Flujos de información visual, interacción social y PINTURAS RUPESTRES en el desierto de Atacama

Arquitectura y Patrimonio 23 de diciembre de 2022 Por Francisco Gallardo, Gloria Cabello...
El presente artículo explora la interacción social en la región atacameña a partir del estudio de sus pinturas rupestres. Mediante el estudio cuantitativo y cualitativo de las distribuciones pictóricas, tanto por las estructuras compositivas como por los íconos claves que aparecen simultáneamente en dos o más localidades rupestres, se determinan flujos diferenciales de información visual. Esta circulación de conocimiento y personas habría operado como expresión de relaciones sociales preferenciales entre las distintas comunidades del desierto de Atacama.
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El grabado antropomorfo con tocado dentado se observa claramente en los petroglifos de Ariquilda, camino a Guatacondo.

...Gonzalo Pimentel, Marcela Sepúlveda y Luis Cornejo (*)

“Yo no puedo ver algo sin copiarlo”, confesó una alfarera mexicana frente a la decoración de las cerámicas producidas por otros talleres artesanales de su comunidad, mientras visitaba una feria en San José de Michoacán. San José tiene un número importante de productores cerámicos y, aunque las decoraciones son distintivas de cada grupo de trabajo (e incluso entre alfareros individuales), ellos están abiertos a la adopción de clases de diseño y composición que introducen de manera particular en sus propias obras. 

Se trata de flujos de información visual y variabilidad estilística que también han sido registrados en el suroeste norteamericano y en el Amazonas peruano. Es un proceso de transmisión de conocimientos que depende directamente de la circulación de objetos y/o personas, desplazamientos que están determinados por redes de interacción social cuya amplitud y formas varían de acuerdo al modo e intensidad de las relaciones económicas y sociales existentes entre personas y comunidades a nivel intra e interregional.

Dadas las extremas condiciones ambientales del desierto de Atacama en el norte de Chile, con tasas bajas de precipitación y altas de insolación, los recursos que permiten el sostenimiento humano se distribuyen en parches discontinuos, circunscripciones ambientales alimentadas por ríos de origen cordillerano y aguas subterráneas.

El arte rupestre en esta área es especialmente abundante y se extiende desde la costa hasta los valles del interior. También presenta gran diversidad técnica y formal, sin embargo, las obras de mayor cobertura regional están realizadas mediante pintura.

Mientras en la costa desértica los asentamientos estuvieron asociados a aguadas, en el interior y por sobre los 2.000 m.s.n.m., las comunidades se emplazaron junto a los ríos y vegas regadas por aguas subterráneas. Excepción a este patrón ambiental es el río Loa, único curso de agua que drena al océano Pacífico, donde los ambientes de ribera disponibles fueron densamente ocupados. Estos ambientes favorecieron el establecimiento persistente de un variado número de comunidades que, de acuerdo a la arqueología y etnohistoria regional mantuvieron relaciones entre sí desde el Arcaico Medio (6.000 - 3.500 AC) hasta inicios del período Colonial (ca. 1.536 DC).

Los modelos de interacción social vigentes sugieren que los vínculos se hicieron efectivos mediante caravanas de llamas que articulaban y redistribuían recursos de distintos pisos ecológicos, mediante desplazamientos pedestres en el perfil costa-cordillera y el acceso directo a través del doble domicilio. Aunque las evidencias para la mayoría de estas modalidades de circulación de personas, bienes e ideas durante la prehistoria son indirectas, es concluyente la idea de que tales relaciones intercomunales fueron parte constitutiva de la vida social en el pasado, en especial si se considera la vasta red de caminos prehispánicos que articulan la región.

El arte rupestre en esta área es especialmente abundante y se extiende desde la costa hasta los valles del interior. También presenta gran diversidad técnica y formal, sin embargo, las obras de mayor cobertura regional están realizadas mediante pintura. Más aún, estas representaciones pintadas son los artefactos visuales inmuebles que exhiben el mayor número de atributos o decisiones técnicas a nivel productivo y de diseño. 

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A. Grabado antropomorfo con tocado dentado (Ariquilda, Región de Tarapacá); B. Imagen antropomorfa con apéndices en bolsa textil del cementerio formativo de Pisagua (Región de Tarapacá); C. Antropomorfo con apéndices (Alto Loa, Alto: 120 cm); D. Antropomorfo con apéndice (Alto Loa, Alto: 500 cm); E. Antropomorfo con apéndices e incisivos (Loa Medio, Alto: 29 cm); F. Antropomorfo con apéndices (Loa Medio, Alto: 46 cm). Las pinturas rupestres (C a F) son de color rojo.

Los motivos son especialmente importantes por su contenido iconográfico y por los arreglos compositivos que organizan dos o más de estas unidades gráficas, cuyas estructuras suelen ser escénicas o simétricas. Entenderemos por escena una representación cuyos motivos están ligados entre sí por relaciones de actividad (por ejemplo, la caza de un animal) y por simetría, los arreglos espaciales caracterizados por movimientos y las repeticiones de motivos –equivalentes en forma y tamaño– a partir de un punto o una línea.

En arqueología, una localidad corresponde a un territorio limitado cuya diversidad funcional de sitios es equivalente a una comunidad, por consiguiente, consideraremos como una localidad rupestre a aquel conjunto de sitios parietales contenidos por dicha unidad espacial. En la región atacameña, los estilos pictóricos de cada localidad tienden a ser variables y característicos, a diferencia de los grabados cuyos estilos –donde domina el agregado como recurso de disposición– tienden a aparecer simultáneamente en dos o más de estas unidades. 

