¿QUIÉNES VIAJABAN?: Investigando la muerte de viajeros prehispánicos en el desierto de Atacama

Arquitectura y Patrimonio 13 de enero de 2023 Por C. Torres-Rouff, G. Pimentel y M. Ugarte (*)
Históricamente, los estudios de movilidad en los Andes se han centrado en el modelo caravanero, según el cual fueron grupos de hombres de tierras altas, con sus recuas de llamas, los agentes encargados del tráfico interregional. Se presenta aquí el análisis de una serie de contextos mortuorios excavados a lo largo de senderos prehispánicos que conectaron la desembocadura del río Loa con los oasis de Tarapacá (Guatacondo y Pica) y con el área atacameña (Quillagua y Calama), que nos entregan una perspectiva individualizada sobre quienes realizaban estos exigentes viajes.
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El sector de Calate se ubica en la actual frontera entre la Región de Antofagasta y Tarapacá, donde el río Loa confluye con la Quebrada Amarga y se produce el desvío final de su cauce hacia el poniente.

Durante décadas, la movilidad de grupos humanos prehispánicos ha sido parte central de las investigaciones arqueológicas en el área andina, enfocadas principalmente desde la perspectiva de la complementariedad de pisos ecológicos. Para el mundo andino en general y específicamente para el desierto de Atacama, hay temas no resueltos y escasamente comprendidos sobre los agentes dedicados a realizar los largos viajes. ¿Quiénes eran los encargados de realizar los viajes transdesérticos?, ¿era una actividad que recaía solo en determinadas sociedades, eran grupos especializados de una sociedad o era una actividad generalizada a todos los agentes y sociedades?

La arqueología, la etnohistoria y la etnografía andina han respondido, en parte, a estas cuestiones, prevaleciendo interdisciplinariamente la idea de que fueron las poblaciones de tierras altas (pastoriles y agropastoriles) las encargadas de conectar los distintos pisos ecológicos y con ello de promover las relaciones de intercambio. Esto se formalizó como el modelo caravanero, que concibe un movimiento dirigido desde tierras altas hacia ambas vertientes de la cordillera de los Andes, vale decir, tanto hacia la costa Pacífica como hacia las yungas orientales.

Al ser poblaciones que contaban con el único animal domesticado en los Andes destinado al transporte de cargas (Llama), se le ha otorgado una mayor visibilidad histórica a su rol en la circulación y el intercambio, con un bajo nivel de reconocimiento de la movilidad de otras poblaciones como las costeras y selváticas. Nuestro objetivo en este artículo es contribuir al debate, centrándonos en la pregunta de quiénes realizaban los viajes largos en el pasado. Para esto, documentamos aquí los contextos de individuos enterrados a lo largo de un conjunto de vías prehispánicas que conectaban la costa con el interior en el norte de Chile.

En el tramo vial que va desde la confluencia de Quebrada Amarga con el Loa hasta Caleta Huelén, se identificaron 28 sitios arqueológicos que dan cuenta de la movilidad entre la costa y el interior desde el Arcaico Medio hasta los períodos tardíos.

La arqueología surandina ha demostrado que los viajes caravaneros ya estaban plenamente consolidados a lo menos hace 3500 años. Desde el inicio del período Formativo existen evidencias claras de que los viajes caravaneros fueron efectivamente una estrategia altamente consolidada.

Recientemente se ha podido ampliar el modelo para el desierto de Atacama, determinándose que, junto con una modalidad caravanera, funcionó sincrónicamente otra estrategia que tuvo objetivos, intereses y alcances diferenciados. Es lo que se sintetizó como una modalidad costera promovida por poblaciones procedentes del litoral Pacífico y que accedían hasta el interior (Depresión Intermedia y oasis de valles bajos) con el objetivo principal de aprovisionarse directamente de determinados recursos (líticos y vegetales), bajo una estrategia logística y con un alcance espacial restringido.

