CHICORIA DE MAR: otro recurso para aportar a la AUTONOMÍA ALIMENTARIA de Tarapacá

Innovación y Desarrollo 20 de septiembre de 2022 Por Marcelo Subiabre
La acuicultura en pequeña escala podría ser una de las respuestas a la escasez de productos del mar en nuestras costas. Y podría venir en ayuda de las voces de alerta que auguran el colapso de las pesquerías en Chile para las próximas décadas. El caso de la “chicoria de mar” en la Caleta Río Seco es un buen ejemplo de lo que se puede hacer cuando hay voluntad de las partes.
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La chicoria de mar es un alga endémica de Chile y Perú, que se da a lo largo de la costa entre Piura y Chiloé.

Fotos: Gentileza Enzo Rojas 

Desde hace mucho tiempo venimos escuchando una queja sostenida por representantes de distintas instituciones, agrupaciones de pescadores y numerosos ecologistas sobre la depredación de los mares, especialmente sobre la (casi completa) erradicación de las algas marinas. En el caso de la “chicoria de mar”, conocida por su nombre científico de Chondracanthus Chamissoi, los datos duros señalan que debido a su intensa extracción se ha ido extinguiendo de una manera preocupante, pasando de exportar 20.000 toneladas el año 2000, a menos de 1000 toneladas el año 2007. 

La chicoria de mar es un alga roja endémica de Chile y Perú, que se da a lo largo de la costa entre Piura y Chiloé. Crece en el intermareal y submareal encontrándose habitualmente entre los 0 y 15 metros de profundidad, sobre sustrato duro, en sectores protegidos del oleaje y alcanza un tamaño máximo de 15 centímetros en verano. Conscientes del problema, los investigadores de la ONG Corporación Norte Grande han desarrollado su cultivo en la Caleta Río Seco, al sur de Iquique.

“Algunos de los beneficios de esta alga son su gran valor nutricional debido a su alto contenido de proteínas y de fibra, su bajo contenido de grasas, su aporte en calcio, magnesio y hierro”.

En Chile, el luche y el cochayuyo han sido tradicionalmente consumidos en forma directa por los seres humanos y algunas macroalgas han sido usadas como alimento para invertebrados en prácticas de acuicultura o se exportan como alimento a países asiáticos, como es el caso de la chicoria de mar. Algunos de los beneficios de esta alga son su gran valor nutricional debido a su alto contenido de proteínas y de fibra, su bajo contenido de grasas, su aporte en calcio, magnesio y hierro, que actúa como remediador de ecosistemas marinos, ya que ayuda a la descontaminación de las aguas y que de ella se puede obtener carragenina.

Sin embargo, la razón por la cual se cosecha la mayor cantidad de algas en Chile es para la extracción de “ficocoloides”. Estos corresponden a compuestos como gelatinas y espesantes que tienen un amplio uso en la industria alimenticia y farmacéutica, y también tienen diferentes tipos de aplicaciones biotecnológicas, entre muchos otros usos comerciales. A este grupo de algas pertenece el pelillo, la luga roja, la luga negra y la luga corta, la chicoria de mar, la chasca y algunas otras algas rojas, junto con algunas algas pardas, como los huiros.

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La chicoria de mar es un alga capaz de extraer CO2 del ambiente.

COMESTIBLE

Enzo Rojas, encargado de evaluación de recursos marinos costeros de la ONG, nos comenta que, además de ser comestible, “la chicoria de mar es un alga capaz de absorber CO2 del ambiente. Y, por lo tanto, este tipo de cultivo no sólo genera una autonomía alimentaria, sino que también mitigación en la contaminación de los mares. Nosotros iniciamos un trabajo de monitoreo ambiental el año 2018, donde medimos una serie de variables y encontramos zonas de hipoxia (baja cantidad de oxígeno en los mares). Entonces la alternativa del cultivo de chicoria de mar surgió considerando estas mediciones. Es decir, había que buscar un recurso que fuese más resistente a esas condiciones”.

Esto se enmarca en la línea de trabajo de la Corporación Norte Grande sobre el cambio climático: “Nosotros identificamos, dentro de la dinámica de la región, que hay una economía que tiene que ser revitalizada, que es aquella ligada a la pesquería artesanal. Y esta economía tiene distintos ribetes o pequeñas subdivisiones, que permiten generar elementos básicos de equidad, autonomía alimentaria, acceso remunerado al trabajo digno, entre otros. Desde los pescadores hacia sus familias y en el entorno de las caletas. Se genera una alternativa alimentaria, pero también se genera una mitigación”.

