TIEMPOS DE CRISIS, TIEMPOS DE MIEDO, TIEMPOS DE ESPERANZA

Actualidad 26 de abril de 2020 Por Pedro Buc Calderón (*)
El 31 de diciembre de 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó por varios casos de neumonía en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei, China. Se trataba de un virus desconocido. El 7 de enero de 2020, las autoridades chinas confirmaron que en realidad se trataba de un nuevo virus, de la familia del coronavirus. Un virus que se ha expandido a todo el planeta, y cuyas consecuencias aún no se pueden dimensionar.
covid-19-abriendomundo-Tiempos-de-crisis
Fotografía: abriendomundo / Shutterstock.com

Pedro BucLa humanidad enfrenta hoy una de sus peores crisis. Dada la globalización de la sociedad humana y su extensión planetaria, podría ser una crisis con un número de fallecidos considerable. Se estima que 500 millones de personas morirán por las consecuencias respiratorias de la gripe causada por el covid-19, es decir entre un 6-8 % de la población mundial (7 mil millones aproximadamente). Los números no dicen mucho, sin embargo, comparado con los 8-9 millones que mueren cada año por cáncer, o los 17-18 millones de fallecidos por enfermedades cardiovasculares. La cifra es enorme y debiera preocuparnos.

dance-of-death-155250Varios pensadores han evocado el retorno a los miedos cuasi ancestrales: la peste, la viruela, la peste bubónica (peste negra), etc. Sin embargo, no es necesario retroceder tanto en el tiempo pues la historia del ser humano ha sido un continuum de enfermedades, tragedias, epidemias, hambruna, muerte y desolación. Una primera crisis global fue la aparición de la llamada Peste Negra (1346-1353) que podría haber causado hasta 200 millones de muertes en Europa, es decir entre un 30% y un 60% de la población del continente europeo. Se cree que la peste Negra fue originada por la plaga bubónica, y el microorganismo implicado fue la bacteria Yersinia pestis. Es sin duda, la plaga más mortífera que ha asolado a la humanidad.

Más cercano a nuestros tiempos aparece el primer virus con efecto masivo: la gripe española (1918). Se considera que durante 18 meses se produjeron más de 75 millones de muertes, es decir, un 5% de la población mundial. El agente vector fue el virus H1N1 de influenza, y su blanco biológico es el sistema inmunológico del paciente.
 

GUERRAS MUNDIALES

Contrariamente a nuestra percepción de tiempos mejores (como alguien decía por ahí), los periodos de bonanza en el planeta han sido cortos. Recordemos que durante la primera mitad del siglo 20 hubo dos guerras mundiales, con más de 80 millones de muertos entre los países beligerantes. Se produjo, además, la crisis económica más importante de los tiempos modernos: la gran depresión del 29 con cientos de millones de cesantes, etc. 

El descubrimiento de los antibióticos, las vacunas, el manejo de la energía atómica, generó en las sociedades del primer mundo una sensación de bienestar y control de la naturaleza.

Sin temor a equivocarnos, podríamos decir que solo en la segunda mitad del siglo 20, la sociedad ha vivido un tiempo largo sin temores (exceptuando el miedo a la guerra nuclear de los años 50-60). La creación del estado de bienestar por los gobiernos socialdemócratas europeos y americanos (new deal) generó una prosperidad y crecimiento económico inimaginable. El descubrimiento de los antibióticos, las vacunas, el manejo de la energía atómica, generó en las sociedades del primer mundo una sensación de bienestar y control de la naturaleza. Atrás quedaban las víctimas de la viruela, la poliomielitis, las infecciones bacterianas. En el llamado tercer mundo de esa época persistían el hambre, el paludismo, la disentería… enfermedades del subdesarrollo que serían vencidas por la fuerza y el desarrollo humano.

