Gran parte de la Flora Costera de TARAPACÁ EN ESTADO CRÍTICO

Ciencia y Medio Ambiente 26 de abril de 2021 Por Reinaldo Berríos González
Nuevo libro revela que hay especies al borde de la extinción. Todavía hay quienes creen que en el desierto no hay nada. Un vistazo así, al pasar, a este libro que acaba de editar la botánica Raquel Pinto, es el mejor mentís para ellos. Casi 150 especies de flora costera de Tarapacá, descritas al detalle, dan cuenta de la rica biodiversidad que tenemos a unos cuantos metros de nuestra comodidad. Las fotografías, además, nos permiten vislumbrar que -con una buena política de conservación- podríamos enorgullecernos de algo único: las flores del desierto más árido del mundo.
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Cristaria. Hierba perenne, Alto Loa, Noviembre 2019 Todas las fotos están protegidas por derechos de los autores.

Fotos: Raquel Pinto, Arturo Kirberg.

Nos estamos quedando sin flora costera en Tarapacá. Así de grave. Tras la lectura del fascinante mundo descrito en el libro que acaba de editar la bióloga y botánica Raquel Pinto Bahamonde, no hay un asomo de duda. Muchas de las plantas que por años (quizá miles o millones de años) han estado presentes en nuestro territorio tienen los días contados, o lo que es peor aún, ya desaparecieron. Esto, ante la mirada indolente de todos (o casi todos) los habitantes de nuestra región.

El libro “FLORA COSTERA DE TARAPACÁ”, coescrito con el doctor en botánica de la Universidad de Florida, Nicolás García, describe una por una las casi 150 especies que habitan o habitaban nuestra zona costera, desde Punta Camarones por el norte hasta la desembocadura del río Loa por el sur. Muchas de las plantas descritas están “en peligro crítico de extinción” o, derechamente, extintas. Más de veinte años lleva Raquel Pinto recorriendo el territorio y uno podría decir, después de leer el libro y, sin exagerar, que cada una de las plantas que existen han sido observadas y fotografiadas por ella.

“Muchas de las plantas descritas están en peligro crítico de extinción o, derechamente, extintas”.

Nueve mapas y 672 hermosas fotografías permiten hacerse una idea cabal de lo que tenemos (o teníamos) en nuestra región. El libro muestra la diversidad de plantas vasculares presentes en la costa de Tarapacá, tanto en los ecosistemas de niebla, como en las desembocaduras de ríos, con un total de 147 especies. Se incluyen también las especies presentes en los ecosistemas de niebla de la región de Arica y Parinacota.

PROTEGER

Aunque en algunos casos puede parecer que estamos llegando tarde, ella insiste en la “necesidad de que estos sitios estén protegidos” y que es “urgente realizar acciones contra la pérdida de biodiversidad por el cambio climático y el saqueo por parte de comerciantes”. Una parte no menor de esta debacle ambiental es por culpa de los “traficantes de cactáceas”, que comercian las plantas en todo el mundo, partiendo de nuestro país. (Ver Tarapacá Insitu”, edición 8, “Cactáceas en peligro”).

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Perityle emoryi. Punta Gruesa 2019, bajo atrapaniebla.

Una forma de paliar e incluso revertir esta situación es “propagando esta flora para tenerla en áreas verdes de Iquique y Alto Hospicio, lo que otorgaría un carácter único a estas comunas”, en lugar de seguir utilizando especies introducidas. “Estas especies, las endémicas, además de ser especies adaptadas a esta zona con suelos salinos y estrés hídrico, podrían ser rescatadas de su eventual desaparición con un programa diseñado por el Gobierno Regional”. 

“Existe la necesidad imperiosa de destinar fondos regionales para desarrollar el conocimiento de la flora de Tarapacá y el estado de conservación de sus poblaciones, que permita elaborar un libro rojo, con datos actuales del estado de sus poblaciones”, señala la especialista. “Urge la creación de áreas protegidas y la implementación de medidas y acciones que reduzcan la pérdida de biodiversidad. La Estrategia para la Conservación de la Biodiversidad, desarrollada por CONAMA en nuestra región, en el 2008, consideró -inexplicablemente- a los ecosistemas de niebla costeros como sitios de segunda prioridad”, dice.

“Una forma de paliar e incluso revertir esta situación es propagando esta flora para tenerla en áreas verdes de Iquique y Alto Hospicio, lo que otorgaría un carácter único a estas comunas”.

TRABAJO MINUCIOSO

“A la fecha -señala Raquel- en los ecosistemas de niebla se han registrado 54 especies en Arica y 124 en Tarapacá, considerando varias que aún falta por identificar; algunas de ellas corresponden a nuevos registros para la zona y otras a especies nuevas para la ciencia”. La identificación de la gran mayoría de las especies se ha realizado, agrega, “en base a caracteres morfológicos. Frente a futuros análisis moleculares y estudios taxonómicos más detallados, algunas de estas especies van a estar sujetas a posibles modificaciones en su determinación”.

