes visuales, con el cine, porque son lugares únicos”.

Los premios Mejores Obras Literarias, Roberto Bolaño, Escrituras de la Memoria, Amster-Coré, Marta Brunet y Publicaciones Digitales, otorgados por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, a través del Consejo Nacional del Libro y la Lectura (CNLL), tienen como objetivo visibilizar a creadores nacionales, mediante un estímulo que promueve y fortalece su conocimiento y la circulación de sus obras, en la dirección que establece la Política Nacional de la Lectura y el Libro 2015 - 2020. Este 2018, los Premios Literarios cumplen 25 años, periodo en que han sido premiados cerca de 350 autores chilenos.

Zúñiga reconoce que los premios que ha obtenido han sido relevantes para su carrera: “El Premio Roberto Bolaño fue importante, claro: yo tenía 20 y escribía mucho, leía mucho, pero no tenía ninguna certeza de que lo que estaba haciendo podía provocar algo en otra persona. Entonces, un premio como el Bolaño fue una respuesta a esa duda, y obviamente que me impulsó a seguir escribiendo”.

El escritor indica que la realidad del norte, con todas sus singularidades, es retratada por los escritores actuales de una manera bastante singular: “Hay libros, claro. Por ejemplo, Bagual, de Felipe Becerra, que si mal no recuerdo ocurre (una buena parte de la novela) en Huara. O los libros de Juan José Podestá o los de Rodrigo Ramos Bañados. Me parece que son escritores que han sabido tomarle el pulso al norte actual, a lo que ocurre en ciudades como Iquique o Antofagasta, con todas sus complejidades”. 

“Somos un país demasiado centralizado y, por lo tanto, todo lo que se hace en regiones es algo que a uno le llega de oídas, y siempre tarde. Creo que hay cosas valiosas, como el “Iquique en 100 palabras”, por ejemplo. Y seguro que hay más actividades culturales, pero como te digo, noticias sobre eso no circulan como debieran hacerlo. Me parece que Iquique y sus alrededores tienen un valor cultural e histórico innegable. Hace unas semanas estuve allá y fui a Pisagua. Había ido cuando niño, pero volver ahora fue muy impactante. Es un lugar extraordinario. Y está La Tirana y las salitreras, en fin”.

Finalmente el escritor expresa sus deseos, en el ámbito de las artes, para su añorada ciudad natal: “Me encantaría que hubiera la posibilidad de hacer residencias de artistas, que pudieran estar unas semanas o un mes en Iquique y viajar a estos distintos lugares, conocer la región, atravesar el desierto. Son experiencias que no tengo dudas de que los marcarían y que desembocarían en algo: en un libro, en una película, en una instalación, en fin. O me encantaría hacer alguna vez un festival de literatura allá. Invitar a autores de distintas partes de Latinoamérica y poder hacer charlas, conversar sobre la ciudad, sobre su historia. En fin. Es un lugar que tiene muchísimo potencial”.


ALGUNAS DE SUS OBRAS

Camanchaca, novela, La Calabaza del Diablo, Santiago, 2009 (primera edición) / Literatura Random House, 2012 (segunda edición). Racimo, Literatura Random House, Santiago 2014. Soy de Católica, libro de fútbol; Lolita editores, Santiago, 2014. Niños héroes, cuentos, Literatura Random House, Santiago, 2016. Contiene 10 relatos: “La ciudad de los niños”; “Un mundo de cosas frías”; “Omega”; “El lenguaje de los pájaros”; “Lorrie Moore le lee un cuento a Catalán”; “Tierra de campeones”; “Niños héroes”; “Cabezas negras”; “Montevideo”; y “La tierra baldía”.

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