“Nosotros identificamos, dentro de la dinámica de la región, que hay una economía que tiene que ser revitalizada, que es aquella ligada a la pesquería artesanal”.

“El cultivo es una alternativa; el manual que nosotros pudimos generar demuestra que es un trabajo hecho por pescadores, primero que nada. La academia está presente, pero también está presente la innovación social. Cuando nosotros iniciamos el cultivo, lo generamos a través de un manual de cultivo que existía en la literatura, en otras regiones del país. Y nos dimos cuenta que, en realidad, ese manual es muy bueno, pero para condiciones locales había que adaptarlo. Y esa condición local, para acercarlo al territorio, era necesario tener el feedback de los pescadores”.

ESTUDIO INTA

Y gracias al feedback, se logró rediseñar este manual. “Entonces, la gracia es que el pescador se apropie del proyecto y ellos mismos puedan generar ese cultivo. Hoy día estamos trabajando con Innova Corfo un prototipo de alimento; ya enviamos las muestras para que fueran analizadas por el INTA de la Universidad de Chile, acerca del perfil nutricional; y nos encontramos gratamente sorprendidos con los contenidos nutricionales. Por ejemplo, la chicoria es parecida al contenido nutricional de un haba. Entonces, la información que estamos obteniendo es importantísima para poder generar una propuesta mucho más de fondo: tenemos autonomía alimentaria, la caleta es capaz de sostenerlo y, además, generamos una propuesta concreta de alimentación sana y saludable”.

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La razón por la que se cosecha la mayor cantidad de algas en Chile es para la extracción de los “ficocoloides”.

“Río Seco, a diferencia de otras caletas, es un laboratorio natural súper importante. Un laboratorio donde tú puedes experimentar, puedes trabajar. Tiene todas sus pertinencias legales al día; concesiones marítimas, se están acogiendo a la ley de caletas… entonces, todos esos elementos de trabajo, está permitiendo generar una propuesta distinta de adaptación de cambio climático, o la arista que uno le quiera dar, porque para nosotros puede ser la adaptación al cambio climático, pero también es una alternativa para que la nutrición en nuestra región pueda tener una variante distinta. Están todas las condiciones dadas para generar un producto que venga de la región de Tarapacá”.

Además, agrega el investigador, “en nuestro país está vigente la ley de acuicultura en pequeña escala, APE, que permite -justamente- poder generar la factibilidad para poder establecer este tipo de cultivos. Puede ser un área de manejo, puede ser un sector de libre acceso para la pesca artesanal, u otros sectores; puede ser hecho por un particular, por una persona natural también. Entonces, hoy en día las condiciones son bastante distintas; hace diez años no había ni siquiera energía eléctrica en las caletas. En esos años era mucho más difícil. Tenemos los fondos del Instituto Nacional de Desarrollo Sustentable de la Pesca Artesanal y de la Acuicultura de Pequeña Escala, INDESPA, también. Está todo dado para generar nuevas líneas de trabajo, de emprendimientos en esta área”.

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En estos cultivos está presente la academia, pero también la innovación social, señala Enzo Rojas.


Innova Corfo y Ministerio de

Medio Ambiente: piezas claves

“Este trabajo en la caleta Río Seco partió con los recursos provenientes de un proyecto Innova Corfo, que contempló un plan para generar este prototipo (estamos en ese proceso); esto conllevó a que el sindicato tomara un compromiso muy grande para trabajar en los distintos sectores, con embarcaciones del sindicato -debidamente acreditadas-, con el apoyo de los buzos también para trabajar en la instalación de los sistemas suspendidos”.

Para generar el manual de cultivo de chicoria de mar obtuvieron financiamiento de un Fondo de Protección Ambiental de la Seremi de Medio Ambiente para, a partir de la acuicultura, mostrar una arista distinta de conservación. “Hay un tema no menor en el caso de la chicoria de mar: es un recurso que, si bien está en todo Chile, por alguna razón es más escaso en Tarapacá. Entonces lo que estamos haciendo también es, como se trata de una especia endémica, hacerlo que esté más disponible”. 

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