ESCUELA SANTA MARÍA DE IQUIQUE: entre la memoria oficial y la historia regional

Arquitectura y Patrimonio 29 de abril de 2022 Por Damián Lo Chávez (*)
Este artículo es un avance del informe del proyecto “Memorias locales: La Escuela Domingo Santa María como sitio patrimonial de la ciudad de Iquique”. Esta propuesta de investigación pone en primer plano la sociedad regional en lugar de reducirla a un apéndice de la historia del Estado. Esperamos, dice el autor, superar el relato estado-céntrico y tender puentes entre la investigación y la amplia comunidad vinculada a la escuela en el presente.
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Los antecedentes documentales indican que la escuela fue construida e inaugurada durante el primer semestre de 1883.

Las ciencias históricas cumplen la función social de contribuir a cimentar una visión crítica y global de los procesos que han dado origen y forma a nuestra sociedad, instituciones y ciudades en el tiempo. Esta contribución tiene un directo vínculo con el desarrollo de una ciudadanía activa y participativa. La historia interactúa con el presente cuando re-examinamos nuestro pasado regional y lo sometemos a un análisis sistemático a partir de diversas fuentes documentales. A través de este ejercicio percibimos que muchos de los problemas que atraviesan el debate público actual tienen hondas raíces en el tiempo. Por otra parte, la historia como ciencia con perspectiva regional no propone invalidar las memorias locales o saberes populares. Memorias y saberes que tienen valiosas expresiones que han perdurado a través de las generaciones. Al contrario: dialoga y los incorpora a una visión crítica de conjunto que enriquece globalmente nuestra cultura regional e identidad. 

CHILENIZACIÓN

En agosto de 1935 autoridades, docentes y estudiantes de la reconstruida Escuela celebraron su quincuagésimo aniversario con un solemne acto cargado de contenido nacionalista. Una declaración, supuestamente del alumnado, indicó:

  •  “Nuestra querida escuela fue fundada por el ilustre presidente don Domingo Santa María, el 24 de agosto de 1885. Este presidente, tan pronto puso término a la guerra del Pacífico tuvo la feliz idea de dar a la provincia de Tarapacá, provincia recién incorporada al territorio nacional, un establecimiento como este, con el fin de asegurar más el dominio de estos territorios ganados a fuerza de tantos sacrificios por nuestros valientes soldados que tomaron parte en la guerra”[1]. 

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Domingo Santa María

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Patricio Lynch Solo de Zaldívar

Si bien los antecedentes documentales indican que la escuela fue construida e inaugurada durante el primer semestre de 1883, el relato histórico oficial transformó en hito fundacional la fecha en la cual el Gobierno central reconoció por decreto la Escuela Santa María como establecimiento fiscal dependiente del antiguo Ministerio de Justicia, Instrucción  y Culto.

El 19 de agosto de 1880, asegurado plenamente el dominio militar de los territorios que componen las actuales regiones chilenas de Tarapacá y Arica y Parinacota, el Jefe Político interino de Tarapacá, Manuel José Soffia, inició las gestiones para establecer las primeras  escuelas chilenas en Tarapacá (Valdés, 1884). Soffia ejecutaba las instrucciones decretadas por su superior, Patricio Lynch, quien pasaría de ser el Jefe Político de Tarapacá al Jefe de la Fuerzas de Ocupación de todo el Perú. Lynch vislumbró el potencial chilenizador de la educación pública, transformándola en la práctica en un arma ideológica en la conquista del Surperuano (González, Chilenizando a Tunupa. La escuela pública en Tarapacá andino, 2002). Este potencial político de la instrucción pública tenía directa relación con la accidentada historia de la educación en Tarapacá peruano: precariedad de los establecimientos, escasos en personal docente y en constante falta de fondos (Donoso, 2003) . En contraparte, la elite peruano-tarapaqueña prefirió enviar a sus hijos varones, herederos de salitreras y haciendas, a estudiar a las grandes ciudades del Perú, Chile y Europa (Durand, 1977).

