DISEÑO NATIVO: La increíble arquitectura Neo-Andina de Freddy Mamani Silvestre

Arquitectura y Patrimonio 20 de septiembre de 2021 Por David Rubio (*)
¿Pastiche esquizofrénico o revolución neo-andina? Los polémicos 'cholets' de Freddy Mamani han teñido de color buena parte de la ciudad de El Alto en Bolivia convirtiéndose en un fenómeno cultural en toda América Latina.
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En la ciudad de El Alto, a cuatro mil metros sobre el nivel del mar, destacan las creaciones de Freddy Mamani.

Fotos: Alfredo Ceballos para Plataformaarquitectura.cl

Si Gaudí levantara la cabeza y se tropezara con un edificio de Freddy Mamani se quitaría el sombrero. Le Corbusier, por su parte, volvería de cabeza a su tumba. Y es que la arquitectura del artista boliviano no deja indiferente a nadie. Desde que hace década y media comenzara a teñir de colores El Alto en el departamento de La Paz, la comunidad arquitectónica se divide entre los que le consideran un visionario renovador y los que tildan su obra de pastiche esquizofrénico.

En 1985, El Alto adquirió categoría oficial de ciudad. Había nacido como un barrio más de la capital de Bolivia, pero su imparable crecimiento llevó a declarar este suburbio como entidad urbana independiente formando parte del área metropolitana de La Paz. Actualmente está cerca de alcanzar la cifra de 900.000 habitantes siendo, además, la ciudad con más altitud del mundo: nada menos que 4.000 metros sobre el nivel de mar.

En Catavi, a unos 300 kilómetros de El Alto, nació en 1971 Freddy Mamani. Con apenas cinco años ya acompañaba a su padre albañil a la obra. Sin cumplir la mayoría de edad ya estaba subido al andamio. Pronto empezaría a imaginar las posibilidades de la arquitectura más allá de las casas de adobe y paja.

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El arquitecto Catalán, Antoni Gaudí, sin duda se reconocería en el imaginario de Freddy Mamani.

A partir de aquí su biografía mezcla realidad con leyenda. Se dice que sacó los títulos de ingeniero y arquitecto estudiando por las noches cuando volvía a casa de trabajar en la obra. También se afirma que no tiene ningún título y que ejerce gracias a su formación autodidacta. Sea como fuere, en 2005 comienza a trabajar en El Alto. Su inagotable imaginación y su falta de prejuicios creativos cambian para siempre el aspecto de una ciudad que Mamani ha puesto en el mapa arquitectónico mundial.

¿Y de dónde le viene la inspiración? La obra de Mamani entronca con la recuperación del pasado precolombino de los pueblos andinos. El artista boliviano mira mucho más allá de la aburrida reinterpretación de la arquitectura europea. Efectivamente, buena parte del continente americano está plagado de arquitectura colonial que combina diferentes estilos y épocas, pero siempre teniendo como base el estilo predominante en la metrópoli.

Pero en vez de reinterpretar por enésima vez la tradición arquitectónica grecolatina y poner un frontón y un par de columnas jónicas a un edificio, Mamani se inspira en los aymara, pueblo que habita la meseta del lago Titicaca desde tiempos inmemoriales. Y el motivo que define su obra es el aguayo, prenda típicamente andina que usan especialmente las mujeres como abrigo, adorno o mochila. Los colores cimbreantes de estos tejidos son llevados por Mamani al vidrio, al espejo y al policarbonato que forman el núcleo de los edificios del artista boliviano.

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La mayoría de los edificios de Freddy Mamani tienen la misma estructura en varios pisos: el primero para comercio, el segundo como gran sala de fiestas, el tercero para alquilar, y la zona superior para los propietarios.

Pero en arquitectura, más si cabe que en cualquier disciplina artística, de poco sirve tener una idea revolucionaria si no tienes quien te la compre. Ese problema se le ha resuelto —y bien resuelto— en los últimos años una vez que los nuevos ricos de El Alto han abrazado su estilo como el idóneo para su status. El precio de una construcción de Mamani se cifra entre 200.000 y 300.000 dólares, un precio que muy pocos bolivianos pueden pagar. Pero la clase social pujante en el país que se ha enriquecido en las últimas décadas necesita nuevos elementos que resalten su prestigio. La diferencia es que ahora ya nadie quiere parecerse a un europeo ni vivir en una casa de estética colonial. Los edificios de Mamani son los ideales para enfatizar esa vinculación con la cultura tradicional de los pueblos andinos.

La mayoría de los edificios de Freddy Mamani tienen la misma estructura en varios pisos: el primero para comercio, el segundo como gran sala de fiestas, el tercero para alquilar, y la zona superior para los propietarios. “Una vez acabado, todo debe servir para generar dinero. Así lo quieren los clientes”, suele decir Mamani. Popularmente ya se les conoce como cholets, un neologismo que combina los términos “chalet” y “cholo” tal y como se define despectivamente a los miembros de la etnia aymara.

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A primera vista los edificios de Freddy Mamani en El Alto podrían ser descritos como esculturas psicodélicas.

Tras década y media de trabajo, Freddy Mamani ya ha recogido sus frutos, no solo por convertirse en el arquitecto de cámara de la clase pudiente de El Alto, sino, sobre todo, porque parte de la comunidad arquitectónica mundial se ha interesado por su obra y su simbología. Libros, programas y documentales que están convirtiendo a Freddy en todo un archistar, aunque lo que él realmente busca en su nueva etapa es empezar a construir edificios públicos, como museos o auditorios.

Pese que algunos de sus edificios, sobre todo sus interiores, parecen diseñados tras un (mal) viaje psicotrópico, este barroco retrofuturista y psicodélico, pleno de desbordante imaginación ha supuesto una revolución en la arquitectura latinoamericana.

(*) Este artículo fue publicado originalmente en la página de viajes: tourse


ESCULTURAS SICODÉLICAS: EL ESTILO
DEL ARQUITECTO QUE TODOS COMENTAN

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Norma Barbacci (**)

A primera vista los edificios de Freddy Mamani en El Alto podrían ser descritos como esculturas psicodélicas o creaciones arquitectónicas quizás más apropiadas para Las Vegas que para el Altiplano. Sin embargo, una lectura un poco menos superficial nos lleva a entender los “cholets” (termino comúnmente usado para describir esta arquitectura que combina cholo y chalet), como una arquitectura que responde espectacularmente bien a las necesidades espaciales, económicas y estéticas de los clientes que los comisionan y sus usuarios.

Freddy Mamani, a mi parecer, es un artista cuyo medio es la arquitectura, quien, al responder a las necesidades de sus clientes en base a un profundo conocimiento e identificación con la cultura Aymara, ha creado un nuevo programa arquitectónico, con un lenguaje propio, y estéticamente congruente. En otras palabras, una nueva arquitectura Andina, la cual ya está siendo copiada por otros. Sus edificios responden a un programa arquitectónico específico que incluye producir un retorno a la inversión a través de la introducción de espacios alquilables para eventos, apartamentos y otras actividades comerciales y a la aspiración de sus clientes de poseer un “chalet” o casa suburbana en medio de la ciudad, coronando las mini torres urbanas como un colorido pent-house.

(**) Arquitecta de la Universidad Carnegie Mellon, Máster en Preservación Histórica en la Universidad de Columbia.

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