“EN SANTIAGO SIEMPRE ME HE SENTIDO UN EXTRAÑO”

Cultura 24 de abril de 2019 Por Reinaldo Berríos
Oscar Hahn mira con recelo la capital. Se siente incómodo y ajeno. Al contrario de lo que le pasa en Iquique, ciudad que lo vio nacer y que le brinda todo lo que el poeta anhela. “Aquí me reencuentro con mis raíces. Son mis calles, mi mar, mi gente; soy feliz”. A principio de año estuvo inaugurando la cátedra que lleva su nombre y que durante doce meses recorrerá todos los hitos de su poesía.
oscar hahn flaco web
- Fotos: Hernán Pereira

A Oscar Hahn le brillan los ojos cuando habla de Iquique y, muy en especial, de su infancia. “El cerro dragón estaba en los extramuros y para nosotros no había mejor aventura que lanzarse cerro abajo rodando, saltando, riendo”.  Nos cuenta que la intriga de recorrer la que fuera su casa, en Zegers 474, lo acompaña siempre que visita la ciudad. “He tratado varias veces de entrar en la casa en donde vivimos con mi familia, pero siempre me ha ido mal; una vez fui con una amiga y salió una señora que se negó a dejarnos entrar. Es más, nos dijo: Usted sabe que en esta casa vivió un poeta famoso… jajajajaja. Pero si yo soy ese poeta -le dijo-. Pero la señora no nos creyó mucho, al parecer, porque no nos dejó entrar”.

Además de la cátedra que lleva su nombre y que vino a inaugurar, promete visita para enero próximo, cuando lance el primer libro de sus poemas escrito en aymara y quechua, el que está editando su amiga Lidia Osorio. El premio nacional de literatura 2012, se entusiasma  con Iquique y también nos habla de la incomodidad de vivir en Santiago. “Tengo la sensación permanente de que no soy de ahí. Y cuando regreso a Iquique es como si me sacara un tremendo peso de encima. De contaminación, de ruidos de autos, de bocinazos, de gente mala gestada. Y llego a Iquique y, claro, la provincia tiene otro ritmo. Más relajado, más tranquilo. Y con la edad uno añora eso, porque Santiago es una ciudad complicada”.

oscar hahn en casona web

De sus inicios como poeta, recuerda una anécdota de adolescente: “Cuando vivía en Rancagua, intenté conquistar a una muchacha. Ella me pidió que le hiciera un acróstico. Y yo no tenía idea lo que era un acróstico, pero me las ingenié con un amigo poeta para que me hiciera uno. Le expliqué la situación y él estuvo dispuesto. Preséntalo como tuyo y ni un problema.  Al día siguiente, con aires de triunfador, se lo presenté. Y ella no me creyó. Esto no lo escribiste tú, me dijo. Y, para probarme, me pidió que le escribiera otro, inmediatamente. Y yo dije, qué diablos, haré lo que pueda. Y lo hice. Ella lo miró y me dijo: está bien. Te creo. Y yo dije: que raro. No me costó nada hacer esto. A lo mejor, soy poeta”. Un año después, agrega, “me empiezan a salir unos versos, como si brotaran de la nada en mi mente. Y de ahí hasta hoy día. Así me hice poeta”.

-La poesía, me imagino, le ha servido para enamorar a muchas mujeres…

-Jajajajajaja. No con la intención de. Pero las mujeres se enamoran de las palabras. Son muy receptivas, más que los hombres, mucho más. Por ejemplo, en la primera clase de la cátedra, que dicté ayer, la mayoría de la audiencia eran mujeres.

-La sensibilidad femenina parece que se da mejor con la poesía.

-Muy, muy bien. Ahora, si como consecuencia natural de eso, alguna dama se interesa, bueno nunca me hice de rogar. Por supuesto que no.

Respecto de los tiempos modernos, el poeta se siente preocupado: “Noto que hay un bajón en general en la calidad, de las películas, de las canciones, de la pintura, de la música clásica y popular. Hay una baja notoria. Y eso se prueba de una manera muy simple: si tú tomas la primera mitad del siglo XX y haces un listado de las 20 mejores novelas. Y haces una lista igual, ahora, no hay punto de comparación. Cero. Te cuesta hacer la lista de las grandes novelas.” 

Confiesa que es adicto a las telenovelas y que siempre tuvo sentimiento de culpa por algo tan trivial. “Hasta que escuché a Gabriel García Márquez decir que le encantaban; ahí me liberé y deje de sentir culpa de mirar teleseries.” Al recordarle que acaba de cumplir ochenta años, señala que “la cercanía de la muerte no es tema; desde mis primeros poemas he abordado el tema de la muerte. Hay que vivir el día a día y disfrutarlo, porque uno nunca sabe hasta cuándo va a estar en este mundo. Puedo sufrir un infarto en cualquier momento y dejar de existir”.

HUESO

Curiosa es la persistencia del hueso

su obstinación en luchar contra el polvo

su resistencia a convertirse en ceniza

La carne es pusilánime

Recurre al bisturí a ungüentos y a otras máscaras

que tan sólo maquillan el rostro de la muerte

Tarde o temprano será polvo la carne

castillo de cenizas barridas por el viento

Un día la picota que excava la tierra

choca con algo duro: no es roca ni diamante

es una tibia un fémur unas cuantas costillas

una mandíbula que alguna vez habló

y ahora vuelve a hablar

Todos los huesos hablan penan acusan

alzan torres contra el olvido

trincheras de blancura que brilla en la noche

El hueso es un héroe de la resistencia

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