Es importante señalar que, hasta la firma del Tratado de Ancón entre el Gobierno chileno y el efímero y frágil Gobierno peruano de Miguel Iglesias en octubre de 1883, Tarapacá no era sino otro territorio peruano ocupado de facto por la fuerza.   Hasta la firma del mencionado tratado, varios factores ponían en tela de juicio el futuro de los territorios ocupados. Entre ellos la dificultad para poner en pie un gobierno en Perú que tuviese la legitimidad de negociar formalmente un tratado de paz que consagrase el nuevo dominio chileno de Tarapacá. En estas circunstancias no es de extrañar que el Gobierno central se mostrase reacio a la construcción de obras públicas de alto costo. Los protagonistas de la fundación de la Escuela Santa María fueron principalmente tres: las autoridades provisionales de ocupación, las elites urbanas y los sectores populares urbanos del Iquique salitrero, especialmente sus niños. El Gobierno central fue un actor secundario.

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“NIÑOS OCIOSOS”

A lo largo del periodo salitrero, especialmente durante el siglo XIX, antes de le Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, la infancia y qué hacer con ella fue un dilema que inquietó a las autoridades encargadas de modernizar la sociedad regional.  Niños y niñas solían manifestar las rebeldías sociales no tan distantes de aquellas observadas en el mundo adulto. La vagancia, el hurto, los juegos y diversiones que colisionaban con el ideal de orden, aseo y trabajo que debería regir la cotidianidad urbana según las elites de la época. La prensa reporta con frecuencia, hasta entrado el siglo XX, la presencia de niños ociosos, ocasionado toda clase de desmanes facilitados por la indolencia de autoridades y lenidad de padres. 

La Jefatura Política fue un régimen especial de gobierno político-militar de la ocupada provincia peruana de Tarapacá instaurado por el Gobierno chileno en noviembre de 1879.  Tenía las atribuciones propias de un régimen militar, facultado para gobernar por decreto y hacerlos cumplir por la fuerza. Sin embargo, en la práctica transitó a un gobierno civil que empleaba con frecuencia el diálogo y la negociación con los actores locales. Entre Patricio Lynch y Gonzalo Bulnes se sucedieron varios jefes, los primeros militares y finalmente elementos civiles, algunos de trascendencia en la historia nacional. Los jefes fueron asesorados por ingenieros que jugaron un trascendente papel en la reforma urbana que dio origen al Iquique moderno. A comienzos de 1885, el último Jefe Político, Gonzalo Bulnes, asumió como primer intendente constitucional de Tarapacá chileno. 

La Junta Municipal fue instituida por Lynch en el denominado “aniversario de Iquique” en noviembre de 1879. Fue un organismo cuyos integrantes fueron seleccionados entre la elite empresarial de la provincia. El elemento chileno fue minoritario en relación al empresariado extranjero e incluso a personajes peruanizados. Es el caso de regidores (concejales) casados con mujeres peruanas y otros de origen europeo, peruanizados tras una larga estadía en el Perú, y que optaron por dicha nacionalidad en virtud del Tratado de Ancón. La Junta administró la ciudad en base a reglamentos improvisados y resolviendo conforme ambas legislaciones, peruana y chilena. Al igual que la Jefatura, la Junta fue reemplazada por una Junta de Alcaldes, conforme a la Ley Chilena de Municipalidades en 1885. 

Ambas instituciones impulsaron la construcción de la escuela como una iniciativa local, sin una orden directa de La Moneda. El jefe político actuaba como agente de la política de modernización de la administración de los territorios ocupados legitimando así el rol del Ejército victorioso como “guerreros civilizadores” (Mc Evoy, 2011). Sin embargo no eran instituciones propias de un territorio chileno. En particular la Junta Municipal era una institución de dudosa chilenidad.

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Las ciencias históricas cumplen la función de contribuir a cimentar una visión crítica y global de los procesos que han dado origen y forma a nuestra sociedad.