Para cada una de las especies se incluye el tipo de crecimiento, el patrón de distribución, la distribución geográfica, el estado de conservación y los sitios donde han sido registradas. “Esta información -indica-, la hemos obtenido de colectas y registros fotográficos a lo largo de más de 20 años de estudio en la zona. Se utilizó la base de datos de colectas que fueron realizadas durante el evento de El Niño de 1997, cuyo material fue depositado en el Herbario del Museo Nacional de Historia Natural de Santiago”.

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Olsynium scirpoideum, Patache, octubre 2015.

La costa de Tarapacá, señala, está catalogada “como un desierto absoluto, como una zona desprovista de vegetación” y muchas de las empresas que realizan sus proyectos en este territorio así lo señalan en sus informes de impacto ambiental. “Sin embargo, aquí se desarrollan verdaderas islas vegetadas separadas entre sí, por 20 a 80 kilómetros de desierto. La vegetación presenta tres ecosistemas diferentes, dos de ellos dependientes de la humedad de la neblina costera: ecosistemas de niebla, ricos en especies con una alta diversidad en el acantilado costero y los tillandsiales al interior. El otro ecosistema corresponde a las desembocaduras de Tiliviche y Río Loa”.

“Las plantas vasculares que se desarrollan en esta zona están adaptadas a estas condiciones de extrema aridez, donde la gran mayoría de las especies son de hojas suculentas con tallos, hojas y flores provistas de tricomas o pequeños pelitos que retienen el agua de la niebla en forma de gotas. Las semillas de estas plantas están dotadas de largos periodos de latencia, lo que permite que se forme un banco de semillas permanente, donde no todas las semillas germinan frente a cualquier pulso de lluvia”.

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Alstroemeria, Chipana, noviembre 2002.

Con este libro, señala la investigadora, “pretendemos incentivar el interés por el conocimiento y protección de estos remanentes de la biodiversidad de nuestra región y, por otro lado, sensibilizar sobre lo que estamos perdiendo ante nuestros ojos con el avanzado deterioro ambiental de los ecosistemas de niebla costeros del norte de Chile. Por último, queremos difundir el conocimiento de la nomenclatura botánica vigente y que, a través de las fotografías, permita una fácil identificación de las especies”. 

El libro, que fue posible gracias a un FONDART REGIONAL del Fondo Nacional Para el Desarrollo de las Culturas y las Artes, se puede adquirir tomando contacto con Raquel Pinto en Iquique [email protected], +569 8450 3948 o en Santiago con Manuela Kirberg [email protected], +569 6676 4036 o Nicolás García [email protected]

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Cistanthe. Hierba perenne, Chipana 2002.


ALTA RETROGRESIÓN DE 
ECOSISTEMAS COSTEROS

 

La situación actual de los ecosistemas de niebla del acantilado costero, señala Raquel Pinto, es muy precaria. “Quedan muy pocos ejemplares vivos de especies perennes geófitas, arbustivas y cactáceas, estando restringidas a los altos del acantilado rocoso, no existiendo regeneración de estas poblaciones en condiciones naturales. A pesar de que las semillas de algunas de estas especies logran germinar durante un evento lluvioso intenso, no llegan a formar plantas adultas, dado que los años subsiguientes son de extrema sequía. De Iquique al norte casi todos los ecosistemas están extintos”. Todos los ecosistemas de niebla costeros que se presentan en el libro y que aún mantienen vestigios de vida “deberían ser considerados En Peligro y estar bajo Áreas Protegidas”.

“Entre los factores ambientales que han incidido en esta pérdida de vegetación -agrega-, la principal amenaza ha sido la degradación producto del cambio climático, por la disminución de la capa de niebla, los prolongados períodos de sequía y la pérdida de suelo por eventos aluvionales. Entre los factores provocados por el hombre, está la extracción de leña en el pasado, como combustible en poblados costeros y probablemente también en la antigua minería, en la Mina Huantajaya en Hospicio y la Mina Paiquina en Chipana”.

“En la actualidad, la presencia de roedores ha producido la destrucción de poblaciones enteras del cactus Eriosyce y de bulbosas, por la falta del predador tope que controle sus poblaciones. Entre las intervenciones antrópicas y amenazas futuras está el gran número de concesiones mineras, prácticamente a todo lo largo de la región, junto al desarrollo de nuevas instalaciones de ductos, torres de alta tensión, telefonía, caminos, etc. De aquí la importancia de proteger estos ecosistemas para que el desarrollo económico, cuando diseñe sus trazados, considere no intervenir estos sitios”

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Argylia radiata. Hierba perenne, Puta Gruesa, 2019.

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