Reforestar cactus con atrapanieblas: una experiencia exitosa en Punta Gruesa

Cuidar una planta como a un bebé, brindándole los cuidados que requiere hasta transformarse en autovalente, es un trabajo arduo. Hay una persona, una mamá, en nuestra región, que ha asumido ese rol, enamorada desde siempre de la flora de Tarapacá. En una reciente charla, ofrecida a través de las redes sociales, nos contó del esfuerzo por mantener con vida a la “Eulychnia iquiquensis”, un cactus que está en peligro de extinción.
Ciencia y Medio Ambiente06/01/2021 Reinaldo Berríos
proyecto-cactus-raquel-pinto-jul-2007
Raquel Pinto señala que los atrapanieblas han sido un asistente clave en la etapa de “crianza” de las plantas.

Fotos: Raquel Pinto

Raquel Pinto sufre por partida doble: porque a casi nadie le interesa la flora del desierto de Tarapacá y porque a quienes les interesa, los motiva un afán nada de altruista: sacar las plantas y sus semillas para hacer negocio. En los últimos años ha estado tratando de que Bienes Nacionales declare “Bien Nacional Protegido” el “Ecosistema de niebla de Punta Gruesa”. Se trata, nos comenta, de un Ecosistema delicado y frágil, que presenta una alta diversidad de flora (58 especies registradas) muchas de ellas endémicas y en peligro en el norte de Chile. “A mí me encanta que la gente venga a ver, a ayudar, pero no a llevarse las plantas”. Durante nueve años ha estado trabajando en ese lugar en un proyecto de introducción de Eulychnia iquiquensis, con una réplica en Punta Patache, que no prosperó.

“Punta Gruesa tiene varias cosas muy interesantes -dice-, además de la experiencia de forestación de Eulychnia, existen tres hermosos campos dunarios de ca. 20.000 ap y más al interior, el grandioso tillandsial del Cerro Guanaco. Es un sector con una mina en explotación (la mina San Marcos) y, además, el paraíso de jeeperos y motoqueros. También el sector donde pasó el Dakar en el año 2011; justo por la mitad del ecosistema de niebla. Ese fue un año seco y para la mayoría de las personas allí no había nada; es difícil explicarle a la gente que sí hay plantas. Y que las semillas y los bulbos están esperando que llueva, como ocurrió el 2015 y que, al aparecer las plantas, quedó marcada la huella por donde bajó el Dakar”.

EULYCHNIA IQUIQUENSIS

El cambio climático, señala, ha hecho lo suyo. En el caso de Punta Gruesa quedaban sólo 64 ejemplares vivos de Eulychnia (censo del 2007), pero doce años después ya habían muerto tres de esos ejemplares (61 ejemplares el 2019). “Eulychnia iquiquensis fue descrita por Britton & Rose en 1914 de una colecta que había hecho Carlos Reiche en 1904 en los cerros de Iquique; por esta razón se llama iquiquensis. Ellos describen que en ambos pueblos (Iquique y Antofagasta) los cactus bajan por el acantilado hasta casi el mar”. 

proyecto-cactus-raquel-pinto-atrapanieblas
La respuesta de la vegetación a la instalación de los atrapanieblas, es un plus del proyecto. 

“En la actualidad las Eulychnias vivas están por sobre los 600 metros de altitud y principalmente, la mayor densidad está entre los 700 y los 1000 metros; o sea, la retrogresión de estos sistemas es abismante. Se describe, además, que era la única planta leñosa de la zona. O sea, hubo harta sobreexplotación para la madera como combustible en el pasado. Y lo que no mató el hombre, lo mató el cambio climático”.

Raquel Pinto, bióloga y naturalista, ha dedicado gran parte de su vida a estudiar la flora de Tarapacá. Pero no sólo a estudiarla, sino también ha contribuido a su protección y su regeneración. En el año 2010, señala, partió con un nuevo proyecto, esta vez con recursos de CONAF, del Fondo de Investigación del Bosque Nativo. Tenía varios objetivos, entre ellos formar un stock de plántulas, un stock de semillas y una experiencia piloto de forestación (con plantas que ya tenía cultivadas) de Eulychnia iquiquensis.

“En el proyecto CONAF se plantaron 60 plantas de 10 años de edad, con 12 centímetros de tamaño, con un sistema de provisión de agua por medio de mini atrapanieblas. Estos, además, estaban protegidos con jaula de malla harnero; con tapas para protegerlos de los pájaros y jaulas para los ratones. Numerados con estacas de fierro. Ocho años después, las plantas llegaron a los 70 centímetros. O sea, un resultado espectacular. Entonces queda claro que el uso de atrapanieblas ha demostrado que es una forma exitosa de restauración del ecosistema. Es de bajo costo, de fácil instalación, pero necesita mantención. Es un proyecto digno de replicarse masivamente”.

proyecto-cactus-raquel-pinto-mayo-2012
Un ejemplar de 6 cm, en el año 2012, cuando se plantaron.

