Patrimonio inagotable: el universo CHINCHORRO de la región de Tarapacá

Arquitectura y Patrimonio 01 de noviembre de 2021 Por Reinaldo Berríos González
Tras la declaratoria de Patrimonio de la Humanidad de tres sitios Chinchorro en Arica, surgen una serie de desafíos en Tarapacá para atesorar esta cultura. Prácticamente en toda la costa se han encontrado restos o vestigios Chinchorro, algunos de los cuales se conservan en el Museo Regional. La presión por el uso de suelo en la zona costera, obliga a adoptar políticas de resguardo y protección de estos lugares. Si a eso le sumamos el cambio climático, el desafío es aún mayor.
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El cambio climático, con el aumento de la humedad y la mayor oscilación de la temperatura, amenaza este patrimonio de la región de Tarapacá.

Fotos: Gentileza del Museo Regional

El borde costero de Tarapacá está sembrado de tesoros. Vestigios de otros tiempos enterrados a apenas unos centímetros de la superficie. Se trata de cuerpos momificados de la cultura Chinchorro, entre otros, que podrían potenciar la vocación patrimonial de nuestro territorio. Son sitios que, en algunos casos, apenas se han registrado, faltando el proceso posterior de análisis, protección, conservación y puesta en valor.

Luis Pérez Reyes, director del Museo Regional nos habla sobre el tema, a raíz de la reciente declaratoria de Patrimonio Mundial en Arica: “El primer desafío está en la conservación, tanto de sitios arqueológicos -que son lugares donde se depositaron momias Chinchorro- y, por otra parte, en las colecciones arqueológicas que están en el Museo Regional. Además, el tema de conservación pasa por el problema del cambio climático que está afectando a todo el mundo: el aumento de la humedad, la mayor oscilación de la temperatura y todas estas fluctuaciones que hay a lo largo del año, así como en el día a día”. 

“Los planos reguladores avanzan, retroceden, se rechazan, se reingresan, con fundamentos que -muchas veces- ni siquiera abordan los aspectos patrimoniales”.

“Todas estas variables se suman a la preocupación que tenemos hoy día respecto a la conservación de estos bienes sensibles, de carácter patrimonial. Por otra parte, está el tema de la explosión demográfica que hay en las costas de la comuna de Iquique, aunque Chinchorro se extiende mucho más allá, incluyendo el sur del Perú. Y esto tiene que ver con la ausencia de una planificación en el borde costero. Esto ha afectado a lo largo de las últimas décadas tremendamente los sitios arqueológicos de todo tipo que hay, por cientos, entre Iquique y el Loa. Y dentro de los cuales hay muchos sitios Chinchorro identificados”. 

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A escasos centímetros de la superficie se han encontrado las momias Chinchorro en la costa de nuestra región.

TRANSICIÓN CHINCHORRO

El director del Museo Regional nos da algunos ejemplos: “Está el cementerio Jatata, que en su momento identificó Francisco Téllez (Q.E.P.D.), ex director del Museo Regional. Hay otros sitios con restos Chinchorro en Patillos, que identificó Horacio Larraín, hace casi dos décadas atrás; a mi me tocó trabajar transición Chinchorro, que son momificaciones que son del período final, antes de ingresar de lleno al formativo y los desarrollos aldeanos en Playa Blanca, por ejemplo”. 

“Estos registros Chinchorro a lo largo de las costas de la comuna de Iquique, hoy en día se han visto amenazados por obras viales, por intervenciones de nuevos caminos para acceder a la playa, por tomas de terrenos y por distintas intervenciones de diferente índole, que se van dando conforme la población va presionando por nuevos espacios de uso para diferentes finalidades a lo largo del borde costero. Entonces, Chinchorro se viene a instalar como un eje temático importante desde que tenemos la noticia de la aprobación de esta declaratoria a nivel mundial”.

“En el Museo regional se reciben no una, sino decenas de colecciones arqueológicas al mes y por cientos al año”.

Más aún, agrega, “nos viene a dar un tirón de orejas, porque la planificación del borde costero -donde está plagado de este tipo de sitios y de otros también, tal vez más antiguos y posteriores-, no está en el eje ni forma parte de los puntos de interés de las autoridades. De hecho, hemos visto como los planos reguladores avanzan, retroceden, se rechazan, se reingresan, con fundamentos que -muchas veces- ni siquiera abordan los aspectos patrimoniales”. 