JOHN DAWSON

El 28 de octubre de 1880, el jefe Político Antonio Alfonso ordenó a la Junta Municipal seleccionar sitios para la construcción de escuelas públicas en la ciudad. Se comprometió, a solicitud de la Junta, a conseguir con el Gobierno central fondos fiscales para al menos la mitad de la inversión[2]. Estas solicitudes al fisco fueron desatendidas, probablemente por la aún incierta futura soberanía del territorio. A pesar de estos contratiempos, el ingeniero Carlos Navarrete presentó el presupuesto para el inmueble en febrero de 1881, destacando en el documento la materialidad principal del edificio: tablas machihembradas de pino oregón[3]. Los terrenos fueron seleccionados, y a diferencia como indican los planos oficiales de la ciudad, no eran terrenos baldíos. Eran terrenos con dueños y propiedades de bajo valor que fueron expropiados y no fueron pagados hasta fines de la década[4]. En agosto de 1882 una cuadrilla de trabajadores fue contratada por la Junta para “ejecutar el terraplén que necesita el edificio de la escuela que se construye por cuenta de la municipalidad”[5]. Su dirigente, Víctor Vásquez, firmó por medio de un representante, dado que él no sabía firmar, prueba palpable de las necesidades educacionales en la provincia. 

Finalmente la construcción de una institución de esta naturaleza comenzó en enero de 1883 y fue concluida en julio de ese año, inaugurándose formalmente el día 14 de ese mes.  En sesión de la Junta Municipal del 2 de julio, John Dawson, industrial socio del imperio de John Thomas North, propuso el nombre del presidente Santa María para nombrar la escuela. Dawson honraba así la nueva patria que garantizaba sus negocios y el pensamiento de modernización liberal e ilustración que abrazaban capitalistas y funcionarios públicos de fines del siglo XIX. La creación de la escuela se inscribía así en una política de chilenización pasiva de la provincia, facilitada por la lejanía de los hechos de armas del territorio. Era una chilenización promovida desde la escuela, la iglesia y el discurso público.

Los planos fueron levantados por el empresario español Eduardo Llanos, que sin ser formalmente arquitecto o ingeniero contaba con formación en cálculo, náutica y otras disciplinas técnicas.  El modelo general de la escuela fue el panóptico: alas y pasillos que convergen en una estructura central de vigilancia. El mismo autor implementó un diseño similar para la desaparecida ex cárcel de la ciudad.  La memoria local deformada por el nacionalismo militarista ha tenido en cuenta a Llanos únicamente por enterrar los restos de Prat, olvidando su rol en la historia de la ciudad.

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Francisco Valdés Vergara

En el acto inaugural, el jefe político Francisco Valdés Vergara, leyó la carta enviada al presidente Santa María comunicándole el homenaje a su persona mediante el nombre de la escuela. Efectivamente, el Gobierno central contribuyó únicamente con un co-financiamiento, sin tener participación en la planificación del proyecto. En las palabras públicas de Valdés, a nombre también de la Junta Municipal, se presentaba la obra como producto de una obra civilizadora, reparadora de los odios de la guerra y hermanadora de los pueblos que debían convivir en el nuevo Tarapacá chileno. Valdés reiteró el compromiso de respeto y coexistencia pacífica a “la base de la población de este territorio (…) formada por las familias antiguas que se han constituido bajo el régimen peruano” (Valdés, 1884: 186). Firman su adhesión al acto eminentes peruanos como Guillermo Billinghurst, futuro presidente del Perú, y varios extranjeros peruanizados. Este fue un fenómeno común en Tarapacá, que incluyó a numerosos europeos de primera y segunda generación e incluso a chilenos por afecto al Perú y enlace matrimonial. Entre los concejales figura Silvestre J. Hesse quien tiempo después optaría por la ciudadanía peruana. 

¿Porqué, 52 años después, olvidar estos eventos?

