CACTÁCEAS EN PELIGRO: ARRASAN CON ESPECIES ÚNICAS EN EL MUNDO

Ciencia y Medio Ambiente 26 de mayo de 2019 Por Reinaldo Berríos
Son raras. Son bellas. Y son deseadas. Por eso es que han entrado en la categoría de “especies en peligro”. En todo el mundo hay quienes quieren tener un ejemplar en sus casas o en sus jardines, y están dispuestos a pagar miles de dólares. Mientras más raras y bellas, más pagan. Por eso es que se han encendido las alarmas, en especial en el norte de Chile, desde donde salen miles de ejemplares, dejando al desierto más solo que nunca. Los cactus, quien lo dijera, están amenazados por su belleza.
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- Fotografías de Raquel Pinto

Raquel Pinto lleva la mitad de su vida recorriendo el desierto de Tarapacá. Para conocerlo, admirarlo e intentar protegerlo. A veces siente que la batalla está perdida, que está sola contra el mundo, pero no desfallece. Con su menuda figura y su entusiasmo a toda prueba, sigue intentando que la gente que habita en la región -de capitán a paje- asuma el privilegio de vivir en una zona única en el mundo.

Primero se enamoró del mar, de los peces, los moluscos y las algas, para luego seguir con la flora nortina. Bióloga Marina de profesión, Raquel Pinto optó por la botánica, que es una rama de la biología, porque también se enamoró del desierto. Y, desde hace tres décadas, se dedica a investigar, propagar, plantar, admirar y difundir el conocimiento que ha adquirido de la flora del norte grande. 

“El tráfico de estas cactáceas partió poco después de Colón. El problema es que sigue sucediendo. Coleccionistas de Alemania, China, Bélgica, República  Checa, Rusia, Inglaterra y Polonia están arrasando con estas especies hasta, seguramente, extinguirlas”

Conversamos con ella, en esta ocasión, para hablar de un tema que está encendiendo todas las alarmas: el tráfico de cactáceas y el comercio ilegal, vía redes sociales, que podría dejarnos sin vida ni flora local. “Lo primero que se debe saber –nos dice- es que las cactáceas son originarias de América; las suculentas, de África. Dos grupos de plantas que el común de las personas los confunden. Las suculentas son todas esas plantas de hojas carnosas que acumulan agua, que les permite vivir en zonas desérticas. Se venden en ferias, viveros y se encuentran en muchos hogares. Estas se cultivan en todas partes del mundo y se están muriendo en África por sequía y sobre explotación”.

Por otro lado, agrega, las “cactáceas son exclusivamente americanas y tienen su centro de mayor biodiversidad en México, por un lado y, por otro, en esta parte del continente: Perú, Bolivia, Norte de Argentina y Chile. Son especies endémicas de la zona y desde siempre despertaron interés –o sea, desde que Colón hizo su primer viaje- se llevan a Europa. Tanto es así, que hay géneros, como la Opuntia, descritas como plantas cultivadas en el sur de Grecia, pero que originalmente fueron americanos”.

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La singularidad y rareza de los cactus de esta zona del planeta, los han convertido en el foco de atención de coleccionistas alrededor del mundo, entre otras cosas porque tienen un alto valor comercial  en Europa y Asia. Y cero valor en Chile. “El tráfico de estas cactáceas partió, entonces, poco después de Colón. El problema es que sigue sucediendo. En este minuto sigue ocurriendo y con la dimensión del hombre actual; principalmente de coleccionistas de Alemania, China, Bélgica, Republica Checa, Rusia, Inglaterra y Polonia; o sea, se está arrasando con estas especies hasta, seguramente, extinguirlas. Porque a nadie le importa nada respecto de este fenómeno”.

ALERTA ROJA

El portal de internet “Knight Center for Environmental Journalism” de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos, advirtió sobre la extracción y posterior comercialización de cactus de los géneros Copiapoa (endémico de Chile) y Eriosyce (nativo del cono sur de América). Hay algunos que están al borde de la extinción, como la Copiapoa laui y la Copiapoa kranziana. Son especies que se demoran 150 o 200 años en alcanzar una edad adulta y, como sobreviven en condiciones extremas, es muy fácil ocultarlas y pasarlas por la aduana. Recientemente se ha difundido que cientos de Thelocephalas estan siendo exportadas mensualmente desde Chile a China. “El millonario negocio del tráfico ilegal de cactus codiciados ha ido produciendo un efecto devastador en las poblaciones, llevando a estas especies -probablemente- a la extinción”. 

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Copiapoa cinerea. Foto: Daderot

“Lo curioso –agrega la bióloga- es que todo este grupo de plantas está incluida en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna, conocida por su sigla CITES; este acuerdo tiene por finalidad velar para que el comercio no constituya una amenaza para la supervivencia de las especies. Entonces, la pregunta es obvia: ¿De qué sirven las leyes? ¿Dónde están las aduanas? Cuando uno sale de Chile, nadie te pregunta que llevas; el SAG sólo pone barreras de entrada, pero no de salida. Están controlando lo que entra, pero no lo que sale. Y eso es lo que hay que cambiar; generar una ley que permita proteger nuestra flora y fauna tanto en las fronteras, aeropuertos y también fiscalizar el comercio al interior del país”.

