LOS NIÑOS DEL LLULLAILLACO siguen sorprendiendo a la ciencia

Arquitectura y Patrimonio 23 de noviembre de 2020 Por Eduardo Cisternas
Al primer golpe de vista, sobrecogen. Para muchos se trata de un encuentro con el pasado. Un viaje al año 1.500 dC, que se presenta ante los ojos del espectador en la figura de uno de los “Niños del Llullaillaco”, que se pueden observar en uno de los subterráneos del Museo de Alta Montaña de Salta, en una sala de criopreservación. A veintiún años del hallazgo que conmovió a la ciencia en el mundo entero, es oportuno conocer un poco más de esta historia.
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Fotos: Museo de Arqueología de Alta Montaña, MAAM En la cima del volcán Llullaillaco fueron encontraron los cuerpos de tres niños en perfecto estado de conservación, luego de haber permanecido más de 500 años en la montaña.

Una expedición de la National Geographic Society, en el año 1999, encabezada por Johan Reinhard, junto a su colega Constanza Ceruti, de la Universidad Católica de Salta, logró uno de los hallazgos más importantes en la historia de la arqueología: “Los Niños del Llullaillaco”. Se trata de los restos de tres niños, perfectamente conservados, que fueron encontrados cerca de la cima del volcán Llullaillaco, en Salta, Argentina. Un hallazgo emparentado con “El Niño del Cerro El Plomo” en nuestro país y el “Capacocha del Cerro Esmeralda”, en nuestra región. 

En este caso se trata de tres niños pequeños que, al igual que otros casos similares encontrados en otros lugares de los Andes (y el único en la zona costera, en nuestra región de Tarapacá), fueron ofrendados a la montaña como parte de un ritual sagrado conocido como “capacocha”, hace aproximadamente 500 años. Una ceremonia que, hasta el día de hoy no deja de estremecernos.

Los incas llevaban a los niños en una extensa procesión que partía en el Cusco y que terminaba en la cima de una montaña (en este caso el Llullaillaco, de 6739 metros de altura) con el objetivo de “entregarlos” a los dioses. “Los incas pensaban que los niños no morían, sino que era un tránsito para encontrarse con los ancestros y convertirse en dioses protectores de las comunidades asociadas a esas montañas”, señala en una entrevista al diario argentino La Nación, Gabriela Recagno, directora del Museo de Arqueología de Alta Montaña, MAAM, donde actualmente se resguardan los restos.

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“La doncella” pudo haber sido una de las mujeres elegidas como "vírgenes del sol" por los incas. - Foto: Museo de Arqueología de Alta Montaña 

“El Llullaillaco -agrega- es el sitio arqueológico más alto del mundo y los niños estaban en una plataforma ceremonial. Cada niño se encontraba en una pequeña tumba individual a 1,80 metros de profundidad. Estaban enterrados y rodeados de una serie de objetos que constituían su ajuar”. La mayor es “la doncella”, de aproximadamente 15 años: fue descubierta sentada, con las piernas cruzadas y los brazos apoyados sobre el vientre, con un vestido marrón y un conjunto de adornos colgantes de hueso y metal, peinada con trenzas y un tocado de plumas. 

El segundo es “el niño”, que tenía alrededor de siete años cuando se realizó el sacrificio. Fue hallado sentado de rodillas sobre una túnica gris, vestido con una prenda de color rojo, una vincha sobre la frente y un adorno de plumas, con la mirada puesta en dirección al sol naciente. La última es “la niña del rayo”, de un poco más de seis años, llamada de esta forma porque en algún momento, desde que fue enterrada en su tumba en la montaña, un rayo impactó sobre la superficie y quemó parte de su rostro y su hombro. La encontraron sentada con las piernas flexionadas y las manos semiabiertas, con un vestido marrón y cubierta con una manta de lana.

ES UNA NIÑA

Los tres niños se encuentran en un estado de conservación excepcional debido a los hielos que imperan en la zona donde se encontraban. “En relación con las momias que conocemos de todo el mundo, pienso que la doncella es la mejor conservada de todas; parece estar dormida”, señala el forense y arqueólogo Andrew Wilson, de la Universidad de Bradford, a la revista National Geographic. En la actualidad, en el MAAM, se mantienen en un ambiente de criopreservación, a 20 grados bajo cero. 

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“El niño” se encontró apoyado sobre sus rodillas, sentado sobre una túnica gris y vestido con una prenda color rojo.  - Foto: Museo de Arqueología de Alta Montaña 

Es precisamente este excepcional estado de conservación lo que ha permitido realizar análisis técnicos que, unidos al estado impecable de los tejidos y objetos que se encontraron en las tumbas, permitieron a los expertos recrear lo sucedido en la montaña hace unos quinientos años. “Esto no es una momia disecada, ni unos huesos. Es una persona, es una niña. Y los datos que hemos generado con nuestro estudio pintan una imagen muy dura de sus últimos meses y años”, agrega Wilson.