A mayor abundamiento, como diría un abogado, “hay una total ausencia y desconocimiento de lo que significa este acervo cultural, no solamente en términos del interés que pueda tener para los arqueólogos, sino que también para el desarrollo cultural, identitario, de economías sustentables, de turismo, de turismo de intereses especiales… y el desarrollo económico de las caletas que siempre se está intentando levantar y precisamente a través del turismo y la identidad”.

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ETNIA CHANGO

A todo lo anterior, agrega, “debemos incorporar el tema de la inclusión de la etnia Chango en la ley indígena; entonces, creo que lo que se viene es que los gobiernos locales, tanto comunales como regionales, van a tener que avanzar en considerar el desarrollo de conservación y gestión del patrimonio a lo largo del borde costero, teniendo como responsabilidad principal no solamente la infinidad de sitios en distintos períodos, sino que este Patrimonio Mundial de la Humanidad que es Chinchorro y que, en nuestra región, tenemos bastante”.      

-Si se trabaja bien, entonces, podríamos tener también un capítulo Chinchorro, Patrimonio de la Humanidad en Iquique…

-Por supuesto. A futuro estos sitios tienen que ingresar en estudios más complejos, más acabados. Está la identificación de muchos de ellos, pero no de la totalidad; debe haber una cantidad considerable de sitios, si no Chinchorro, del período transición hacia el formativo. Por ejemplo, está Caleta Huelén 42, en la desembocadura del río Loa. Entonces, si la declaratoria de Patrimonio de la Unesco está considerando estos tres sitios de Arica, es obvio que van a seguir sitios como Caleta Huelén 42, como Jatata, como Patillos y tantos otros que hay a lo largo del borde costero”.  

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DESPROTECCIÓN

“Lo que a mí más me preocupa es que el borde costero actualmente tiene una desprotección total. Y hay una cantidad enorme de tomas, de actividades no reguladas, actividades industriales, tanto bajo la normativa de la ley de bases del Medio Ambiente, como también actividades semi industriales e industriales que muchas veces no se regulan. Por ejemplo, vemos pequeñas empresas, contratistas, así como la explotación del huiro, o las guaneras, o de áridos, que se despliegan a lo largo de la costa y que se vio acrecentada en el período de pandemia, en que todos tratan de salir adelante con sus emprendimientos”. 

“Todo esto trae aparejado un movimiento de poblaciones que comienzan a migrar para establecer sus predios, para emprender una actividad económica, incluso para vivir. Hay casos como el de caleta Cáñamo que, actualmente, es una tremenda población de personas que se instalaron ahí, no pensando en el veraneo. Se trata de una comunidad que, al no tener respuesta desde la planificación territorial del gobierno, está buscando por sí misma como mejorar sus condiciones de vida”.


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CHINCHORRO: LOS CUERPOS FUERON 
ENTERRADOS A POCA PROFUNDIDAD

“Los sitios arqueológicos -agrega Luis Pérez- responden de distinta manera a la topografía y, por ejemplo, en un sitio Chinchorro, siendo tan delicados, son super sutiles y de poca proyección en el sustrato. En palabras simples, los cuerpos fueron enterrados a muy poca profundidad; la mayoría de los entierros son casi superficiales, a diferencia de entierros incas en la región, en que excavaban tres-cuatro metros, generaban un cilindro con rocas y ahí depositaban el fardo dentro. O en los sitios del período intermedio que ocupan las laderas de los cerros. Los sitios Chinchorro están casi en la superficie. Y en los mismos lugares en los cuales la gente está interviniendo para realizar sus proyectos”.

“La costa de la comuna de Iquique y probablemente pase lo mismo en Antofagasta, está plagada de sitios arqueológicos; la densidad arqueológica es muy grande. Por ejemplo, los estudios que realizamos en el año 2020 en Caramucho, solamente entre Quinteros y Yape, identificamos alrededor de 400 y tantos puntos de registro arqueológico; esa es la densidad. En Monjitas, con la escuela de arqueología de Tarapacá, registramos un centenar de sitios arqueológicos. Y lo mismo se produce en Punta Gruesa, en Los Verdes, en Lobito… entonces no es fácil la gestión del patrimonio a lo largo de la costa”.  

Un dato que asombra, al finalizar la entrevista: “En el Museo regional se reciben no una, sino decenas de colecciones arqueológicas al mes y por cientos al año. Por ejemplo, los proyectos de energías renovables están levantando varios cientos de sitios arqueológicos y que son depositados en instituciones como el Museo regional”. 

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