Agrega: “Como tenía un stock de plántulas de 2-3 años, postulé a una segunda etapa del proyecto, el año 2013, para introducir esos ejemplares pequeños, para ver si esas plantas lograban estabilizarse en hábitat. Pero el proyecto fue declarado inadmisible. Sin embargo, gracias al Seremi de Agricultura de ese entonces, se hizo una gestión con Collahuasi, para continuar con esta experiencia, en un programa con seguimiento a seis años. A la fecha hay 330 ejemplares plantados”.

ATRAPANIEBLAS

Raquel Pinto sabe que está en una cruzada compleja: “me pregunto qué sentido tiene hacer lo que estoy haciendo, porque voy contra la corriente. Estoy contra el cambio climático. Pero una vez que el cactus está grande, el mismo se transforma en un atrapanieblas y en una vecina amistosa: siempre hay alguna planta, viviendo bajo ella. La regeneración natural -añade- es casi imposible, porque para que un cactus pueda sobrevivir por sí solo se necesitan unos cinco años con episodios de lluvias continuos, y después pueden resistir cinco años de sequía, pero lamentablemente las condiciones climáticas no están”.

Por esta razón la idea de trabajar con atrapanieblas ha sido una salvación; un asistente clave en la etapa de “crianza” de las plantas. “Cuando las plantas tengan un tamaño suficiente, cuando puedan por sí solas atrapar el agua, entonces se les retirará el atrapanieblas; cuando puedan humedecer el suelo a sus pies. A los diez años, aproximadamente, cuando lleguen a medir un metro probablemente podrán seguir solas su vida. La velocidad de crecimiento va aumentando, a medida que el cactus es más grande. A los chicos les cuesta partir”.

proyecto-cactus-raquel-pinto-instalando-atrapaniebla
Instalando los atrapanieblas, que han demostrado ser una forma exitosa de restauración del ecosistema.

La niebla, dice, se empieza a formar al mediodía, a los 700 metros de altitud; luego sube y baña los atrapanieblas. “Así se alimentan los cactus. Primero se fortalecen las espinas y recién a los dos años empiezan a crecer. Al instalar los atrapanieblas se ha producido una revitalización del ecosistema; ha aparecido una alfombra verde bajo cada uno de los atrapanieblas, muy bonito. Esta alfombra dura apenas, eso sí, cuatro meses (de agosto a noviembre), para después volver a seis meses de sequía. Así se mantienen los cactus; es como un sistema de auto riego natural”.

Un aspecto destacado del proyecto es la respuesta de la vegetación a la instalación de los atrapanieblas. “Al primer año aparecieron hierbas anuales como Polyachyrus, Tetragonia, Cristaria. Al año siguiente aparecieron las plantas perennes como Solanum brachyanterum, que duraron varios años. Y luego aparecieron las geófitas como Alstroemeria, Oxalis. Una secuencia interesante. Otras arbustivas rastreras continúan creciendo como Ephedra, Glandularia y Nolana intonsa, formando verdaderos cubre pisos”.

El proyecto permitió realizar un fortalecimiento de los ejemplares originales, instalándoles también atrapanieblas. “Se obtuvo una excelente respuesta: la planta no siguió creciendo en altura, pero sí en ramificaciones. Entonces, nos quedó claro, la medida de crecimiento en alto no es un buen indicador para plantas adultas ramificadas como Eulychnia; mejor marcar las ramas y seguir el crecimiento de las ramas marcadas. En las plantas juveniles sí funciona la medida de altura”.

proyecto-cactus-raquel-pinto-julio-2016
Los atrapanieblas en el mes de julio de 2016.

Ante la pregunta respecto de cuántos años viven, la científica señala que todavía es un misterio, “porque los proyectos no permiten seguimiento a largo plazo; un cactus puede crecer durante un tiempo y después con la sequía se comienza a achicar, por lo tanto, el tamaño del cactus no tiene nada que ver con la edad”.

Finalmente hace un llamado a los jóvenes para que se sumen a esta cruzada y que en 30 años más, en vez de ver un bosque de atrapanieblas, puedan ver un hermoso bosque de Eulychnia. Y nos pasa un dato: “Ya está en imprenta el libro “Flora Costera de Tarapacá”, para que ayude a difundir el conocimiento de los ecosistemas de niebla costeros y valorar la hermosura de nuestro territorio”.

proyecto-cactus-raquel-pinto-octubre-2020.-70cm-de-alto
Los atrapanieblas en el mes de octubre de 2020.

