SUSAN GÁRATE: Una mirada desde el Derecho contra las injusticias sociales

Actualidad 28 de octubre de 2020 Por Rodrigo Ramos Bañados
Susan Gárate Tirado es una destacada abogada laboralista. Desde sus ancestros, en la Región de Tarapacá, siempre fue potente el rol femenino en su familia. En esta entrevista hace un diagnóstico de la situación laboral en el norte y el rol sindical de la mujer. Asimismo, reconoce que tiene optimismo en el Chile que se construye post 18 de octubre.
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Susan Gárate Tirado es una destacada abogada nortina. Nació en María Elena. Estudió derecho en la Universidad de Antofagasta. Hoy es académica, y a la vez desarrolla su labor profesional en la defensa de los Derechos Humanos y en temas laborales, área donde se ha especializado en España. Puede decirse que, en su calidad de abogada, fue una testigo de los abusos de las fuerzas policiales post 18 de octubre en Antofagasta. 

-¿Qué destacas de tu relación con el norte, y a tu juicio, qué significa ser nortina en los tiempos actuales?

 -Primero que todo, decir que nací en María Elena, por lo tanto soy pampina, una especie en peligro de extinción... Mi relación con el norte viene desde mis ancestras con la llegada de mi tatarabuela Melchora, con su tía Satuca proveniente desde Cochabamba, Bolivia. Vinieron en mula a la oficina salitrera Agua Santa, ubicada en el cantón de Negreiros, en la actual Primera Región. En dicha oficina nació mi bisabuela Paula Guzmán y mi abuela Angélica González, mujeres de esfuerzo y sacrificio, pues a ellas les tocó ser madres y padres, ya sea por muerte o abandono de sus maridos. Tanto a mi abuela como a mi bisabuela les tocó trabajar de niñas. Mi abuela como empleada en los chalets o “casas de los gringos” como les decía ella.

-Tienes una mezcla bien singular: entre bolivianas y pampinas…

-Todo este tránsito de mis antepasadas entre el ser quechua-aymara (dualidad o complementariedad de la cosmovisión andina) y pampina, hace arraigar en mí valores culturales y compromiso con la lucha social obrera. Sobre los valores culturales, mencionar la conexión con la tierra, la identidad cultural, rescatar aspectos inmateriales como el idioma, la reciprocidad, la vida comunitaria, entre otros y reconocer el desafío de replicar en nuestra sociedad estos valores, empoderarnos de nuestro rol de mujeres indígenas urbanas y convivir con nuestra tradición en la ciudad y hacer que nuestras hijas e hijos perseveren en ellos.  

-También resaltas la lucha por los derechos laborales, ¿por qué?

-En cuanto a la lucha social obrera, esta tiene su origen en la lucha por derechos laborales mínimos que detentamos hasta el día de hoy. No se puede ignorar que la historia de las luchas obreras incluye matanzas cruentas y desalmadas, en la cuales niñas, niños, mujeres y hombres dieron su vida por tener mejores condiciones y optar a una vida digna, solicitando demandas como que las pulperías tuviesen balanza para confrontar peso y medidas, conceder un lugar para formar escuelas nocturnas para obreros y por supuesto la eliminación de las fichas, que era la forma de pago por su trabajo y que solo podían ser ocupadas en las pulperías que pertenecían al dueño de la misma oficina salitrera.

-¿Por qué llegas al derecho, que te motiva del ejercicio de la profesión?

-Siempre me gustó la historia, luego de identificar desde mi visión como niña en María Elena, diferencias sociales, como por ejemplo que los hijos de obreros no nos podíamos bañar en la piscina de los hijos de empleados, distintos tipos de casas que nos asignaban, hasta lugar de divertimento para familias del campamento A o B. También leía mucho y escuchaba música punk rock, cuyo contenido decía relación con libertad, la igualdad y combatir la opresión, así como los estigmas sociales. Decidí estudiar derecho, carrera muy formal para alguien de espíritu rebelde, pero que buscaba como fin hacer desde mi trinchera un poco de justicia social. 

“Creo que el estallido social, pero por sobre todo la pandemia, mostró la cara más horrenda de nuestro sistema en cuanto a relaciones laborales y de seguridad social, donde la precariedad y abusos patronales están a la orden del día”.

-¿Viene 18 de octubre… qué significa para ti esta fecha?

