ANIVERSARIO DEL “HACERSE LA AMÉRICA”

Opinión 25 de julio de 2020 Por Patricio Muñoz Pinto
Eran las Indias, habitadas por indios (no hindúes), a los cuales los españoles de inmediato los consideraron bárbaros, porque no eran católicos, parecían animales, andaban a poto pelado y no conocían las buenas costumbres ni la moral europea.
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Quisiera precisar que no le tengo mala a los españoles. Lo expreso anticipadamente porque al terminar de leer este artículo muchos podrían pensar que no son de mi agrado. Para nada, soy asiduo a los programas de Antena Tres, leo casi todos los días el diario El País, me encantan Raphael y Nino Bravo, sigo con entusiasmo su fútbol y tengo cuenta bancaria en una entidad española. Nada en particular me indispone contra los coños. Salvo que tengo una visión muy especial, sobre su llegada y motivación, a las costas del continente.  

Partamos por el principio. El 12 de octubre de 1492 llegó el italiano Cristóforo Colombo a una de las varias islas de las Bahamas. Posteriormente este personaje empezó a marketearse como Cristóbal, porque el sponsor que financiaba la tournée, era del reino de Castilla. Así comienza todo, con un “descubrimiento”, porque ni españoles ni nadie sabía de estas tierras, pero sin embargo eran muy conocidas por los habitantes de ellas. Eran las Indias, habitadas por indios (no hindúes), a los cuales los españoles de inmediato los consideraron bárbaros, porque no eran católicos, parecían animales, andaban a poto pelado y no conocían las buenas costumbres ni la moral europea. 

Pero los conquistadores se dieron cuenta también de otras cosas. Que los aborígenes lucían collares y adornos con  figuritas de oro y plata.  Y como no venían por estos lados de vacaciones sino “a hacerse la América”, llegaron a la conclusión que había que llevarse el oro y la plata, además de convertir a los infieles. Se propusieron estar descubriéndolo, hasta que no quedara ni una onza de oro ni infiel vivo alguno.

La verdad es que los españoles andaban buscando riquezas para la Reina y para la Iglesia. Según consta en el Archivo de Indias, en pocos años mandaron a España 185.000 kilos de oro y 16.000.000 de kilos de plata. Al parecer cadáveres no se enviaron, esos quedaron por estos lados.

Friedman señalaba que una Economía subsidiada, jamás puede funcionar. Esto nos debiera obligar a los nativos americanos a reclamarles a los españoles el pago del capital y los intereses pendientes no cobrados en siglos. Aunque fuera a tasas de interés anual menores a las que nos tienen acostumbrados. Solo exigiríamos la devolución de los metales preciosos que nos robaron con un módico interés fijo del 5 %, acumulado y  solo por los últimos 300 años. Les daríamos unos 200 años de gracia. Y con todo, los descubridores-invasores nos deberían, como primer pago de su deuda por los 185.000 kilos de oro y 16 millones de kilos de plata, una cantidad de dinero, que para expresarla sería necesario usar más de 300 dígitos. 

Para que nos vamos a engañar: las posibilidades de que nos paguen no existen. Pero además, en esta cuenta pendiente, no está involucrado para nada el cobro al socio principal del negocio, la Iglesia Católica que fue –según se supo después- la que hizo los principales “retiros” y que no pasaron por la corona, sino directamente a Roma, para adornar la casa de Dios.  

Pero lo que más molesta es que los españoles con su modelito “descubrir, invadir, cristianizar y saquear”,  motivaron a otros pueblos civilizados de esa época y posteriores a que se vinieran por estos lados a llevarse hasta el raspado de la olla. Y es lo que ocurre hasta nuestros días.

Afortunadamente ya no son conquistadores y piratas de parche en el ojo. Son empresas multinacionales, parecidas a las anteriores, pero diferentes. Siguen detrás del oro y del cobre, molibdeno, litio, de las aguas, las comunicaciones, las AFP, los bancos y de las concesiones del MOP. A lo menos ahora pagan impuestos, dan empleo y hasta practican voluntariamente la responsabilidad social empresarial. El retruque desde América lo han hecho los norteamericanos que en las últimas décadas han salido a invadirlo con sus capitales, modelo y poderío militar. Y también los chinos, los vietnamitas, los coreanos. Es la mano de vuelta. Dios nos pille confesados. Digo yo.

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