Esto ocurre con los estilos Kalina (Arcaico Tardío) –con numerosos paneles en el Alto Loa y algunos en Puripica en las cercanías del oasis de San Pedro de Atacama–, Taira Tulan (Formativo Temprano) y Quebrada Seca (Tardío), cuya cobertura sobre las quebradas altas es de carácter regional. La tendencia pictórica general en cada localidad es la particularidad y persistencia en lo formal, pues mientras en cada período hay nuevas iconografías, las fórmulas de diseño se mantienen contribuyendo a una historia visual local.

El desierto de Atacama es probablemente una de las regiones más importantes en pinturas rupestres de Chile, obras cuyos estilos y distribución espacial son bien conocidas.

En el presente artículo partimos del supuesto de que, a mayor interacción entre localidades, mayor serán las semejanzas estructurales e iconográficas, asunto que la etnoarqueología sugiere ser el resultado de la circulación de personas, quienes, en nuestro caso de estudio, tuvieron acceso a un repertorio de imágenes y contenidos de artefactos inmuebles propios de localidades distintas a las suyas. 

Esta co-presencia rupestre opera instrumentalmente como un proxi de creencias compartidas respecto a la construcción de los paisajes visuales habitados por los sujetos en el pasado y que tiene un valor de integración social intercomunal. Sabemos que, durante la prehistoria, las comunidades del desierto de Atacama mantuvieron constantes relaciones expresadas por los flujos de bienes, sin embargo, seguiremos aquí las sugerencias del registro etnohistórico para el período Colonial Temprano, que indica la presencia de un dispositivo de relaciones preferenciales entre las diferentes comunidades de la región y otras de áreas vecinas. Por ejemplo, mientras las gentes del altiplano boliviano aparecen registradas en el Loa Medio (Calama y Chiuchiu) y sus afluentes (río San Pedro y río Salado), aquellos procedentes de Tarapacá (Pica y Guatacondo) solo aparecen en la primera ecozona. Se trata de una orientación de acceso social diferencial que también pudo afectar a quienes habitaban las diferentes localidades de la región atacameña.

(*) Extracto de artículo publicado en la revista Estudios Atacameños, Universidad Católica del Norte. Disponible en PDF.

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La quebrada de Guatacondo, donde se encuentran los petroglifos de Tamentica.


Las localidades rupestres 

de Alto Loa y Río Salado

El desierto de Atacama es probablemente una de las regiones más importantes en pinturas rupestres de Chile, obras cuyos estilos y distribución espacial son bien conocidas. El norte de esta región limita con el río Loa, que baja desde la Puna sobre los 4.000 m.s.n.m. hasta la costa desértica. En su hoya hidrográfica y curso principal se han registrado un conjunto de localidades caracterizadas por numerosos paneles de pinturas rupestres. 

En su sección superior, se reconocen dos localidades rupestres: el Alto Loa y el río Salado, su principal afluente cordillerano. La primera trátase de una profunda quebrada de amplia superficie apta para el pastoreo y la agricultura, y se caracteriza por grandes diseños zoomorfos y antropomorfos (entre 1 y 4 m de altura), realizados con pigmentos rojos sobre el farellón rocoso que son adscritos a los estilos Milla (Intermedio Tardío) y Monumental (Formativo Temprano/ Intermedio Tardío). En menor proporción, se hallan aleros con personajes ataviados con túnicas policromas, caravanas de llamas en negro y otras figuras en rojo relacionadas al estilo Santa Bárbara (Intermedio Tardío/Tardío).

En la localidad de Río Salado, las pinturas se encuentran en su mayoría en abrigos rocosos asociados a las quebradas y exhiben al menos tres estilos pictóricos dominantes. El más antiguo corresponde al estilo Confluencia (Formativo Temprano), con figuras confeccionadas en pigmentos rojos de pequeño tamaño (entre 15 y 20 cm), donde el número de humanos es doblado por camélidos silvestres cuyas formas retienen aspectos de la anatomía corporal, se muestran de perfil, en animación o con efectos de movimiento que suelen aparecer en conjuntos que forman escenas.


Composiciones rupestres y 

análisis estadístico comparativo

Para el estudio estadístico de comparación entre las localidades de Quebrada Amarga (Loa Inferior), Loa Medio, Alto Loa, Río Salado, salar de Atacama y El Médano, se consideraron las siguientes variables, cuyo valor relativo reside en que proporcionan distintividad estructural a cada una de las composiciones analizadas.

Motivos Simples. El número total de figuras animales y humanas incorporadas en las composiciones versus el número total de figuras animales y humanas no incorporadas en las composiciones. La relevancia de este valor es de primer orden, pues nos permite describir la importancia relativa de la actividad compositiva en cada localidad.

Composición. El número de las composiciones escénicas (Ec) y simétricas (Sm). Arreglos que aparecen durante el Formativo Temprano y Medio con efectos duraderos hasta la época incaica.

Animación. La presencia o ausencia de efectos gráficos de desplazamiento para las figuras en composición, respectivamente: animación y animación nula. Conjuntos de atributos de movimiento que son particulares al arte rupestre en las diferentes regiones del Área Centro Sur Andino.

Técnicas. Los tipos de técnicas de diseño consideradas en la construcción de las composiciones: Areales (las unidades son construidas por superficie) y Mixtas, que combinan soluciones areales y lineales (el contorno de la figura es indicado por una línea). Fórmulas que varían ampliamente en términos espaciales y temporales.

Color. Se trata de un material pigmentario cuya conservación diferencial muestra innumerables variaciones tonales, lo cual nos ha obligado a reducir el conjunto a monocromas y policromas (más de un color).

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