En este marco de bonanzas, algunas señales de alarma se encendieron recreando temores ancestrales: epidemias locales del virus Ebola en África, aparición de resistencia de bacterias a medicamentos antibacterianos, aumento considerable de la obesidad (más de 650 millones de personas), primeras indicaciones de los efectos deletéreos del cambio climático, etc. Pero fueron desechadas por una sociedad imbuida de conformismo, individualismo y consumo desenfrenado. La aparición de un segundo virus con efecto planetario, el VIH (1981), provocó algunos replanteamientos de modelos de estilos de vida. La enfermedad, conocida como SIDA, también afecta al sistema inmunológico, por ende, las personas infectadas con el virus tienen menor protección ante ataques al sistema inmune y tienen más probabilidad de verse afectados por infecciones e incluso tumores. Se sabe por ejemplo que la recrudescencia de la tuberculosis está ligada a la epidemia de SIDA. El VIH ha provocado más de 30 millones de fallecidos en África y el resto del mundo, pero su mortalidad ha descendido progresivamente desde la aparición de los medicamentos retrovirales.

Examen laboratorio

¿AHORA QUE?

¿Y ahora qué? y bueno, el mundo se recuperaba de la crisis bancaria y financiera del 2008 (subprime mortgage crisis), el terrorismo internacional estaba en retirada, los países ricos sufrían por la amenaza sobre sus economías causadas por las olas de refugiados provenientes de Siria e Irak (en Europa) y latinos en los EEUU, la economía tambaleaba por el enfrentamiento entre los colosos chinos y americanos. 

En este mundo amenazado además por los efectos visibles del cambio climático (temperaturas extremas, sequías prolongadas, etc) y los fracasos de las reuniones internacionales conocidas bajo la sigla COP (la última COP25 debía realizarse en Chile pero fue desplazada a España por el estallido social iniciado el 18 de octubre de 2019), aparece una infección viral en China, inicialmente motivo de comentarios sarcásticos acerca de costumbres gastronómicas, pero que -poco a poco- comienza a ser el centro de atención de matinales, noticieros, periódicos, radios, y todas las redes sociales. El coronavirus hacía su entrada triunfal en nuestras vidas.

El 31 de diciembre de 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó por varios casos de neumonía en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei, China. Pero este virus no se parecía a ningún virus conocido. El 7 de enero de 2020, las autoridades chinas confirmaron que en realidad se trataba de un nuevo virus de la familia del coronavirus. Este virus ahora se conoce como el síndrome respiratorio agudo grave coronavirus 2 (SARS-CoV-2). La enfermedad que causa se llama enfermedad del coronavirus 2019 (COVID-19). 

Las medidas restrictivas puestas en marcha permiten ganar tiempo, tiempo útil para estudiar y analizar mejor el virus, tiempo útil para no colapsar los sistemas asistenciales…

En marzo de 2020 el virus se ha expandido a todo el planeta, se trata de una pandemia. La estrategia tomada por las autoridades chinas fue brutal: cuarentena total, construcción de hospitales en días, inyección gigantesca de recursos para combatir la plaga, etc. Los resultados están a la vista: a la hora actual no se registra la aparición de ningún caso nuevo en la región afectada en China. Europa, por el contrario, enfrenta dividida la crisis: algunos han optado rápidamente por medidas severas (los países del norte) y otros han sido menos restrictivos como Italia y España. 

Francia se quedó a medio camino y ahora activa políticas restrictivas. Alemania rompió la regla del equilibrio fiscal, aplicó una cuarentena más rígida y está logrando “aplanar” la curva. Esto quiere decir que las medidas restrictivas puestas en marcha permiten ganar tiempo, tiempo útil para estudiar y analizar mejor el virus, tiempo útil para no colapsar los sistemas asistenciales, tiempo útil que disminuya la virulencia del virus.