LA URGENCIA: PROTEGER LOS 
ECOSISTEMAS DE NIEBLA COSTERA 

 

El tráfico ilegal de cactáceas, tal como lo publicamos en un anterior artículo de Tarapacá Insitu (número 8), ha aumentado de manera exponencial en los últimos diez años. En todo el mundo hay quienes quieren tener un ejemplar en sus casas o en sus jardines, y están dispuestos a pagar miles de dólares. Mientras más raras y bellas, más pagan. Por eso es que se han encendido las alarmas, en especial en el norte de Chile, desde donde salen miles de ejemplares, dejando al desierto más solo que nunca. Los cactus, quien lo dijera, están amenazados por su belleza. En octubre pasado, agrega Raquel Pinto, la Brigada Investigadora de Delitos contra el Medio Ambiente de la PDI detectó tráfico de cactus a Europa y Asia, interceptando un cargamento de 4000 Copiapoas en Italia, agrega.

Te puede interesar
14 ramas queñoa

La queñoa: el árbol que toma las estrellas con sus ramas

Pablo Trincado
Ciencia y Medio Ambiente09/06/2026
Los hermanos gemelos Payachatas, volcán Pomerape y Parinacota, desafían a su padre, el gran estratovolcán Sajama, para disputar su poder en el altiplano. Para esto, convocan a los árboles de queñoas para organizar un ejército numeroso para rodear y vencer al viejo volcán. Sin embargo, el doctor Sajama es un nevado invencible y pendenciero, y después de lanzar grandes relámpagos, rayos, nevadas y aluviones durante una noche de verano, gana fácilmente en esta lucha. Los hermanos Payachatas son condenados a vivir encadenados uno junto a otro para siempre. Y las queñoas, son castigadas con una terrible maldición, y sangrarán eternamente en el frio de la alta cordillera andina. (relato del altiplano boliviano).
pexels ciencia

Universidad Arturo Prat se adjudica Etapa 2 del Fondo de Investigación Universitaria Territorial

Vicerrectoría de Investigación e Innovación
Ciencia y Medio Ambiente05/01/2026
El Fondo de Investigación para Universidades replantea la forma en que hasta ahora se ha realizado la inversión en ciencias y conocimiento en Chile, pasando de un sistema “proyecto a proyecto” a uno que reconoce a la investigación como una actividad permanente. En régimen, cuando estén todas las universidades adscritas, el Fondo va a significar una inversión de cerca de 80 mil millones de pesos al año.
Mesa de trabajo 1Marcela

La Ciencia Tiene Nombre de Mujer: Marcela Tapia, "Para estudiar migración, primero se deben estudiar las fronteras”

Ciencia y Medio Ambiente17/12/2025
Las fronteras y toda la movilidad humana en torno a éstas han sido por años el motivo de estudio de Marcela Tapia Ladino, doctora e investigadora, actualmente en la sede de Iquique de la Universidad de Tarapacá, UTA. Integró por varios años el Instituto de Estudios Internacionales, INTE, de la UNAP, como directora del Doctorado en Estudios Transfronterizos del mismo instituto, donde fue fuente de consultas en todo lo relacionado a la migración.
Mesa de trabajo 1Lia

La Ciencia Tiene Nombre de Mujer: Lía Ramírez, "Hacer Ciencia desde las regiones extremas”

Ciencia y Medio Ambiente08/12/2025
El desierto y la Antártica pueden parecer opuestos, pero para la científica iquiqueña, doctora en Ciencias Biológicas, mención en Microbiología, ambos territorios comparten una misma esencia: la resistencia. Desde los microorganismos que sobreviven a condiciones extremas hasta las mujeres que abren camino en espacios académicos, su historia combina investigación, arraigo y una mirada crítica sobre cómo se construye la ciencia desde contextos adversos.
Lo más visto
portadilla lanzamiento edición 81

Revista Tarapacá Insitu Edición 81

Ediciones Insitu09/08/2026
El “escáner” arqueológico de Tarapacá revela ocupaciones de hace 8.000 años. El proyecto del Departamento de Antropología de la U. de Chile completó su segunda temporada de terreno con hallazgos que reescriben la historia de Pisagua.
Bofedal 2

Aportan evidencia científica sobre los efectos del manejo ancestral aymara en los bofedales

Redacción Institucional
25/08/2026
La investigación de un especialista de la Universidad Arturo Prat (UNAP) demuestra, mediante imágenes satelitales que integran  el conocimiento hidrológico y ecológico local, que el manejo ancestral del agua realizado por las comunidades aymaras favorece la recuperación de los bofedales altoandinos. El hallazgo no solo respalda con evidencia una práctica transmitida por generaciones, sino que abre nuevas oportunidades para enfrentar la crisis hídrica y el cambio climático.