LAS CARAVANAS DE LA AMISTAD ENTRE ORURO Y TARAPACÁ DE 1958

Memoria 12 de enero de 2018 Por Sergio González Miranda (*)
Muchos de quienes hablan de Integración, en estos tiempos, desconocen algunos de los esfuerzos señeros en este sentido que ha realizado nuestra comunidad. Este artículo nos permite conocer y recordar a algunos de los pioneros en ahondar nuestros vínculos con la ciudad de Oruro. Las caravanas de la amistad de 1958, hace ya 60 años, se realizaron en condiciones de precariedad absoluta, donde lo más importante era la convicción tras la iniciativa.
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1 / 4 - Orureños en Cavancha - Fotos: Gentileza de Sergio González Miranda

Las regiones de Oruro y Tarapacá son territorialmente contiguas, lo que pudo haberse expresado en una competencia e incluso rivalidad, considerando, además, los históricos conflictos diplomáticos y fronterizos entre Bolivia y Chile.  Sin embargo, Oruro está en el imaginario tarapaqueño, especialmente en el iquiqueño, como una oportunidad de desarrollo, donde la integración física a través de una carretera (desde 1864 hasta 1928 se soñó con un ferrocarril) habría sido la palanca necesaria para darle curso a esa oportunidad.  En el imaginario del orureño el comercio con el litoral tarapaqueño siempre ha sido un imperativo, sustentado además por una antigua tradición de circulación andina hacia el poniente. 

Los tarapaqueños miraron siempre hacia Oruro temiendo que algún día el salitre dejara de ser una economía en auge, pensaban que la rica minería boliviana sería una oportunidad. Lo que temieron los habitantes de Tarapacá se cumplió, llegó lentamente la crisis del salitre en los años veinte.   Sin embargo, ello en vez de resignar a la sociedad tarapaqueña fue un mayor acicate para su demanda asociativa con Oruro.  En 1928 se realizó uno de los esfuerzos más notables por convencer al Gobierno de Chile de la necesidad urgente de un camino entre Iquique y Oruro, esta vez sería un trazado completamente diferente a aquel que cruzaba la mina de Collahuasi.  Partiría en Iquique llegando a Huara en dirección al norte, hasta el valle de Tana. Desde allí subiría en dirección a Alpajere y Pumire, en las cercanías del tranque de Caritaya, hasta llegar a la frontera al poblado de Chinchillani; ya en territorio boliviano pasaría por los asentamientos humanos:  Todos los Santos, La Rivera, Sabaya, Huchacalla, Parinacota, Jopoquan, Corque, Toledo hasta llegar a Oruro.  

En este año estaba en el Gobierno el presidente Carlos Ibáñez del Campo, quien había vivido en la región, por lo que conocía perfectamente a la sociedad tarapaqueña.   La elite (asamblea municipal liderada por el alcalde Enrique Brenner) de esta sociedad le encargó al General de ejército y escritor Carlos Harms Espejo, que “publicara un folleto con las principales razones que aconsejaran esta construcción ferroviaria” (Comité por el pro-camino Iquique Oruro 1934:8).   Este trabajo se transformaría en un libro editado en Santiago por la editorial La Ilustración en 1930 y titulado “Los grandes problemas de la zona norte de Chile”.  

No fue nada fácil para los tarapaqueños convencer a las autoridades del Gobierno central en aceptar su proyecto de integración física. Curiosamente durante el segundo mandato de Carlos Ibáñez del Campo fue el mejor momento para ser escuchados

En 1958 (el último año del mandato del presidente Ibáñez del Campo), el diario El Tarapacá del Miércoles 1º de enero titulaba: “Con medios propios los iquiqueños construyen camino de Iquique a Oruro”.  Las demandas de orureños e iquiqueños, al parecer, habían sido oídas en los Gobiernos centrales, los cancilleres de ambos países se reunirían en Iquique en una Conferencia Internacional el 10 de Marzo de 1958. Resolución fundamental de esta conferencia debía ser la fijación del trazado, las tres soluciones habían sido propuestas por una comisión de ingenieros chilenos y bolivianos en 1952.  Estas eran: 1. Iquique – Pampa Lirima – Llica – Oruro; 2. Iquique – Chusmiza – Pisiga – Toledo – Oruro y; 3. Iquique – Alpajere – Chinchillani – Oruro. Dicha comisión recomendó de preferencia la llamada ruta central, (Chusmiza – Pisiga), por ser la más corta y la que ofrecía menos dificultades topográficas.  A pesar de las expectativas, fueron los ministros de Obras Públicas y no los cancilleres los que se reunieron en Iquique el 12 de marzo y acordaron la construcción del camino internacional de Iquique a Oruro. 