Raquel, señala: “Un día, en un congreso científico, en Lima, el año 2015, me enteré de los miles de cactus que se exportaban desde el Perú al resto del mundo, autorizados por el SERFOR (Servicio Forestal de Perú). Les pedí el listado de estas exportaciones legales desde el 2010 y descubrí que algunos de ellos eran cactus nuestros: distintas variedades de Copiapoa, Eriosyce, Thelocephala entre otras, todas endémicas de Chile. Ellos expusieron que solo se exportaban plantas provenientes de cultivo, pero eso era absolutamente inverosímil, porque yo había visitado previamente el Vivero de donde provenían las plantas exportadas y las había fotografiado y eran cientos de plantas de hábitat, algunas de las cuales tenían más de 200 años. Obviamente habían llegado a Perú desde nuestro país”.

TIERRA DE NADIE

Un ejemplar de Copiapoa cinerea de 150 años, por ejemplo, puede llegar a varios miles de dólares en el mercado informal. Por esta razón es que se ha producido un boom de “exportadores”, que trabajan al margen de toda regulación. Un dato que estremece: “el 31% de las 1.480 especies de cactus están amenazadas de extinción”, según un estudio publicado en la revista Nature Plants, hace algún tiempo. Un artículo de BBC Mundo señala que esta cifra “las convierte en uno de los grupos taxonómicos en mayor peligro, incluso por encima de los mamíferos y las aves”.

En diciembre del año 2018, señala Raquel Pinto, “se formó un grupo liderado por CONAF Santiago, conformado por personas que están estudiando o interesados en la conservación de esta familia pertenecientes a diferentes Universidades e Instituciones, por cultivadores y dueños de viveros, para organizarnos y proponer acciones sobre los problemas que están afectando a nuestras cactáceas y generar conciencia de la depredación que están sufriendo. La idea es tratar el tema y ver qué podemos hacer. En principio se nos ocurre que podríamos generar algún tipo de documento que pueda de servir como base para una ley”.

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Raquel Pinto relata una experiencia personal, en torno del tema: “Hace algún tiempo describí una especie que vivía exclusivamente en el acantilado de Alto Patache. Se llamó Eriosyce caligophila (amante de la niebla). Ocurre que al dar a conocer una especie nueva, sobre todo de esta familia, se produce una invasión de los cultivadores de todo el mundo, que quieren la planta, porque es de interés comercial. Entonces, resulta que al describir una especie nueva, también contribuyes a la destrucción, porque estás dando las pistas y su lugar de ubicación. Entonces ¿qué se puede hacer, sin fiscalización alguna en nuestro país? La extracción por el hombre y la depredación por roedores llevará a esta especie en menos de 5 años a la extinción si no se toman acciones AHORA y su pérdida será irreversible”

-¿Y tú, estás sola contra el mundo, en este tema? ¿Te sientes así?

-Sola, sola, sola. Absolutamente sola. Años que predico en el desierto y nadie demuestra interés. A pesar de que en noviembre del 2017 la Ilustre Municipalidad de Iquique me reconoció como ciudadano destacado, justamente por estar llevando a cabo una experiencia pionera de forestación de cactus desde el año 2011 en Tarapacá.

Todos hemos visto la extracción masiva de cactus que se ha producido en nuestra región, principalmente en la zona altoandina, con un supuesto fin ornamental, que se traduce en una real mortandad de cactus.


Forestación de cactáceas: Camino largo y sinuoso

Hace algunos años, esta mujer -que no se deja abatir fácilmente-, realizó un programa de forestación de Eulychnia  iquiquensis ("copao"), en el acantilado costero de Punta Gruesa. Y Echinopsis atacamensis ("pasakana"), en el poblado de Chijo, en la frontera con Bolivia. Esto, gracias a un proyecto de Estrategia de Recuperación de Poblaciones de las tres grandes cactáceas columnares de Tarapacá, que se hizo con recursos del Fondo de Investigación del Bosque Nativo de CONAF, del año 2010.

Este proyecto fue muy exitoso, porque se cumplieron a cabalidad los objetivos planteados: “Primero, formar un stock de semillas, formar un stock de plántulas sembradas a partir de semillas y una experiencia piloto de forestación de plantas de diez años, que yo tenía cultivadas de antes. El informe de ese proyecto arrojó que la experiencia de forestación fue tremendamente exitosa”.

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Pero aquí la desidia y el desinterés de las autoridades, también le jugó una mala pasada, porque el proyecto que daba continuidad con la experiencia de forestación y que recogía los exitosos resultados del original, no fue aprobado por “inadmisibilidad”. “Imagínate: estás trabajando con especies nativas, especies longevas, con un proyecto previo que fue financiado… y resulta que es inadmisible. ¿Quién entiende? Era la misma CONAF la que tenía que autorizarlo. Chile está lleno de esqueletos de invernadero, está lleno de esqueletos de atrapanieblas, porque se acaba el proyecto y se acabó todo. A nadie le interesa saber qué pasa después; se rinden los informes y listo. Un desperdicio de recursos del Estado impresionante”.

“Después de eso, me quedé con cientos de miles de plántulas y afortunadamente Minera Collahuasi accedió a apoyar este proyecto para la introducción de estas plantas en hábitat. Y además con un monitoreo por seis años”. Esta parte de la historia, que parecía concluida con un final feliz, no fue así. La CONADI instaló un estanque de hormigón armado justo en el lugar donde se realizaba la reforestación, en el cerro de Chijo, y provocó un desastre con este proyecto. Esto refleja el nulo valor que tienen las cactáceas en nuestra región. Ahora Raquel se encuentra trasladando estos ejemplares a otro sector más alto, no intervenido y espera que, con ayuda de la comunidad, se pueda declarar el sitio de interés o área protegida, para salvar a las plantas. En eso está.

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