MUSEO DE LA TIRANA: para conocer y atesorar nuestro patrimonio religioso

Arte y Cultura 16 de julio de 2020 Por Andrea Suárez
En el vientre del Santuario, en un espacio de 342 metros cuadrados, se puede conocer la historia y las vivencias religiosas del Norte Grande. Con un concepto museográfico territorial y comunitario, en el cual se basa su habilitación, implementación y funcionamiento, el Museo es uno de los principales atractivos del pueblo.
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Fotos: Gentileza del Museo

Deslumbrados por los bailarines y aturdidos por el ruido de los tambores, no todos los peregrinos han reparado en uno de los imperdibles de la fiesta de La Tirana: el Museo de la Vivencia Religiosa del Norte Grande. Ahora que deberemos disfrutar la fiesta desde el confinamiento, es una buena ocasión para saber más de este punto de atracción del Santuario y así, cuando se pueda visitar el poblado nuevamente, tenerlo como uno de los atractivos a considerar. 

Karla Aguilera es arquitecta y, además, directora del museo. Nos cuenta que en el año 2000, cuando comienza el proceso de ampliación y restauración del Santuario, se concibe la idea de dejar un espacio en el subsuelo, para con el tiempo erigir el museo. “Con el paso de los años el proyecto se pudo convertir en realidad, el 2015; en paralelo con las obras se inició el trabajo de recopilación, registro e inventario de piezas que poseía el Santuario, muchas de ellas donadas por los peregrinos. Con ello aparece el diseño arquitectónico y se comienza a modelar la museografía, siendo posible hacia el año 2012 -a través de la Ley de donaciones culturales, por medio de la empresa Doña Inés de Collahuasi-, cumplir con este anhelo”.

El museo es, agrega Karla, “fundamentalmente testimonial; la mayoría de las piezas fueron donadas por los peregrinos en el devenir del tiempo. Y otras adquiridas especialmente para la muestra. Las piezas se exhiben en las diferentes vitrinas e islas dentro del recorrido en el museo, el cual cuenta con 7 momentos, partiendo por las raíces de la ritualidad del Norte Grande. Allí conocemos nuestros orígenes, para comprender lo que somos hoy”.

Continuando, se puede apreciar “la cultura de los bailes religiosos y los bailes de pastores, expresiones propias de nuestra forma de fe nortina. Más adelante, en el recorrido, apreciamos la sala de la belleza del arte y el culto, para recibir el momento de las tradiciones y costumbres del santuario, y acercarnos a la fiesta de la virgen junto a la sala de trajes y finalizar con la muestra del patrimonio devocional. Todo acompañado de una composición musical, creada especialmente para el museo, la cual recoge las vivencias religiosas desde las melodías”.  

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En este recorrido “se pueden apreciar trajes, instrumentos, cuadros, pinturas, imágenes religiosas, fotografías, estandartes, exvotos, entre otros, los cuales, dispuestos en las diferentes vitrinas, van contando sobre nuestro patrimonio religioso vivo del Norte Grande”. 

Entre las piezas más relevantes que guarda el museo “destacan aquéllas que tienen un gran valor sentimental, por sobre el económico, puesto que gran parte de ellas son devocionales; por ejemplo, trajes de caporales antiguos, varios de ellos fallecidos, donde las familias se desprendieron del traje de su hermano (a), esposo (a), padre, madre, para donarlo al museo, y a través de ellos contar nuestra historia. De igual forma están las diferentes piezas que acompañan el desarrollo de la Fiesta Grande de Julio como es la Campana de procesión, el bastón de mando que utiliza la imagen Venerada de la Virgen del Carmen en la misa de las Fuerzas Armadas y el tupu que usa la Virgen, para celebrar la misa de los pueblos andinos”. 

Las experiencias más significativas son aquellas vivimos con los visitantes, agrega Karla. “Aquellos momentos en que recibimos a diferentes personas, de modo individual, familiar, grupal, de la forma que lleguen, y realizamos la visita guiada en el museo y en ocasiones por el pueblo, donde podemos recoger inquietudes, intercambiar ideas, información, experiencias. Muchas veces sin ser del mismo credo, las personas se atreven a conocer de nuestra cultura desde esta mirada, donde la experiencia finalmente se plasma en el papel, y con puño y letra, dejan su testimonio por escrito, teniendo hoy más de mil recuerdos escritos”. Esa es nuestra bitácora, donde expresan su sentir más profundo después de lo vivido, que sin duda implica la visita al santuario mismo y el saludo a los pies de la Virgen del Carmen”.

Una historia singular, señala, es la que “representa el corte de danza de morenos en la sala de trajes, el que perteneció a José Cayo Henríquez, quien bailó en la Sociedad Religiosa Morenos Indues, y quien trágicamente desapareció en la ciudad de Iquique, apareciendo su cuerpo años después. Hoy su traje está en el museo, es el único que lleva consigo una fotografía en la sala de trajes, para conocer a quien lo vestía. Hoy su madre y familiares visitan el museo año tras año, después de su apertura, con un sentir especial, al cual nos unimos como equipo. Somos parte de su historia, sabiendo que está en el mejor lugar, en el vientre del Santuario, en la casa de la Carmelita, lugar donde en algún momento comenzó su manda”.   

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Entre las últimas piezas desatacadas que recibió el museo, “se encuentran las coronas de la Virgen y el Niño Dios, que recibieron como regalo de parte de todos los Bailes Religiosos que participan de la fiesta, representados por la Federación de Bailes Religiosos, en el año 2018, para cuando el Papa Francisco, en la ciudad de Iquique, coronó la imagen de la Virgen del Carmen de la Tirana como “Reina y Madre de Chile”. Actualmente estas coronas las usa la Imagen Venerada de la Virgen del Carmen y el Niño Dios (la Virgen Grande) como parte de su traje de Gala, es decir, para los días de Fiesta en Julio y momentos excepcionales en el año”.

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