Entonces recordaron los iquiqueños una de sus imágenes más significativas, la del 21 de mayo y Arturo Prat, porque estaban a pocos días de esa fecha, y debía haber una expresión de agradecimiento, y qué mejor que una caravana que cruzara todos los obstáculos que impedían unir las dos ciudades, las dos regiones contiguas.  Fueron, en cambio, los orureños los que tomaron la iniciativa. La Comitiva oficial la integraban los representantes de las llamadas fuerzas vivas de esa región, desde representantes del Gobierno regional, de las juntas de vecinos, el rectorado universitario, del periódico La Patria, de las cámaras de Comercio e industrial de minería, de la Corporación minera, del Rótary Club, universitarios, etc.  En deportes una delegación de las Salinas de García de Mendoza y un equipo de Voleybol. Estudiantes del Colegio Saracho y del Liceo de Niñas, veinte por establecimiento.   Comerciantes, industriales, banqueros, gremios y otras instituciones formaban el grueso de la caravana que era completada por un buen número de turistas. Y algunos conjuntos folklóricos.   Lo más significativo fueron los ciclistas y caminantes que se unieron a la caravana partiendo un poco antes. 

Integraron la caravana 800 personas, quienes representaban a todas las principales actividades de Oruro, viajando en 35 vehículos especialmente equipados para la esforzada travesía, ya que la integraban carros con equipos radiales, de primeros auxilios sanitarios y religiosos, (ya que inclusive viajó un sacerdote), y mecánicos para caso de desperfectos. Llama la atención de las fechas que se consideraron simbólicas para realizar la caravana de la integración o de la amistad.  Los orureños consideraron que debían estar para el 21 de mayo en Iquique, y los iquiqueños para el 6 de agosto en Oruro.   Es interesante que los primeros escogieran una fecha que para los iquiqueños es considerada regional, a un nivel similar al 16 de julio.  Y éstos evaluaran el 6 de agosto (fiesta nacional de Bolivia) como la más simbólica para los orureños, pues vieron cómo los bolivianos cuando les correspondía organizar la fiesta de La Tirana, a fines del siglo diecinueve, lo hacían precisamente el 6 de agosto. Y llegaron el 21 de mayo a Iquique.  Titula el periódico El Tarapacá de Iquique de ese día miércoles, p. 3: Un afectuoso recibimiento tributó Iquique a la “caravana de la amistad”. 

Los iquiqueños debieron entonces planificar su viaje que sería en pleno invierno. La delegación estaba presidida por el regidor don René Díaz Labatut, quien llevaría la representación del Intendente de la provincia don Eduardo López Vallejos, quien ante la proximidad de las elecciones presidenciales no podía ausentarse de la zona. Otro regidor le acompañaría, Orlando Gaete Orellana. Integraban el resto de la comitiva el señor Carlos de Laire, periodista de El Tarapacá, presidente del Comité pro Camino Iquique a Oruro, por la vía de Chusmiza, y Director de la Bomba N° 8; el ingeniero, señor Juan Jackson, quien representaba a la OTECH, Club de Leones y Rotary; don Francisco Gallo Chinchilla, comerciante iquiqueño, miembro del club de Leones y representante de la Cámara de Comercio; don Francisco Florimo y don Abel Gallardo, presidente y secretario del Sindicato de Dueños de Camiones; el señor Aquiles Luhemberg, por el gremio del Rodado; los señores Víctor Lizarraga Gamboa y Tomás Moreno, profesores del Liceo Nocturno, en representación de los Educadores; Floreal López, por el Centro para el Progreso de Iquique; Donato Zanellí, por el Centro para el Progreso de Huara y don Gregorio Feldmann, por el comercio del mismo pueblo; Jaime Torres de la Academia de Experimentación Teatral; y Alejandro Contreras, por los FF.CC. del Estado. El control absoluto de la caravana estaría a cargo de los señores René Díaz, Francisco Florimo y Aquiles Lunemberg.  Tres grupos formaban la caravana.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, a través de su embajador en La Paz, realizó gestiones para que se dieran todas las facilidades a la caravana de la amistad con destino a Oruro. El cronista iquiqueño, Luis Díaz Salinas, uno de los protagonistas de esta caravana, relata en su libro Sendas de Nostalgias, la llegada a Oruro: “La entrada a la ciudad fue apoteósica.  Dos enormes locomotoras formaban un arco de triunfo, demostrando el afecto de los obreros y empleados ferroviarios, y simbolizando la derrota de las odiosidades alimentadas por tantos años de desconfianza mutua.  Al ver el ingreso de los vehículos, algunos hombres lloraban de emoción, muchos de los cuales habían trabajado en las oficinas salitreras de Tarapacá, y después de largos años volvían a ver rostros de hermanos chilenos” (1992:282). El Tarapacá del miércoles 13 de Agosto de 1958. Titulaba: “Ayer en la noche se completó el regreso de la caravana de la amistad iquiqueña”.   De esa forma, concluía la más desafiante de las acciones integracionistas de dos pueblos que han deseado hermanarse en un (siempre frustrado) proyecto de desarrollo compartido y complementario.


(*) Premio Nacional de Historia 2014.

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