Si tenemos en cuenta -señala el especialista- que el cabello crece aproximadamente un centímetro al mes y no sufre cambios posteriores, las largas trenzas de la doncella contienen una línea temporal de marcadores que son un verdadero registro de su dieta, incluido el consumo de sustancias como la hoja de coca, o la chicha, una bebida fermentada a base de maíz.

Estos marcadores indican que fue seleccionada para el sacrificio un año antes de morir, explica Wilson. Durante ese periodo su vida cambió radicalmente, y aumentó mucho su consumo de hoja de coca y alcohol, que en aquel entonces eran sustancias controladas, que no estaban disponibles para el consumo diario. “Sospechamos que la Doncella fue una de las acllas, las elegidas, seleccionadas en la pubertad para vivir alejadas de su grupo familiar y ser educadas por sacerdotisas”, continúa, señalando que esta práctica fue documentada por los cronistas españoles, según los relatos que les contaron los incas.

la-niña-del-rayo-de-llullaillaco“La niña del rayo” fue impactada por un rayo que quemó parte de su rostro y su hombro. - Foto: Museo de Arqueología de Alta Montaña

DROGAS

En el año previo a su muerte, consigna una investigación de National Geographic, la dieta de la “doncella” varió de alimentos simples a productos más nutritivos, lo que indicaría que se volvió de un estatus más alto, que coincide con los relatos de que estos niños eran elegidos mucho tiempo antes del ritual. Además, se sabe -gracias a estos estudios- que en los últimos meses de su vida ingirió grandes cantidades de alcohol y coca. Se supone que, de esta forma, se podían inducir estados alterados de conciencia u -otra tesis probable- es que estas sustancias intentaran sedar a los niños en la alta montaña antes de enfrentar su destino.

Es posible, señala Andrew Wilson, que las drogas sirviesen para que la “doncella” se mostrase más dócil el día de su muerte. Esta teoría parece corroborarla la posición relajada en la que fue encontrada en la tumba, y el hecho de que los objetos que la rodeaban estuviesen intactos, igual que su tocado de plumas. 

Y aunque en otros restos de rituales “capacocha” se han encontrado señales de violencia, como traumatismos craneales, estos niños murieron pacíficamente. “O bien lo tenían todo calculado, habían perfeccionado el mecanismo para llevar a cabo este tipo de sacrificio, o estos niños fueron mucho más pacíficos”, explica Wilson.

Hoy las momias reposan en el Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM) de Salta, Argentina. Y los especialistas señalan que, aunque del estudio de sus restos se pueden corroborar los datos de registros históricos y arqueológicos, no se puede dejar de pensar que los niños siguen siendo tan claramente humanos, incluso muertos.

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Más de 140 piezas componen el ajuar de Los Niños del Llullaillaco, que se compone de plumas, objetos de oro, plata, tejidos, cueros, conchas marinas, madera y otros. - Foto: Museo de Arqueología de Alta Montaña 


UNA EMPRESA DE 

ENORME ENVERGADURA

Para trabajar a esa altura, señalan los especialistas, aún hoy en día se necesita un gran apoyo logístico, por lo que “estamos hablando de pruebas que apuntan al apoyo más alto posible, a nivel imperial. Hay objetos y ropajes que son de la élite, y productos refinados provenientes de los cuatro puntos cardinales del imperio inca. En el ajuar de la “doncella” se encontraron figuras hechas con conchas del molusco Spondylus, traídas desde la costa, y tocados de plumas de la cuenca del Amazonas. Las estatuas bien talladas de oro y plata, adornadas con ropa en miniatura bellamente tejida, estaban solo al alcance de las capas más altas de la sociedad. 

Más de 20 años han pasado desde su hallazgo, pero los niños de Llullaillaco, al igual que “El niño del Cerro El Plomo”, todavía conservan pistas que servirán para descifrar nuevos detalles sobre la vida de los incas. “Hay muchas investigaciones en curso actualmente. Algunas son sobre los textiles, que funcionan como un lenguaje y pueden interpretarse simbólicamente, ya que los incas no tenían escritura y los textiles expresaban un mensaje. También se está profundizando en cuestiones del ADN de los niños, para determinar paleopatologías que pudieron tener, y se está trabajando sobre las distintas materialidades o pigmentos de los niños en el cuerpo”, concluye Gabriela Recagno en la entrevista publicada en La Nación. 


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