Las evidencias de los senderos, campamentos de descanso y del entierro circunstancial de un viajero costero masculino del formativo en la Depresión Intermedia, fueron consistentes en precisar que las poblaciones costeras tuvieron también su propio sistema de movilidad multidireccional, lo que además sugería que eran igualmente los hombres los encargados exclusivos de realizar estos viajes desde la costa hacia el interior.

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Detalle de unos de los entierros durante la excavación, donde se observa la fosa en que fue depositado el individuo y algunos de los elementos que componían su ajuar.

EL CASO CALATE

El sector de Calate se ubica en la actual frontera entre la Región de Antofagasta y Tarapacá, donde el río Loa confluye con la Quebrada Amarga y se produce el desvío final de su cauce hacia el poniente. Corresponde a una planicie desértica con sectores de arenales, carcanales y de limo suelto, cruzada por serranías bajas y cerros islas, siendo los cerros de Calate los más altos de toda el área (1.170 m.s.n.m.).

En términos de las conexiones viales, en este sector se entrecruzan distintos senderos prehispánicos que conectaban tanto el área atacameña, vía Quillagua, como también el área tarapaqueña con Caleta Huelén en la costa (desembocadura del río Loa). Esta posición geográfica vial privilegiada de Calate, donde confluyeron viajeros procedentes a lo menos de la costa, Tarapacá y Atacama, constituyó el motivo principal para analizar sistemáticamente el sector y con ello abordar las diferencias temporales y culturales de los viajeros prehispánicos en el desierto de Atacama.

En el tramo vial que va desde la confluencia de Quebrada Amarga con el Loa hasta Caleta Huelén, identificamos 28 sitios arqueológicos que dan cuenta de la movilidad entre la costa y el interior desde el Arcaico Medio hasta los períodos tardíos. Se reconocieron sitios monofuncionales, algunos de ellos exclusivamente habitacionales, geoglifos y grabados, posibles tumbas, estructuras ceremoniales y de señalización. Los otros casos corresponden a sitios multifuncionales, que compartieron diferencialmente en una misma locación actividades habitacionales con estructuras ceremoniales, o bien con representaciones rupestres y/o con tumbas. Es dentro de este último grupo que se encuentra el conjunto de contextos mortuorios que aquí analizamos.

Logramos identificar una nueva forma de movilidad para las poblaciones costeras sur andinas; ésta involucraba un movimiento residencial, posiblemente de carácter estacional, de poblaciones del litoral hacia el interior.

Las perspectivas bioarqueológicas y osteobiográficas nos brindan una oportunidad de lograr un acercamiento privilegiado a nivel del individuo o el agente mismo que fallece en el ejercicio del viaje. Para el análisis bioarqueológico de los restos óseos, nos centramos en cuatro elementos específicos: características demográficas, modificación del cráneo, patologías y contexto del entierro. La recopilación de datos para los restos óseos se basó en protocolos estándar. El sexo fue determinado principalmente sobre la base de las características dimórficas del cráneo y pelvis y la asignación etaria fue otorgada en base a la morfología de la sínfisis pubiana y el grado de fusión de las suturas craneanas, dando preferencia a la primera cuando presente. Para los niños, la edad se determinó en base al desarrollo dental, fusión de las epífisis y medición de los huesos largos. Es necesario precisar que la variabilidad tanto en el estado de conservación de los individuos como en las regiones anatómicas presentes en cada entierro no permitió en algunos casos la recolección de todos los datos. 

CONCLUSIONES

Los contextos mortuorios recuperados a lo largo de las rutas que se encuentran entre la confluencia de Quebrada Amarga y la desembocadura del río Loa nos ilustran un panorama más diverso que aquel descrito para la movilidad post-arcaica. Los restos de estos individuos sirven como un lente a través del cual mirar estos viajes por el desierto absoluto. Empleando un enfoque osteobiográfico, podemos utilizar las historias de sus vidas para abordar las preguntas que hemos planteado anteriormente: ¿quiénes eran los que realizaban los largos viajes transdesérticos?, ¿era una actividad que recaía solo en determinadas sociedades, eran grupos especializados o era una actividad generalizada a todos los agentes y sociedades?