 -Si bien se escuchó que no se veía venir, la situación de desigualdad en que nos encontrábamos y aún nos encontramos como sociedad, hacía prever que un estallido social era cuestión de tiempo. Después de años de marchar, de hacer encuentros, de hacer escuela, de generar conciencia entre un número pequeño de personas, por fin éramos una gran multitud de personas. El 18 de octubre llegó con el optimismo de que este país no volvería a ser el mismo de siempre, con la esperanza de la equidad y la justicia social con el emblema: “hasta que la dignidad se haga costumbre”.  Se empiezan a escuchar las demandas sociales desde el pueblo; sin embargo, existe un gran camino por andar, pues creo que es recién el comienzo, de un cambio que nos involucre a todos y todas y que en Chile dejen de existir injusticias sociales. 

-¿En el ejercicio de la defensa de Derechos Humanos, cómo viviste los días posteriores al estallido social?

-Este gobierno reaccionó con la fuerza opresora en contra del pueblo que se manifestaba, que se cansó de años y años de injusticias sociales. A través de la represión, de la mutilación, de la muerte y de la detención de presas y presos políticos se buscó detener un proceso social autónomo. Es difícil manejar las emociones al percibir el atropello sistemático a los derechos humanos y el afán de encubrir estos hechos que ya están en conocimiento de toda la sociedad. Creo que este tipo de acciones generan más enojo y más ganas que se generen cambios estructurales a nivel de muchas de las instituciones actuales.

-A sabiendas de tu experiencia como abogada laboralista, ¿qué diagnóstico haces de la situación laboral de los trabajadores en el norte... hay precariedad, abusos?

 -Creo que el estallido social, pero por sobre todo la pandemia, mostró la cara más horrenda de nuestro sistema en cuanto a relaciones laborales y de seguridad social, donde la precariedad y abusos patronales están a la orden del día. Lo más triste es que estos abusos se encuentran respaldados por leyes dictadas por legisladoras y legisladores con un claro interés e intención de resguardar el bolsillo de los poderosos, perjudicando a la clase trabajadora. Se evidenció que nuestra sociedad está basada en el trabajo y se han visibilizado labores menos preciadas como en empresas de servicios, los trabajos de cuidado, entre otros.

-También en el norte existen los índices más grandes de trabajo informal…

 -Así es. Es una situación que ha llevado a muchas mujeres y hombres a no tener que comer o cómo subsistir en este panorama de crisis sanitaria y respecto de los cuales han ido en ayuda organizaciones autoconvocadas de solidaridad del pueblo con el pueblo, como las ollas comunes.

-¿Qué opinión tienes de los sindicatos mineros desde una mirada de género... faltan más mujeres?

-Las barreras históricas de las cuales hemos sido víctimas las mujeres y que ponen al hombre como género dominante, también se proyectan al ámbito laboral-sindical, puesto que la organización sindical es de base machista. En palabras de la profesora Daniel Marzi, históricamente el sindicato ha sido un espacio proyectado hacia lo masculino. Esto se refleja, por ejemplo, en algo tan simple como lo es la hora en que se hacen las reuniones, lo que conlleva consigo la marginación de su participación de este tipo de organizaciones a consecuencia de la doble labor que por el solo hecho de ser mujeres nos toca cumplir. Ahora, las mujeres sí tienen participación en las organizaciones sindicales, el problema es que pocas llegan a tener un cargo dirigencial o cuando lo obtienen son nuevamente relegadas a funciones como secretaria de la organización sindical.


LA IMPORTANCIA DE LA LECTURA 

-Mi primer acercamiento a los libros fue en la biblioteca de María Elena junto a mi tata, a la cual asistía religiosamente y leí prácticamente todos los libros que tenía. Luego, ya en Antofagasta, hubo un libro que marcó un antes y después en mi visión política en cuanto al golpe de Estado y el horror de la dictadura cívico-militar: “Los zarpazos del Puma” de Patricia Verdugo, ya que es de público conocimiento que María Elena era una burbuja dominada por la extrema derecha a la cabeza de Julio Ponce Lerou (ex yerno del dictador Pinochet). En mi época más under me enamoré de la poesía y de los poetas malditos como Boudeliere, Rimbaud u otros escritores de esa línea como Bukowski o Hemingway. También autores chilenos como Rojas Jiménez, Pedro Antonio González, de Rokha, Roberto Bolaño, Pedro Lemebel, Hernán Rivera Letelier, Enrique Lihn, Gabriela Mistral, Mauricio Torres Paredes... tengo una lista larga. Ya en la Universidad y en los largos trayectos desde mi casa a la Universidad y de regreso tuve tiempo para leer y enamorarme de los rusos Tolstoi y Dostoievski con su capacidad narrativa de sentir el frío de San Petersburgo en pleno verano chango.

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