DIEZ AÑOS DE NOMADESERT: Una organización para unir cultura y desierto

Arte y Cultura 22 de septiembre de 2020
La experiencia de habitar el desierto. Con esa máxima nació “Nomadesert”, la idea y obsesión de un grupo de profesionales que fue mutando con el tiempo y que, hoy, a diez años de su nacimiento, ha dado origen a una serie de proyectos que vinculan la cultura y el territorio de una manera única y muy atractiva.
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Un grupo de profesionales de los ámbitos de la arquitectura, el turismo, la gastronomía y la música, querían (por allá por el 2010) poner en valor y difundir el desierto de Atacama, entendido como la unidad desértica que va desde el sur del Perú hasta el norte de Chile. Con esa idea en mente nació “Nomadesert”, y con un eslogan explícito: Vivir la experiencia de habitar el desierto.

Vesna Obilinovic, una de sus fundadoras, arquitecta, había estudiado en Italia un magister en desarrollo sostenible y al retornar a Iquique, se encontró con gente que sintonizaba la misma frecuencia, entre ellos Billy Morales, de Mistico Outdoors. “Me puse a recorrer la región, por primera vez, ya que cuando pequeña no lo había hecho. Y me di cuenta de que había un potencial enorme, que se podía conocer y mostrar a través de las plataformas, que era lo que había estudiado en Italia”, dice.

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Por esta razón, agrega, “Nomadesert” partió como una página web y una plataforma física, todo junto. “Un concepto de apoyar, trabajar y consolidar una marca; como un holding, es más fácil consolidar una marca potente, que varias pequeñas e independientes. La idea, en definitiva, era vincular turistas con personas de la región. A partir de lo que estaba haciendo Mistico Outdoors, que era lo que le daba sentido a este moverse por el territorio, es ahí cuan aparece la necesidad de buscar alojamientos”. 

A partir de esa premisa, nace la idea del “hotel itinerante”. “Luego viene la idea de los domos, que es generar campamentos portables; pero la idea de vender esto era compleja, porque resultaba muy caro. Queríamos vender turismo y cultura, pero nos encontramos con que cultura no estaba bien definida; no encontramos una identidad, sino que muchas identidades superpuestas que se negaban entre sí”.

“Queríamos vender turismo y cultura, pero nos encontramos con que cultura no estaba bien definida; no encontramos una identidad, sino que muchas identidades superpuestas que se negaban entre sí”.

Vesna Obilinovic señala que, en medio de las cavilaciones, comenzó a aparecer mucha gente que “más allá de lo que habíamos pensado, nos invita a repensar el proyecto; es así que el 2013 nos consolidamos en un Club Deportivo, Social y Cultural Nomadesert, lo que nos permitió incorporar a gente de otros ámbitos, como el gestor y dj Cristobal Nakeye, la gestora y actriz Marisol Salgado, entre otros, con la idea de integrarnos a la comunidad. Dejamos stand by la web, que hoy está como sitio en construcción y seguimos adelante. Hoy somos 25 socios, de los cuales 15 estamos activos”.

A partir del 2014, la nueva organización comenzó a generar productos culturales, como el primer “Desierto Sonoro”, que se realizó en febrero del 2014 y que se convirtió en el primer festival de música electrónica andina, que tuvo tres días de duración y fue el primero realizado en el desierto de Atacama. “Y sigue siendo el único que existe en la zona norte, al menos de estas características”, agrega Vesna.

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Con el tiempo, indica, fueron realizando otros proyectos. “Aquellos que le van generando currículum a la plataforma y que nos permiten estar situados donde estamos hoy. Al punto de que en el 2020 hemos podido postular a un proyecto internacional, que tiene financiamiento de organizaciones de gran prestigio”.

En el año 2018 la organización genera una nueva directiva, la cual continúa con las iniciativas que dan origen al proyecto. “Realizamos el 2014 el primer desierto sonoro en Anatiña, y gracias a eso, el año pasado (2019) a través de la nueva presidenta Javiera Pavez Seguel, pudimos firmar un convenio de administración de ese espacio con Conaf, que además nos autoriza hasta por 20 años para realizar un espacio de creación y difusión del desierto, lo cual es una tremenda felicidad, porque es como volver a retomar el proyecto inicial”.  

“El desafío de ese lugar -dice Vesna- es poder generar un vínculo desde un perfil cultural y un parque nacional, porque estamos en la Reserva de la Pampa del Tamarugal. Por otro lado, encontramos que es vital poder vincularlo al tema cultural y la cultura entendida no solamente como la zona andina, sino también su actualización: es decir consolidar este sistema de identidades colectivas, a partir de recorrer el desierto de una manera contemporánea. Es decir, no solamente a partir de fiestas ancestrales, sino entender el territorio con estos nuevos habitantes que tiene la ciudad, en especial aquellos llegados a partir de los años noventa, que no conocen mucho su contexto”.

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ANATIÑA: un proyecto ambicioso

Con la Plataforma Anatiña esperan generar convenios con otras instituciones, universidades, centros culturales, municipios, para operar el lugar. Tienen, además, un enorme desafío en lo que es la infraestructura que deben crear. Consolidar el espacio con cabañas, por ejemplo, que permitan hacer residencias. “De alguna manera queremos tener el primer espacio consolidado para residencias artísticas y de investigación en la región. Por supuesto que vamos a solicitar apoyos para desarrollar todo esto, pero tendremos que esperar que pase esta situación de pandemia, porque entendemos que las prioridades hoy día son otras”.

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