En 1911 emergieron en Tarapacá las Ligas Patrióticas: pandillas que, con el beneplácito de las autoridades, emprendieron la chilenización compulsiva de la provincia empleando el terrorismo y la violencia contra la población peruana. Su acción era coherente con el creciente conflicto diplomático a raíz del problema pendiente de Tacna y Arica entre ambos países. En 1918-1919 re emergieron aún con mayor violencia. Coincidiendo con el fin de la expansión de la industria salitrera, se fracturó la sociedad multinacional del salitre en suelo tarapaqueño y el territorio fue casi totalmente desperuanizado (González, 2004). La profunda reforma política y social emprendida por los dos gobiernos de Arturo Alessandri y la Dictadura Cívico-Militar de Carlos Ibáñez estuvo acompañada de una retórica nacionalista que sirvió de legitimidad al autoritarismo gubernamental, en especial durante el régimen de Ibáñez, responsable de la planificación del nuevo edificio en 1929, justo cuando recrudecía y se acercaba a su fin el conflicto por las provincias peruanas cautivas.

 La reforma urbana y parcial modernización de la ciudad fue el reflejo material del nacionalismo autoritario modernizante que impregnó la acción fiscal del periodo. El militarismo y el nacionalismo militante inundaron la sociedad chilena de los años 30, incluyendo Iquique: se formaron movimientos políticos de corte nacionalista-autoritario, clubes de tiro, etc. Este fenómeno alcanzó la educación, convocando la Intendencia a todas las escuelas a actos de corte nacionalistas que glorificaban la Guerra del Pacífico. Profesores que no concurrían eran incluidos en listas negras de carabineros. Luis Corvalán, en sus memorias, recuerda particularmente el año 1935 como profesor de la Escuela Santa María de Iquique: los profesores eran estrictamente vigilados, perseguidos y exonerados al ser vinculados con movimientos sindicales o con el Partido Comunista por ser elementos subversivos y anti-patriotas (Corvalán, 1997).   En este contexto no había espacio para recordar a la sociedad multinacional, incluyendo personajes peruanos, que levantó una duradera escuela primaria casi con esfuerzos propios y a través de las autoridades provisionales que gobernaban un territorio aún peruano. 

(*) Magíster en Historia. Programa de Doctorado en Historia de la Universidad de Tarapacá. Este artículo es un avance del informe del proyecto “Memorias locales: La escuela Domingo Santa María como sitio patrimonial de la ciudad de Iquique”. Fondo del Patrimonio 2021, Folio 37.163


Bibliografía

Corvalán, L. (1997). De lo vivido y lo peleado. Memorias. Santiago: LOM.

Donoso, C. (2003). El puerto de Iquique en tiempos de la administración peruana. Historia, 36, 123-158.

Durand, G. (1977). El Padrón de Contribuyentes de Tarapacá en 1845. Revista del Archivo General de la Nación(4-5), 115-199.

González, S. (2002). Chilenizando a Tunupa. La escuela pública en Tarapacá andino. Santiago: DIBAM.

González, S. (2004). El dios cautivo. Las Ligas Patrióticas en la chilenización compulsiva de Tarapacpa (1910-1922). Santiago: LOM.

Mc Evoy, C. (2011). Guerreros civilizadores. Política, sociedad y cultura en Chile durante la Guerra del Pacífico. Santiago: Ediciones Diego Portales.

Valdés, F. (1884). Memoria sobre la administración de Tarapacá presentada al Supremo Gobierno. Santiago: Imprenta de la República.

Referencias

[1] El Tarapacá, Iquique, 24 de agosto de 1935.
[2] Archivo Nacional, Actas de la Junta Municipal de Iquique 1879-1883, p.120, p.150.
[3] Archivo Nacional, Fondo de la Intendencia de Tarapacá, Vol.17, sin fojas, 1 de febrero de 1882.
[4] Archivo Histórico del Museo Regional de Iquique, Vol.11, Obras Públicas 1882-1888, sin fojas.
[5] Archivo Nacional, Fondo de la Intendencia de Tarapacá, Vol.17, sin fojas, 8 de agosto de 1882.

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