COMO EL AVE FÉNIX: los Changos están de regreso de manera oficial en Chile

Arquitectura y Patrimonio 26 de diciembre de 2020 Por Andrea Suárez
Aunque a todos nos enseñaron en el colegio que el pueblo chango se extinguió hace cientos de años, el reciente reconocimiento por ley de su existencia vino a cambiar un paradigma que se había sostenido por décadas. Una serie de investigaciones y artículos de prensa han mantenido el debate en torno del tema. Aquí va una muestra de los argumentos a favor y en contra de la tesis que triunfó en la Cámara de Diputados.
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Luego de tres años de tramitación, en septiembre pasado, la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de ley que modifica el cuerpo legal que dio vida a la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, CONADI, y reconoció al pueblo Chango como etnia indígena en Chile. De este modo se puso término a un largo proceso encabezado por el “Colectivo Changos Vivientes”, que venía solicitando tal reconocimiento desde el año 2000.  

“Desde niños, siempre hemos sabido que somos Changos. Nuestros abuelos y padres siempre nos dijeron que éramos Changos pata rajá, eso nos enorgullecía”, recuerda Brenda Gutiérrez, oriunda de Paposo y coordinadora del colectivo, en entrevista publicada por el medio “Interferencia”, hace un par de semanas. Allí la dirigente señala que “este reconocimiento es devolverles de alguna forma lo que hemos perdido a nuestros ancestros. Todos sufrimos discriminación, varias personas nos decían que no existíamos, que estábamos extinguidos, pero nosotros estábamos a las orillas de la playa”.   

Fue en el año 1965 cuando el arqueólogo Hans Niemayer visitó la caleta Chañaral de Aceituno y se contactó con el último constructor de balsas de cuero de lobo, conocido como “Chango Robert”. Felipe Rivera, presidente de la Agrupación Changos Descendientes del Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo de Chañaral de Aceituno, señala que este episodio marcó a su familia y a su pueblo. “Fue el arqueólogo Hans Niemayer quien le pidió a nuestro abuelo que recordara la técnica que había heredado de Nicolás Vergara, un chango de Punta de Choros. Ellos eran pescadores que ocupaban estas balsas como su sustento, para pescar, recolectar por las orillas y para transportarse”, relata.

Rivera, quien -además- es vocero del “Consejo Nacional del Pueblo Chango”, el cual se constituyó el 24 de enero del 2020 en Taltal con el objetivo de “luchar por el reconocimiento del Pueblo Chango como pueblo originario de Chile, con presencia territorial desde la Región de Antofagasta a Valparaíso”, añade que esa historia fue “bien recogida y documentada por Oriel Álvarez Hidalgo, quien publicó en el año 2003 el libro: “El Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo”. El libro, agrega el reportaje de “Interferencia”, permitió hacer un “revival” de memoria e incentivó a un grupo de investigadores que viajaron a Chañaral para ver qué sucedía con el tema identitario.

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En el censo del año 2017, entre las regiones de Antofagasta a Valparaíso, casi 5000 personas se autoidentificaron como Changos y para lograr este reconocimiento oficial tuvieron que sobreponerse a distintos obstáculos, porque el Estado y los libros de historia los habían catalogado como un pueblo extinto.

RE-ETNIFICACIÓN

Para Horacio Larraín Barros, uno de los máximos estudiosos del tema y que por años trabajara en Iquique en distintas áreas de su especialidad, “un análisis profundo de lo que significa hoy un grupo cultural indígena remanente, o sea, un pueblo o una etnia indígena que se reconoce como tal que se niega a desaparecer”, es de suyo interesante, en especial porque hoy en día asistimos en todo el planeta a numerosos intentos de re-etnificación por parte de antiguas culturas o pueblos que se niegan a aceptar su adscripción o incorporación a determinadas naciones o estados nacionales, por considerarse diferentes, tanto en su origen como en su cultura, su economía básica y su cosmovisión”.

El investigador señala que fue contactado (como muchos otros especialistas) por “Arista Social”, una consultora que elaboró el estudio que redundó en el reconocimiento aceptado por la Cámara de Diputados en septiembre pasado. En un extenso artículo, publicado en septiembre del año pasado se refiere al tema: “Lo chango es, ante todo, una percepción y comprobación etnohistórica de la presencia y actividad in situ de bandas de pescadores-recolectores marinos especializados en la costa sur-peruana y norte chilena. Numerosas referencias a ellos hay en cronistas (como Bibar, Lizárraga, Vásquez de Espinoza, etc.) y viajeros o navegantes (como Feuillée, Frézier, Francis Drake, D´Orbigny, Philippi). Algunos cronistas los identifican y clasifican como “camanchacas”. Denominación ésta que no sería ni quechua ni aimara; posiblemente, puquina (?)”.

“Su presunta distribución geográfica -escribió el investigador- se hallaría entre aproximadamente el puerto de Ilo (sur del Perú) hasta la costa sur de Coquimbo, en Chile. Algunos han afirmado que vivieron hasta la costa de Los Vilos y aún Valparaíso. Sus rasgos culturales, como pescadores, se hallan fuertemente asociados a la caza del lobo marino y ballena mediante el uso de arpones desde balsas de cueros de lobos marinos. Constituían grupos familiares muy pequeños, de vida sumamente móvil y trashumante, trasladándose de caleta en caleta, llevando consigo los cueros de sus chozas y sus pocos enseres, con predilección por ciertos lugares de permanencia más frecuente a manera de campamentos-base (Arica, Camarones, Pisagua, Cobija, Caleta Errazuriz (Península de Mejillones), Caleta el Cobre, Paposo, Taltal, etc.), dondequiera existían aguadas permanentes y otros recursos necesarios para la vida”.