Vargas Llosa planteaba recientemente ¿quién lo hace mejor: las democracias o las dictaduras? Tal dilema no parece ser el adecuado. China lo está haciendo tan bien como Corea del Sur. Ambas lo hacen mejor que Italia y España ¿Habrá alguna relación entre lo que invierten los países en ciencia y tecnología y los resultados de sus políticas sanitarias actuales? No es una pregunta fácil de responder. Veamos que porcentaje del PIB invierten los países mencionados en ciencia y tecnología: Alemania (2.86%); Corea del Sur (4.29%); Italia (1.28%) y España (1.22%). A considerar: Chile gasta apenas el 0.37% del PIB, y peor aún, en los años 60 la economía chilena y la coreana eran similares. En todo caso, al parecer las diferencias en el manejo de la crisis en estos países y los efectos observados, residen más en las acertadas decisiones políticas que coreanos y alemanes tomaron en relación a españoles e italianos. Ejemplos que nos deben inspirar para la toma de decisiones de nuestras autoridades.

china miden temperatura


¿Y a propósito, como estamos en Chile, país de terremotos y calamidades naturales? Nuestro país enfrenta la crisis con una mala configuración: crisis social inédita después del estallido del 18 de octubre, campaña por una nueva constitución política, gobierno y elite política por el suelo, desprestigiados y carentes de liderazgos. Como si fuera poco, hay falta de confianza de la población en las decisiones del ministro de salud, Jaime Mañalich. La gente supone que las decisiones del ministro están motivadas por el interés económico, por ejemplo, los traspasos de dinero del sector público a las clínicas privadas para el uso de las camas privadas de medicina intensiva, o la falta de freno a la especulación de los precios de los insumos médicos, o la falta de voluntad para el cierre de los Malls en circunstancias que cerraron los parques nacionales. Por eso, la pregunta que se hacía al comienzo del estallido social toma aún más fuerza: se necesita de una salud pública capaz de hacer frente a problemas que van más allá de cálculos entre Isapres y Fonasa. Lo mismo ocurre con la educación, con las jubilaciones, con la vivienda, etc.


¿QUÉ ROL LE CABE A LA CIENCIA Y A 

LOS CIENTÍFICOS EN LA COYUNTURA?

¿Qué rol para la ciencia y los científicos chilenos en esta coyuntura? Durante largos días llamó la atención la ausencia del ministro de Ciencias y Tecnologías en cada comunicación gubernamental. El lugar de liderazgo, del lado de las ciencias, fue asumido por la presidenta del Colegio Médico. En cierto modo era la continuación del heroico trabajo que todo el personal de salud ha llevado a cabo en la lucha contra el virus. Los científicos aislados inicialmente en sus lugares de trabajo, e invisibilizados por la suspensión de actividades de universidades e institutos, empiezan a aparecer tardíamente en la escena nacional. Se reconoce ahora que el conocimiento es necesario para enfrentar una calamidad pública, distinta a un terremoto. La necesidad de diagnosticar la enfermedad llama al uso de tecnologías un poco más sofisticadas y ahí nos acordamos que las universidades tienen como rol generar conocimientos (además de formar ciudadanos). Ahí también nos dimos cuenta que con el miserable 0.37% del PIB que invierte el Estado en desarrollar las ciencias y las tecnologías, la red de investigadores no es lo sólida que necesitamos, esto sin contar con las precarias condiciones laborales que trabajan los jóvenes investigadores. Imitemos los buenos ejemplos: un país crece (en el buen sentido de la palabra) cuando invierte en capital humano, es decir, con una buena educación pública desde la Básica hasta la Universitaria. Evitemos que en el futuro se gasten fortunas en financiar especuladores, en vez de fortalecer industrias, escuelas, y universidades.

¿Qué hacer en este contexto? Sólo es posible fomentar un mando científico del liderazgo de la pandemia, pues sólo un liderazgo legitimado puede entrar en sintonía con la disciplina histórica del pueblo chileno ante las catástrofes. El pueblo tiene una memoria de salud pública que es necesario movilizar. Lo óptimo es generar una instancia de coordinación entre científicos y autoridades. Es decir, gobierno, colegio médico, parlamento, y organizaciones sociales.

¿Qué viene después del Covid-19? Chile cambió, Chile despertó el 18 de octubre…el virus no logrará borrar de la memoria las esperanzas de un nuevo orden más justo, más equilibrado, menos desigual y con más oportunidades para todos… Bueno, esa historia la escribiremos todos juntos cuando nos libremos de este virus.


(*) Profesor emérito de la Universidad Católica de Lovaina. Académico Unap.

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