Logramos aquí, por primera vez, identificar una nueva forma de movilidad para las poblaciones costeras sur andinas; ésta involucraba un movimiento residencial, posiblemente de carácter estacional, de poblaciones del litoral hacia el interior, en este caso desde caleta Huelén. De acuerdo a los contextos mortuorios de Cerro Mono, es posible retrotraer con toda seguridad este tipo de modalidad hasta aproximadamente el 1400 AC, a finales del período Arcaico Tardío e inicios del Formativo Temprano.

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Detalle de un contexto mortuorio durante la excavación; junto al esqueleto del niño se observan algunas de las ofrendas que lo acompañaban, incluyendo restos de pescado.

Mientras los datos confirman una vez más la clásica imagen de caravanas llevadas principalmente por hombres, se expande a su vez el conocimiento sobre la movilidad transversal costera, implicando a todos los integrantes de las unidades familiares. Sugerimos aquí que, dada la identificación de niños y mujeres en estos elaborados contextos mortuorios emplazados en áreas de tránsito, es posible vislumbrar una movilidad residencial sostenida por las poblaciones del litoral.

De esta manera, junto con una movilidad propiamente caravanera característica de los oasis del interior, se constata que las poblaciones costeras tuvieron sus propios procedimientos y objetivos diferenciados. Sin duda, resulta necesario seguir profundizando el estudio de estas prácticas con nuevos análisis y sistematizaciones, pero desde ya podemos afirmar que la movilidad entre el interior y la costa no estuvo restringida a viajeros caravaneros de tierras altas como los encargados exclusivos del tráfico, y que las poblaciones costeras de Atacama no poseían una movilidad longitudinal delimitada a lo largo del litoral solamente, ni tampoco restringida a una movilidad logística costa-interior, sino que involucraron una evidente mayor variabilidad de estrategias y múltiples sistemas de movilidad multidireccional, aspectos que recién comenzamos a develar.

(*) Artículo in extenso en la Revista Estudios Atacameños, edición 43. Proyecto FONDECYT 1090762.

Investigando la muerte viajeros rutas carnavaleras

El modelo caravanero concibe un movimiento dirigido desde tierras altas hacia ambas vertientes de la cordillera de los Andes.


Contextos mortuorios DE CALATE:

asociados a recintos habitacionales

Un primer punto a resaltar es que los nueve entierros recuperados en el sector de Calate estaban asociados con recintos habitacionales y/o estructuras ceremoniales a nivel de sitio, aunque con una tendencia a la sectorización del espacio mortuorio que, en siete casos, estaba diferenciado de las otras estructuras y alejado del eje de tránsito. Solo dos tumbas se dispusieron directamente sobre áreas habitacionales y en cercanía a los senderos, una de las cuales incluso reocupó el interior de una estructura previamente usada como campamento de descanso.

Otro aspecto significativo es el tipo de construcción mortuoria, distinguiéndose dos extremos formales y una situación intermedia. En primer lugar, identificamos dos casos de estructuras aéreas con entierros visibles, en que los cuerpos fueron dispuestos sobre la superficie y luego cubiertos con una estructura simple de piedras, dejando parte del cuerpo expuesto; ambos casos corresponden a entierros secundarios, por lo que su expeditividad constructiva parece relacionarse justamente con la remoción y/o traslado post-mortem que acusan.

Esta modalidad se vincula con entierros del período Formativo Tardío y el período Medio. Una situación intermedia se observó en dos tumbas, correspondientes a entierros superficiales, pero donde se invirtió una mayor energía que generó una estructura semi monticular (de plantas lineal y oval) de baja altura, aunque lo suficientemente cubierta para no mostrar restos mortuorios expuestos en superficie. Esta práctica fue fechada tanto en el período Formativo Temprano como en el período Intermedio Tardío, lo que la vincularía más con situaciones particulares que tuvieron que resolver los viajeros, que con prácticas de temporalidad específica.

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