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Más adelante, agrega, “se les asocia frecuentemente en Chile, de hecho, a lugares costeros de existencia de neblinas permanentes o camanchacas, (oasis de niebla), nombre con que también se les conoce como grupo indígena en la literatura temprana (caso particular de Pisagua, Cobija, Mamilla, Caleta Errázuriz y caleta Abtao, Paposo y Taltal), porque allí podían acceder a una rica fauna marina y, a la vez, a la caza del guanaco y, tal vez,  de tarukas. A la pesca y recolección marina (marisqueo de orilla), agregan una fuerte dependencia de la recolección y caza terrestre en los oasis de niebla (flora de neblinas, y cacería de aves y mamíferos). La intensa dependencia del mar (su fuente principal de alimentos) no les impide tener vínculos potentes de comercio con las tribus vecinas de las quebradas ariqueñas, tarapaqueñas, atacameñas o diaguitas (comercio de coca, maíz, quínoa, papas, y trueque por pescado seco o ahumado, etc.). Lo que comprueban numerosas fuentes históricas tempranas (Lozano Machuca, Gerónimo de Bibar y otros cronistas)”.

EXTERMINADOS

“Los últimos changos auténticos de que se tenga noticia histórica segura -agrega Larraín- vivieron entre Taltal y Paposo hasta la década 1920-1930 y fueron descritos allí por los arqueólogos Max Uhle y Augusto Capdeville. En cambio, los changos habitantes de Cobija (Región de Antofagasta) -uno de los asentamientos históricos más importantes de los changos en la costa norte chilena de acuerdo a las fuentes históricas-, fueron exterminados hasta el último hombre por el azote de varias epidemias de fiebre amarilla y cólera en las décadas del 1860-1880 aproximadamente. Para la época de la Guerra del Pacífico (1879-1884) ya no se detecta población changa en las costas de Antofagasta al norte. Hay noticias muy tardías de permanencia de escasas familias de changos con apellidos característicos (como Caruncho), en la península de Cavancha (sur de Iquique) hacia los años 1930-35 aprox. Después, nada se sabe con certeza; al parecer, desaparecen. Por un tío mío, Mario Errázuriz Larrain, tuve yo conocimiento hacia 1950 de la existencia en la zona de Las Cruces (Playa Grande) de algunas familias de pescadores que eran nombraban “changos”, y que habrían desaparecido definitivamente del lugar con motivo de la Guerra del Pacífico, pues sus integrantes varones habrían sido reclutados a la fuerza para unirse a las tropas chilenas, en la guerra con el Perú en 1879-1880. No se supo más de ellos después”.

Finalmente, el profesor Horacio Larraín señala que “como queda estampado claramente más arriba, no nos oponemos, per se, a la presentación y aprobación de nuevos exponentes de pueblos o etnias indígenas en Chile, siempre y cuando se den estrictamente las condiciones señaladas. El prurito de ampliar à outrance el número de etnias originales, actualmente vigentes en el país, debe ser matizado con el prolijo estudio de los antecedentes históricos y actuales, de modo que a diferentes expertos en varias disciplinas afines al tema de estudio, sea del todo patente e indiscutible. Nos parece que es indispensable profundizar antropológicamente en el concepto de “pueblo” o “etnia”, tal como lo hace Gamio, que, en el caso que se nos presenta en la consulta, parece muy discutible, cuando no equívoco”.

Por último, señala que “en caso de persistir la duda, es ciertamente mejor abstenerse (“In dubio, abstine”). El mero argumento de la posesión de genes del ADN originario de alguna etnia antigua, no es, ni puede ser, en mi opinión, un argumento válido, desde el punto de vista antropológico, para considerarlos un “pueblo” o una “etnia” indígena vigente y que hoy necesite ser respetada y “rescatada del olvido”. Simplemente porque hoy ya no cumplen los requisitos básicos para ser una etnia o pueblo especial. Tal vez lo fueron hasta hace 200 ó 150 años atrás, pero ya se encuentran hoy totalmente “aculturados”, es decir, incorporados a la cultura nacional o regional dominante de la que hacen usufructo hoy”.

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Para saber más: ¿Quedan aún grupos indígenas changos en las costas de Chile? Una discusión pertinente en el Chile de hoy (2019) del profesor Horacio Larraín, en su blog Eco-antropologíablogspot.com.

Artículo: Cómo el pueblo Chango logró derribar la historia oficial que los declaró como extintos, de Paula Huenchumil, noviembre de 2020 en www.interferencia.cl


¿INVENTAR UN PUEBLO QUE SE EXTINGUIÓ?

La antropóloga Astrid Mandel señala a “Interferencia” que el hallazgo clave fue en 2005 cuando inició su trabajo de tesis en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. “Comencé viendo que había un grupo de personas, en este caso en la caleta de Chañaral Aceituno en la tercera Región de Atacama que se autodefinían como Changos, diciendo ‘somos Changos’ en distintos contextos de sus vidas, pese a que el Estado chileno establecía que los changos eran un pueblo extinto. Entonces esto abre interrogantes y permite partir este camino de ver porqué hay gente que se denomina Changos si en el colegio nos enseñaban que ya no existen”. Mandel confiesa que fue cuestionada cuando inició su investigación, “por qué estás inventando si este pueblo ya se extinguió, no existe”. “A pesar de esta dificultad, mi investigación refleja un momento, y siempre la planteé así, una radiografía de lo que pasaba. Sienta las bases de alguna forma para que después se puedan tomar esos elementos y reivindicarlos como antecedentes para argumentar la existencia de los Changos”.

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